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  • Lanzamiento: Abril 2013
  • Visitas en web: 1474
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Autor/a

Angeles Ibirika

Información de la novela

  • Autor/a: Ángeles Ibirika
  • Título: Días de lluvia
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Booket
  • Época: Actual
  • Principales: Kaiet y Maddi
  • Secundarios: Iker y Gabino

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Sobre el autor/a

Resulta difícil hablar de uno mismo. Te conoces tanto que crees que nada de cuanto haces puede resultar interesante, así que probablemente termines citando las cosas más simples y dejando de lado las más curiosas.

Soy una mujer normal con una vida normal. Me gusta la vida tranquila, el campo, los animales. Prefiero las mañanas a las noches, una buena y larga conversación a una fiesta, un verano tranquilo disfrutando en una hamaca a la sombra de un árbol al viaje más fantástico. Ya pasé por mis años de viajera en los que, en compañía de mi marido, conocí una gran parte de este precioso y peculiar mundo. Ahora solo quiero relax y disfrutar de las personas a las que quiero.

Siempre me ha apasionado leer, y también inventar historias. Aunque mis primeros escritos fueron poesías en las que plasmé mi alma de adolescente rebelde. Después pasaron a ser dulces poesías de amor hacia el que hoy es mi marido. Por supuesto se las regalaba, aunque no todas.

Son muchísimas las cosas que me gusta hacer. Cada vez que veo algo que me agrada, pienso que si otros pueden hacerlo, yo también. Así que siempre lo intento, y lo consigo. No busco la perfección, tan solo disfrutar y verlo elaborado por mis manos. He hecho fotografías que he presentado a concursos, he pintado cuadros, he construido enormes maquetas para scalectrix o para juegos como Warhammer, con sus casas y castillos incluidos. He confeccionado muñecas, he construido casas grandes de muñecas de dos pisos con escaleras y ático. He probado con la cerámica...

Bueno, la lista es demasiado larga, porque creo que he hecho de todo. Desde que publico mis novelas he parado un poco, porque escribir se lleva todo mi tiempo libre. Aunque siempre saco algún rato para hornear pasteles o elaborar cualquier cosa rica que contenga millones de calorías (risas).

Ambientación y contexto

La historia se desarrolla en algunos de los lugares más hermosos del País Vasco, en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.

Bermeo. Un típico pueblo pesquero. Para mí, su mayor encanto está en el Puerto Viejo, con sus casas de pescadores con reminiscencias medievales, y en las estrechas calles del casco antiguo.

Mundaka. Un precioso pueblo marinero junto a la desembocadura de la ría de Mundaka. En sus aguas se celebra una de las pruebas de surf más importantes del mundo. ¡Quién no ha oído hablar de la famosa ola izquierda de Mundaka! Maddi la ha surfeado muchas veces. Y, en la pequeña playa de Laidatxu, frente a los extensos arenales de Laida, ella y Kaiet van a vivir grandes momentos.

San Juan de Gaztelugatxe. Es un peñón medio desgajado de la tierra, perdido en mitad del Cantábrico, sobre el que se encuentra una pequeña ermita dedicada a San Juan. Un rústico y estrecho puente de piedra, con dos ojos, lo une a la costa. Resulta impresionante el sinuoso ascenso entre paredes rocosas. Después de 231 escalones llegas arriba sin aliento, aunque más por la belleza que te rodea que por el esfuerzo físico de ascender. Entonces tiras de una cuerda para que suene tres veces la campana de la ermita, y pides un deseo mientras el aire con olor a sal te acaricia el rostro.

El bosque pintado de Oma. Allí, el pintor escultor, Agustín Ibarrola, pintó de colores los troncos de los pinos, de tal manera, que las figuras solo se hacen visibles cuando alineas frente a tus ojos los árboles de una determinada forma. También lo llaman El bosque animado.

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El puerto de Bermeo Mundaka
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San Juan de Gaztelugatxe El bosque pintado de Oma

Sus personajes principales

 
Kaiet
 
 
Maddi
 
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Él: Raoul Bova Ella: Debra Messing

Todavía no me conocéis, pero espero que lo hagáis pronto. Soy Kaiet Aguirre, y, aunque Ángeles me ha pedido que os hable de mí, voy a hacerlo de la fantástica mujer que me roba el sueño. Maddi.
Es extremadamente hermosa, aunque reconozco que he tardado muchos años en darme cuenta de eso. Ella siempre fue la hermana pequeña de mi mejor amigo, la que se empeñaba en jugar con nosotros desde que era una renacuaja a la que le costaba seguirnos. Ella era simplemente Maddi, la hermana de Julen, la que se enfadaba cuando jugábamos a estirar sus mechones rizados para ver cómo volvían a encogerse después. Tiene el pelo del color del fuego, y tuve que marcharme, y regresar, para darme cuenta de que ese fuego lo lleva también dentro. El tiempo la ha convertido en la mujer más valiente que conozco; la más decidida, la que podría conseguir cualquier cosa que se propusiera. La que me hace reír, la que me lleva a replantearme mis ideas más firmes...
La quiero en mi vida; la necesito en mi vida.
Pero en mi vida no hay espacio para ella.
Lo que queremos y lo que podemos obtener, a veces no son la misma cosa.

Veo que Kaiet acaba de hablaros de mí. Soy Maddi, la que solo tiene ojos para él desde donde me alcanza la memoria. Siempre me pareció el más guapo de los amigos de mi hermano, el más guapo de todos los chicos que conocía. Y, según fueron pasando los años, aquella atracción que me tenía siempre pegada a él se convirtió en algo más fuerte. Algo que culminó en una noche maravillosa que no olvidaré nunca. La primera y la última noche que estuve con él. Después desapareció, y yo intenté olvidarlo.
Pero ha vuelto. Después de 17 años de absoluto silencio, ha vuelto. Triste, cansado, hundido; con algunas atrevidas canas asomando por sus sienes, tan vulnerable que solo deseo abrazarlo y salvarlo de lo que lo destroza. Y, en cuanto he abrigado ese sentimiento, todos los esfuerzos que he hecho por olvidarlo se han esfumado de golpe. No puedo mirarme en sus preciosos ojos grises sin sentir amor, sin desear estar con él, aunque solo sea por una noche; otra noche más que atesoraría entre mis recuerdos.
Porque sé que él terminará yéndose, y entonces yo me quedaré llorando de nuevo su ausencia.

Secundarios a destacar

diasdelluvia sec1¡Hola! Soy Iker. Ya soy mayor porque tengo siete años, aunque mi aita, que se llama Kaiet, a veces me trata como a un pequeñajo. Antes vivíamos en Madrid, con mi madre. Ahora estamos en la casa de mi aitite, aunque pronto nos iremos.

Aitite es como abuelo. Yo tengo un abuelo en Madrid y un aitite en Bermeo. Al aitite no le conocía. Mi aita no me contó que era divertido y que sabía muchas historias de brujas, de piratas, de balleneros... ¿A que no sabías que hace muuuchos años los pescadores de Bermo eran balleneros? Yo tampoco lo sabía, pero mi aitite me lo ha contado. Se llama Gabino, y se apellida Aguirre, como yo.

Mi aita no habla con mi aitite. Están enfadados, y no sé por qué. Los mayores son muy raros. Aunque el novio de mi tía Amara es mayor y no es raro. Es divertido y nunca se enfada con nadie. Creo que todas las personas mayores tendrían que ser como mi tía Amara y como su novio. ¡O también como mi aitite, que sabe un montón de historias!

En Bermeo hay muchas cosas que me gustan, y a mi perro también. Se llama Pintxo, y le gusta correr por la arena de la playa, ¡como en Madrid no tenemos playa, y él siempre corre detrás de la pelota que le lanzamos aita o yo...!
Creo que él no quiere volver a Madrid... Creo que no.

Anécdotas que contar

Cada novela tiene sus anécdotas. Todas las tienen, algunas que se pueden contar y otras que deben permanecer en la intimidad (risas).

Una de las anécdotas, o simples curiosidades, que tienen que ver con este libro, está relacionada con el título. En contra de lo que suele ocurrirme normalmente, que incluso tengo los títulos antes de escribir las historias, me costó dar con este. Buscaba algo que tuviera que ver con el mar, con las olas de espuma. Pero terminé la novela y seguía sin tener nada que me convenciera del todo.

Por suerte apareció durante la corrección, en una escena que no estaba ni escrita ni pensada. Y fue el propio Kaiet quien me lo dio. Días de lluvia; algo muy significativo e importante para él.

Alicientes para su lectura

diasdelluvia sec2Nadie mejor que yo para contaros por qué debéis conocer esta historia. Soy Gabino Aguirre, el padre de Kaiet. El que más sufre debido a su terquedad y su orgullo, pero también el que sabe, mejor que nadie, que tras esa fachada se esconde un hombre que ama con pasión a los suyos; también a mí.

«Días de lluvia» es un libro hecho para ti, que te gustan las historias que te mecen mientras las lees, que te envuelven y te emocionan y que, al pasar la última página y cerrar el libro, te llevan a suspirar y a sonreír a un tiempo. Porque esta es la historia, dulce y pausada, de las segundas oportunidades que todos necesitamos tener en la vida. Porque somos humanos, y muchas veces no hacemos las cosas bien.

Por eso mi hijo Kaiet merece otra oportunidad. Y también Maddi. Y todos, todos los que vivimos esta historia, y también quienes la leéis, merecemos nuevas oportunidades para ser felices. Muchas veces, encontrarla es más sencillo de lo que podemos llegar a creer.

Un pequeño aperitivo

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(...)
Pero las cosas no podían evitarse eternamente. Hacía demasiado tiempo que no se fijaba en una mujer por el simple placer de contemplarla. Que no reparaba en sus curvas, en su trasero o en la atractiva y estimulante forma de sus labios. Había sido un marido fiel, pero con ojos para admirar a una mujer hermosa o percibir la sensualidad de un sutil contoneo de caderas. Y lo malo de mirar ahora, en su situación, era que hacía brotar con toda su crudeza una necesidad hasta entonces adormecida, pero de todos modos insatisfecha.
Lo supo aquella mañana, mientras Maddi se desnudaba junto a la furgoneta para ponerse el neopreno.
—Los días empiezan a ser más fríos —comentó ella, resoplando—. Creo que la próxima vez traeré el buzo de invierno, que es más grueso y abrigado que éste.
Kaiet no pudo evitar la carcajada, y tampoco el volverse hacia ella.
—¿Que comienza a hacer frío, dices? —exclamó tratando de no mirar por debajo de su barbilla—. Lleva tiempo haciendo frío. Creo que tanto meterte en esa agua helada te ha estropeado el termostato —bromeó mientras sus ojos cedían a la tentación de rebasar la línea que sólo él se había marcado.
El tiempo pareció suspenderse mientras la observaba, y lo que duró tan sólo un par de segundos a él le pareció una eternidad que le permitió bajar despacio, deteniéndose brevemente en sus pequeños pechos, medio cubiertos por un sencillo sujetador de algodón blanco, y hasta pararse en su ombligo para tomar aire antes de continuar hacia las redondeadas caderas, abrazadas por la estrecha goma blanca de las braguitas. Incluso le dio tiempo a pensar que, seguramente, había elegido la ropa interior más apropiada para cubrirla con el neopreno, donde era posible que encajes y transparencias no resultaran cómodos.
Y, cuando se dio cuenta de que ella no le había respondido, alzó los ojos y se encontró con los suyos, que parecían sonreír desde el fondo de las pupilas. Tragó con dificultad a la vez que pensaba que nunca le habían parecido tan hermosos y sensuales.
—La temperatura es algo muy subjetivo. —La sonrisa de los ojos se le contagió a los labios—. Estoy segura de que, en este preciso momento, los grados que tú tienes, los que tengo yo y los que realmente hace, no son ni remotamente los mismos.
Kaiet volvió a reír, esta vez como puro acto de defensa mientras trataba de tragar sin conseguirlo. La boca se le había quedado seca.
Porque el mismo tiempo que llevaba sin fijarse en una mujer, llevaba también sin estar con ninguna. Y, aunque pensaba que en su alma y en su corazón jamás habría espacio para nadie que no fuera su amada Raquel, su cuerpo comenzaba a echar en falta algo más físico.

Y, el booktráiler...

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