Booket
Esencia
banner elrefugioperfecto
  • Lanzamiento: Octubre 2013
  • Visitas en web: 1366
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Adriana Hartwig

Información de la novela

  • Autor/a: Adriana Hartwig
  • Título: El refugio perfecto
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Vestales
  • Época: Siglo XIX
  • Principales: Gabriel y Emilia
  • Secundarios: María, Arturo e Ignacio

Compárteme

Sobre el autor/a

Bueno, soy profesora y licenciada en Historia. Eso me da mucha libertad para ambientar una novela. Sólo tengo que elegir el lugar y el tiempo, porque todo lo que es histórico ya lo sé. Obviamente no lo sé todo, y a veces tengo que hacer una pequeña investigación, pero es así, pequeña, y no me lleva mucho tiempo. Tengo una completa fascinación por el siglo XIX. Las mujeres eran más femeninas, los hombres se regían por el honor, no se dejaban doblegar fácilmente…Eso me atrae del siglo XIX, y es lo que trato reflejar en mis novelas.  De hecho, paso gran parte de mi tiempo allí. Escribir, meterme de lleno en una narración ambientada en el siglo XIX es lo más cercano a una máquina del tiempo. Juro que me voy, me voy…y me cuesta regresar a mi siglo.

Soy la típica escritora que no se entera de nada por tener la cabeza enterrada en un libro o bien, llena de las voces de una nueva historia. Cuando escribo, soy una completa ermitaña. Mi familia y amigos tienen que sacarme a la rastra de mi casita, para que tome un poco de aire. Por suerte mis novelas en cuatro o seis meses están terminadas, y puedo volver a socializar sin que mis conocidos se resientan en demasía.

También soy abogada. Esta carrera la comencé y terminé pensando en abrir mi mente a nuevos conocimientos, de manera de ofrecer a mis alumnos varios puntos de vista sobre un mismo tema, de forma más completa. Sí, durante la semana, por las mañanas, trabajo como profesora de Historia. Estos conocimientos me hacen un poco cínica a veces. Nada como ser abogada para arruinarle el romanticismo a cualquiera…

Pero como escritora, soy una romántica incurable, de las que lloran con las telenovelas, las novelas y las películas. Me considero una persona interesante. Siempre tengo algo para contar. Y soy graciosa. Hago reír a la gente con mi forma de contar las cosas. Que le pregunten a cualquiera que haya acudido a uno de mis talleres o mesas. Se mueren de risa. Creo firmemente en que aun las cosas más tristes se pueden convertir en anécdotas divertidas, según cómo lo cuentas, y así deja de ser tan terrible, tan tremenda la experiencia.

En mi tiempo libre dibujo y hago historietas. A veces toco el piano y torturo a toda mi familia con «Para Elisa» (la única que aprendí) durante horas, hasta que se me pasa el bloqueo y vuelvo a la computadora y al siglo XIX.

Ambientación y contexto

La historia de «El Refugio Perfecto» se desarrolla en un pequeño pueblito de Corrientes, a unas millas de la ciudad capital, cerca del río Paraná. Un pueblito como cualquier otro, allá por 1828, con una iglesia, una plaza, algunos pocos negocios y un bosque de lapachos cercando la zona. En sus afueras, están las estancias, lejos unas de otras, separadas por largas extensiones de tierras de color carmín, verde esmeralda y oro. Es un lugar mágico, donde todos los personajes en mayor o menor medida  creen en duendes y hadas, algo que aun no ha desaparecido del todo del interior de Corrientes.

La historia de Corrientes es muy rica. Es una de las ciudades más antiguas del país, y por lo tanto, es fascinante su pasado. La novela se ambienta en 1828 por ser una etapa de serenidad en nuestra historia. El gobernador por entonces era Pedro Ferré; un hombre honesto y confiable, y no habían mayores problemas políticos ni económicos en la provincia. Quise cambiar un poco los aires de revueltas que respiré en mi primera novela, «Curuzú Gil», donde tuve que enfrentarme a los Colorados, los Celestes, la guerra contra el Paraguay, la muerte del protagonista…todo muy fuerte, muy violento, y esta novela, la segunda, se ambienta en una época de transición, básicamente tranquila, donde puedo relajarme y disfrutar del paisaje sin sustos ni lágrimas.

«El Refugio Perfecto» para el constructor de castillos de naipes, no es una novela con pretensiones históricas. Tiene una ambientación histórica, sí, donde los personajes son parte de ese tiempo y esta tierra, pero más allá de unos pocos comentarios, la Historia como tal, está en el fondo, muy al fondo. Es el romance el verdadero protagonista. Las vivencias de un hombre solitario, de una mujer vulnerable, de tres niños que necesitan estabilidad, de una casa que debe convertirse en un hogar, todo fluye a través de sus páginas sin problemas que distraigan la atención del lector de lo principal: el reconocimiento del amor, del afecto… Me enorgullece decir que «El Refugio Perfecto» ha sido comparada con las novelas de Jane Austin, por el tranquilo estilo que la caracteriza, tan diferente a mi primera novela, «Curuzú Gil». Es sorprendente la manera en que estoy evolucionando como escritora, y eso resulta evidente para quien ya ha leído «Curuzú Gil», y quien lee ahora «El Refugio Perfecto».

Sus personajes principales

 
Gabriel Hawthorne
 
 
Emilia Balmaceda
 
elrefugioperfecto el elrefugioperfecto ella
Él: José Ron Ella: Adamari López

Gabriel Hawthorne toma asiento, estira las piernas, las cruza a la altura de los tobillos y enciende un cigarro. El humo azulado flota a su alrededor, en la penumbra, dándole un aspecto casi siniestro y, sin embargo, no hay maldad en su mirada tormentosa. Simplemente vacio y soledad.

«Estoy acostumbrado a los Bajos Fondos», dice con suavidad, y su voz es como seda sobre acero. «He hecho cosas que no me enorgullecen, pero que tampoco cambiaría. Me consideran un hombre peligroso. Tal vez lo soy. Nací como un caballero. Tengo los rancios modales de la nobleza inglesa en mis costumbres, los recuerdos de una infancia en Londres, de una vida de privilegios que, sin embargo, jamás fue suficiente para mí. Creí que necesitaba la emoción del juego. Vivo de los naipes. Nunca pierdo nada que no esté dispuesto a perder. Me gusta ganar, pero sé cuando es suficiente. No quiero en mi conciencia la ruina de un pobre imbécil. Me han acusado de desplumar a cada pobre diablo que se sienta en una mesa frente a mí, en la pestilente penumbra de un garito de mala muerte, y lo he hecho. Pero nunca me he aprovechado de la ineptitud de los demás».

Desvía la mirada. Sus ojos azules, casi violetas, estudian el lugar. Parece pensativo.

«He traficado con armas. No me enorgullece, pero las armas no matan, son los hombres quienes lo hacen, y muchos los hacen por los mejores ideales. Se las vendía a los federales, con la ayuda de un par de amigos porteños. Aprendí a utilizar el facón en este trabajo. Uno nunca sabe de dónde puede llegar la traición. Dicen que mi vida no tiene rumbo, y tal vez es así. Vivo en el vacío de una existencia sin esperanzas. Quiero un cambio, un hogar, una familia, pero no sé cómo conseguirlo. A veces siento que la niebla que conocí en Londres, me ha seguido hasta Buenos Aires. Es una niebla que se traga toda esperanza, todo el calor, es la soledad misma… Necesito un poco de luz en el infierno en que vivo».

♥♥♥♥♥

Emilia Balmaceda se detiene junto a un enorme cesto repleto de ropas sucias. Viste con sencillez, como una campesina. Tiene las uñas rotas, el cabello despeinado, la expresión cansada y sin embargo, la dulzura de su expresión parece iluminar toda la estancia.

«Tengo una hermanita pequeña y dos hermanos varones. Es difícil mantener un hogar sola. Mis padres murieron y mis hermanitos sólo cuentan conmigo para sostener un techo sobre nuestras cabezas. He tenido que enfrentar el desprecio de mis vecinos, sus insultos, la desconfianza de quienes más deberían haberme respetado…, y sólo porque no puedo quedarme entre las ruinas de mi casa y esperar a la desgracia. Tengo que trabajar, traer comida a la mesa, y si debo hacerlo fregando pisos ajenos y lavando ropa de otros, lo haré. No hay vergüenza en ello. No me daré por vencida. Seguiré levantando la frente, porque no tengo nada de qué avergonzarme. La pobreza no es algo que deba avergonzar a nadie, y el trabajo honesto tampoco, sí la envidia y la crueldad».

Sonríe. Su piel más oscura que la crema, sus ojos bonitos, todo en ella parece destilar afecto. Se ruboriza.

«Eh, sí, quiero creer que algún día encontraré a alguien a quien amar. Alguien que no se asuste de las responsabilidades, que ame a mis hermanos tanto como yo, que tenga la fuerza de luchar junto a mí por una vida mejor, y que no se arredre ante los obstáculos de la vida diaria».

Secundarios a destacar

Creo que los tres personajes más importantes de «El Refugio Perfecto» son los hermanos de Emilia: María, Arturo e Ignacio.

María es una niña todavía. Dulce, tierna y adorable. Es muy inteligente y desde que Gabriel entra a su vida, se convierte en su aliada. Es la primera en reconocer su valía como hombre, y se empeña en que debería casarse con su hermana mayor. Este personaje, creo, se roba la novela con su dulzura y además, tiene una muñeca horrible que siempre lleva consigo, cuando no tiene una gallina bajo el brazo. Si prestas atención, verás que a través de esa muñeca, se puede saber mucho sobre sus miedos y deseos.

«Creo que lo más importante es el amor», dice mientras acaricia una enorme y gorda gallina colorada. «Las cosas se pierden, cambian, las personas se van, otras llegan, pero el amor no cambia. Y no importa si tienes dinero, cosas bonitas, o una casa grande y llena de lujos, o si eres muy pobre y no tienes nada. Si alguien te ama de verdad, nada más importa».

Arturo es el diacono de la familia. Centrado, serio, intelectual. Siempre cuida de sus hermanas. A veces María lo vuelve loco, pero la adora. Emilia es como una madre para él.

«Tengo que cuidar de mi familia», dice, mientras se mantiene a unos pasos de distancia de su hermanita, con un libro entre sus manos. «Si hace falta dinero, incluso puedo vender mis libros. Será difícil…pero a veces un hombre tiene que hacer sacrificios por su familia».

Ignacio tiene muy mal carácter. Un temperamento dominante y a veces, agresivo. Trabaja muy duro para traer monedas a la casa y mantener un techo sobre la cabeza de sus hermanos. Tiene las manos fuertes y callosas, la piel oscura de tanto trabajar en la intemperie. Será un hombre fuerte y de músculos definidos, pero ahora, sufre porque todavía no es adulto.

«Si alguien amenaza a mi familia, lo tumbaré a golpes. Tengo un cuchillo, y no dudaré en cortarle las pelotas a cualquiera que se atreva a propasarse con mis hermanas», dice, casi escupiendo las palabras.

Es muy protector con su familia, especialmente con Emilia, porque siendo ya mayor, sabe qué quieren los hombres de ella, y a qué se debe enfrentar.

«Sería bueno tener a alguien en casa que se encargue de proteger a Emilia. Porque yo no…no puedo hacerlo todo», dice en voz baja, disgustado por tener que admitir semejante cosa.

Anécdotas que contar

Amo a Gabriel. Durante todo el proceso de creación, lo adoré. Es un jugador, parece un tiro al aire, pero es el hombre más confiable que he conocido. No teme mimar a una mujer en público y es…el hombre perfecto. Torturé a todos mis amigos durante meses, enumerando las virtudes de este hombre que parece tan inconveniente.

No tuve problemas con él ni con Emilia, simplemente están enamorados…y supieron qué hacer desde el primer momento en que se vieron.

Pero María es otro cantar. María se robó la novela, como dije, me encanto, es una nena que se hizo sola, se desarrolló, creció y se convirtió en un personaje entrañable, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Yo quería obligarla a hacer o decir algo, y ella no quería, hacía de las suyas. Me bloqueaba, en serio, sufría de bloqueo de escritor, si escribía una escena con la que ella no estaba de acuerdo. Porque ella tenía ideas muy claras sobre cómo lograr que Gabriel se enamorara de su hermana, y no quería que yo interfiriera. Al final, la dejé hacer.  Siempre es mágico cuando los personajes toman el control de una novela y hacen lo que quieren. Porque te das cuenta que tu labor como escritora es algo así como ser un médium para las voces de tu cabeza… ¡Gracias a Dios que las voces no me arrastran al suicidio ni me obligan a matar gatitos!

Debo confesar que María se parece a mí en algunos aspectos. Es parte de mi propia infancia. Ella a veces dice cosas que revelan un poco de mí misma, de mi vida, de mi forma de pensar…y quiere a las gallinas tanto como yo. Cuando era chica yo vivía en una casa enorme, con un patio de media manzana de grande. Mi familia tenía un gallinero allí, de unos veinte metros. Desde que aprendí a caminar, trepaba la verja como un monito y entraba al gallinero llevando conmigo todos mis juguetes. Como hija única, consideraba a los pollos como adorables compañeros de juegos. Pasaba horas en ese gallinero, hablando con los pollos, buscando lombrices con ellos, escarbando en la arena con mi palita… hasta que alguien venía a sacarme de allí y arruinaba la diversión. Desde que empecé a hacer de las gallinas mis confidentes, ningún pollo fue considerado comida en mi casa, y todos morían de viejos. Aun sigue siendo así. Ya no tengo un gallinero ni vivo en aquella casa, pero tengo una hermosa gallina negra llamada Pipi de mascota, una malcriada de verdad, a la que le encanta el helado y la mermelada de arándanos, y le gusta dormir la siesta en el sofá del living.

Alicientes para su lectura

Si te gusta el romance, deberías leer «El Refugio Perfecto». Es romántico, romántico, con una historia sencilla, donde encuentras personajes entrañables: una mujer que creyó que nunca podría enamorarse, un hombre en busca de un refugio, de un amor, niños que te robarán el corazón…

Es un libro que deberías leer en una tarde de lluvia, con una taza de chocolate caliente, dispuesta a pasar un buen momento…o en la cola del banco o del colectivo, porque te aseguro que empezarás a leerlo y te olvidarás de todo, las horas te parecerán minutos y no podrás soltarlo hasta el final.

No sufrirás con este libro, sólo te enamorarás. Nada de lágrimas, de dolor, de odios, lo prometo. En este refugio sólo respirarás amor, afecto, ternura. Después de leerlo, querrás enamorarte.

Si quieres pasar una tarde en el siglo XIX, con un caballero que no sabe que lo es, con una mujer que decide amar sin tapujos, con unos niños que amarás, «El Refugio Perfecto» es un libro maravilloso para ti. 

Un pequeño aperitivo

Gabriel dejo la botella sobre la mesa con brusquedad: la interrumpió con aquél gesto de violencia mal contenida.
—Emilia, te lo advierto: en este momento no me siento capaz de contenerme.
Márchate, por favor. Márchate y déjame solo.
—Tu familia estaba muy preocupada con esa idea absurda de batirte a duelo con ese hombre, pero logré convencerlos de que jamás acudirías al encuentro de Adalberto Pereyra. Les aseguré que se trata sólo de un triste malentendido y que, en cuanto regresaras a casa, te lo explicaría todo.
—¿Te creyeron? —masculló. Tocó suavemente una carta, pensativo—. ¿Creyeron esa tontería de tus labios?
—Puedo ser muy convincente cuando quiero.
—Debes ser una magnífica mentirosa entonces, porque aunque pudieras engañar a mi padre, Richard no acostumbra ser tan crédulo.
—Tu hermano creyó en mí.
—Te admiro. —murmuró—. Recuérdame no jugar a los naipes contigo, querida.
—Te aseguro que todos se fueron a dormir anoche seguros de que esa tontería de un duelo se solucionaría con bien.
Gabriel guardó los naipes en su bolsillo.
—Emilia, déjame solo.
—¿Está muerto? —pregunto Emilia con suavidad.
—¿Quién?
—¡Gabriel!
El suspiró.
—No, no lo está. Lamentablemente para todos, huyó como un cobarde en la noche, dejando a su esposa sola para enfrentar la vergüenza.
La muchacha sintió tanto alivio al escuchar aquello que por un momento, no supo qué más decir. El se puso de pie, todavía sin mirarla.
—Es en serio. Necesito estar solo ahora.
La joven dio un paso hacia él. De pronto, supo exactamente qué decir:
—¡Eso ha sido lo más estúpido que has hecho desde tu llegada! —declaró fríamente. En su voz se mezclaban el alivio y el enojo que hasta entonces había logrado mantener bajo control—. Lo que ese hombre dijera de mi no me importaba en lo absoluto...
—Te lastimó. Sus mentiras te lastimaron.
—¡Lo que cualquiera pudiera pensar de mí, me importa muy poco, Gabriel! Pensar que pudiste haber muerto por defenderme, Gabriel... —dijo en un sollozo—. Esperaba que entraras en razón, que...No sé qué esperaba, yo... Pero no dijiste nada y yo tampoco pude...
—No sucedió nada, Emilia.
—Estaba tan asustada...—su voz se apago detrás del borde de su delantal—. Luego, en la noche, temiendo que fueras al encuentro de Pereyra, esperé despierta hasta muy tarde.
—¿Lo hiciste?
—Quería detenerte antes que te fueras.
—Te quedaste dormida. —sonrió.
Ella pateó el piso, frustrada.
—¡No te atrevas a reírte de mí!
—No me río de ti. —musitó Gabriel.
—¿Acaso te parece gracioso...? No puedes imaginar cómo me sentí cuando desperté esta mañana y descubrí que ya te habías marchado
—¿Qué sentiste, mi amor? —La miró a los ojos—. Mi amor, Mi vida. Mi mujer. ¿Qué sentiste?
—¿Por qué lo hiciste? —quiso saber ella, impermeable a la dulzura con la que él le había hablado.
—No deseo hablar de esto contigo esta noche.
—¿Por qué decidiste arriesgar tu vida por algo que ya no importa?
—A mí sí me importa que ese bastardo haya intentado propasarse contigo, Emilia —graznó Gabriel, furioso—. Me importa que la gente piense que eres una pérdida y me importa que te lastimen. Me importa tu felicidad.
—Puedo defenderme sola.
—No lo dudo, pero que me cuelguen si permito que alguien hiera tus sentimientos sin hacer nada por evitarlo. —La mesa volvió a crujir cuando él dejó caer el puño con fuerza contra ella una vez más—. Condenada mujer, yo haría cualquier cosa por ti.
—¿Incluso morir?
—¡Sí, así es! —Gabriel la miró a los ojos—. Moriría por ti.

Comments (0)

Leave a comment

Please login to leave a comment.