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Esencia
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  • Lanzamiento: Junio 2013
  • Visitas en web: 940
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Noelia Amarillo

Información de la novela

  • Autor/a: Noelia Amarillo
  • Título: El sacrificio del Verdugo
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Terciopelo
  • Época: Edad Media
  • Principales: Aisling y Kier
  • Secundarios: Fiàin, Iolar y Gard

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Sobre el autor/a

Mi nombre es Noelia Amarillo, trabajo de cristalera en mi empresa (si os hacen falta cristales, ¡avisadme!), me ocupo de mi casa (poco, no me gustan las tareas del hogar), juego con mis hijas y mi marido (y me dan verdaderas palizas al monopoly), salgo con mis amigas (al parque, al rastro, a la cafetería de la esquina), leo todo lo que cae en mis manos (incluso las etiquetas del champú si no encuentro otra cosa) y, cuando tengo un ratito libre, escribo.

Escribo porque mis personajes me cuentan sus historias y la única manera de sacármelas de la cabeza es trasladarlas al papel... Me encanta evadirme en sus mundos, soñar sus vidas, disfrutar de sus alegrías y llorar cuando las cosas no les van bien... aunque lo cierto es que soy un poco bruja y soy yo quien maneja sus historias y les hago sufrir (nunca demasiado), no sé, quizá estoy un poco loca, pero... ¡Y lo que disfruto estándolo!

Ambientación y contexto

«El Sacrificio del Verdugo» es una novela de fantasía romántica con tintes eróticos (muchos tintes eróticos XD). En una librería muy conocida la han catalogado como «Hot Fantasy» y creo que le va que ni pintado.

La mayor parte de la historia ocurre en un bosque de robles, el Bosque del Verdugo, un lugar donde habitan extrañas criaturas hermanadas con la naturaleza. Un lugar prohibido en el que nadie puede adentrarse, bajo pena de muerte por edicto Real. Un paraje mágico en el que la única ley verdadera es la que dictan las habitantes de los robles…

La novela se desarrolla en varios enclaves, aunque el principal es el Bosque del Verdugo, un lugar salvaje, ignoto, protegido por distintas especies de árboles que van trazando círculos concéntricos hasta llegar al mismo centro del bosque, en donde, rodeada por centenarios robles, vive Aisling. Por otro lado está Sacrificio del Verdugo, la capital del reino, y en la loma que domina la ciudad, está el castillo, el lugar en el que viven el Rey, Iolar, y el Capitán de la Guardia, Gard. También nos encontraremos con aldeas, como la Olla del Verdugo, curioso nombre, ¿verdad?, tiene su explicación, que como soy una bruja piruja no voy a desvelar (risas). Y, hay valles, páramos, condados, ducados... cada uno con su nombre y su historia (que tampoco voy a desvelar), aunque sí os digo que los nombres de cada enclave están íntimamente relacionados con la Leyenda del Verdugo.

¿De dónde saqué el Reino del Verdugo? Me lo inventé. Por completo.

¿Por qué hice esto? Porque quería crear mis propias reglas, mi propia historia para mi propio mundo. No me apetecía limitar mi imaginación a la orografía, la demografía, la política o la historia que todos conocemos... y de todas maneras, tampoco hubiera sido posible utilizar un entorno real, ya que desde el principio la novela me reveló su propio Reino... Así que me armé de paciencia, busqué información sobre las leyes orográficas para ver si podía situar las montañas, ríos, valles y paramos como yo quería (alguno lo tuve que mover), y una vez tuve el mapa del reino, pasé a los edificios...

Como está ambientado en una época similar a la Edad Media, busqué información como, por ejemplo, las dimensiones de las aldeas y ciudades en aquella época, la distancia entre estas, cuánto tardaba un caballo, una persona y un carro en recorrer X kilómetros, etc. (mis personajes van de un sitio a otro andando o a caballo, necesitaba saber si el tiempo que iban a emplear era el correcto, o si debía «acercar» un poco las distancias), y ya de ahí pasé a las construcciones, más exactamente a los castillos... me hice un plano del Castillo del Verdugo usando de base el Castillo de Loarre, y a continuación pasé al entorno social y busqué de qué disponían las personas en la baja Edad Media, que materiales usaban para crear ropa, platos, cabañas, etc.

No voy a aburriros más con la documentación, baste decir que hay mucha, aunque no se note a simple vista. Creo que todos esos conocimientos que adquirí le dan veracidad a la historia, aunque esta sea inventada :D

Sus personajes principales

 
Aisling
 
 
Kier
 
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Ella: Claire Foy Él: Colin Farrel

Aisling es esbelta como un junco y ágil como una ardilla, no es muy alta, y tiene el cabello castaño y los ojos oscuros.
Vive según sus propias normas, no se molesta en mentir o disfrazar lo que piensa, y posee una atrevida inocencia que desconcierta, y mucho, a Kier.
Por otro lado, no está acostumbrada a expresarse con palabras, de hecho eso es algo que jamás ha necesitado, ya que se comunica con sus amigos y su familia... de otras maneras, por lo que su manera de hablar es bastante... singular.
También es muy protectora con los suyos y es capaz de hacer cualquier cosa, por arriesgada que sea para protegerlos. Pero a la vez tiene un genio vivo que no se molesta en ocultar... mucho menos cuando sus amigos la hacen enfadar.

Cuando regresó llevaba varios vestidos pomposos entre las manos. Se arrodilló junto a él y se los tendió.
–¿Gustan? ¿Sí?
–¡No! ¡No gustan! –Kier estalló en carcajadas al imaginarse vestido con esas prendas. Se detuvo al observar la cara enfadada de la muchacha–. Los vestidos son para las mujeres –explicó– Los hombres llevamos calzas, jubones... No sé si me entiendes.
–Yo sé que hombres llevan otra ropa. ¡Pero yo no tengo esa ropa! ¡Yo no tonta! –gritó levantándose indignada.
–Claro que no eres tonta. Yo no he dicho eso.
–Tú no dices, piensas –aseguró dolida–. Tú muerto si yo no ayudo. Tú mujer si yo no curo –dijo señalando sus genitales–. Tú no comes si yo no alimento. Yo hablo lobos, hablo bosque. ¡Tú tonto, no yo! Yo no habla bien con tú. Tú ríes. Yo cuido a ti. Yo amiga. Yo doy regalo. Tú ríes. ¡Vete! –gritó tirándole los vestidos sobre la cabeza. Luego se levantó y echó a correr, internándose en el bosque.
Kier parpadeó asombrado por el alegato de la muchacha. Para no saber hablar correctamente se expresaba con una franqueza tan rotunda que le había hecho darse cuenta de muchas cosas. Cerró los ojos apesadumbrado. La había tomado por una salvaje sin sentimientos, y en realidad el salvaje era él.

Kier es un modesto artesano de Olla del Verdugo. Fabrica «cosas» y luego las vende al mejor postor, ya sea en el mercado de Sacrificio del Verdugo, o a clientas que le han hecho encargos. También presta sus servicios si estas requieren que les enseñe a «utilizar» los productos que él vende.
Físicamente es de piel morena, espaldas anchas, pelo muy oscuro y largo, manos con dedos largos y finos (me chiflan sus manos), y unos profundos ojos verdes.
No es un hombre muy sociable, quizá porque tampoco le han dado opción de serlo. Está un poco de vuelta de todo y es muy desconfiado. Está acostumbrado a tratar con las damas, y sabe que mienten más que hablan. En definitiva, no se fía de nadie y siempre espera lo peor de todo el mundo... de ahí que se sorprenda tanto al conocer a Aisling y descubrir que ella es la sinceridad personificada.
Por otro lado, está acostumbrado a valerse por sí mismo, y... la situación en la que se encuentra cuando conoce a Aisling le hace imposible esto. Más aún, cuando se recupera, comprueba asombrado que todas sus habilidades no le sirven de nada en el bosque. Y eso no le gusta y le ataca un poco su orgullo, porque no hay nada en lo que él pueda superarla... o eso cree.

–Padre viene a claro cada luna nueva –explicó [Aisling]–. Le pediré navaja cuando vuelva a verle. Así quitaremos barba de tu cara –afirmó sonriendo.
–De paso podías pedirle que me afeitara él. Seguro que estaría encantado.
–¿Por qué padre encantado de afeitarte? –le preguntó desconcertada.
–Porque así podrá rebanarme la yugular él mismo –auguró Kier en tono sombrío tumbándose bocarriba.
–¡No! –jadeó Aisling aterrada–. Padre no haría eso.
–Por supuesto que sí. En cuanto el rey ponga sus regias zarpas sobre mí, se apresurará a arrancarme los cojones y hacérmelos comer crudos. Nada le dará más placer que eso... –aseveró feroz, repentinamente enfurecido con el bosque, los robles y los lobos que jugaban retozones cerca de ellos.

Secundarios a destacar

Fiàin es la madre de Aisling, y, obviamente, fue la amante de Iolar, el rey verdugo. Es una mujer inmortal de vida efímera. Una dríade a la que el tiempo no puede matar, pero sí el pesar y la añoranza. Un ser mágico que intentó comportarse como una humana y acabó pagando un precio muy alto por ello.

-Y un día, Iolar entra en corazón de Fiàin y Fiàin entra en corazón de Iolar, y nazco yo, y entonces él desea que Fiàin sea su esposa, vista como esposa y actúe como esposa, pero ella no sabe ser esposa. Ella solo sabe ser dríade –sentenció Aisling encogiéndose de hombros.

Iolar es el padre de Aisling, fue el amante de Fiàin, y es el Rey Verdugo. Es un hombre de poco más de cuarenta años, moreno, de rasgos afilados y severos ojos negros. Posee un fuerte carácter, es bastante irritable y un tanto calculador... también es muy cabezota, y a veces, no es capaz de ver la realidad que se oculta ante sus ojos.

–No me estás escuchando –dijo [el rey] en voz suave–. No te muevas o erraré el corte.
El hombre volvió a gritar horrorizado sin dejar de revolverse.
El rey sonrió. Una sonrisa tan segura y satisfecha que a ninguno de los presentes le cupo la menor duda de lo que iba a pasar a continuación.
Iolar aferró con fuerza el pomo de la espada, y con un eficaz giro de su muñeca, la arrancó del suelo, cercenando a su paso los genitales del hombre que gritaba asustado a sus pies. La bolsa escrotal, con los testículos aún palpitantes, cayó a los pies de Gard. Este se apresuró a aplastarla bajo su bota.

Gard, capitán de la guardia del rey, es el mejor amigo de Iolar, ambos son inseparables, y muy diferentes. Gard es la antítesis de Iolar. Rubio, de su misma edad, rasgos serenos y ojos azules, más alto y fuerte que el monarca. Su carácter tranquilo puede tornarse peligroso ante cualquier ofensa (ya sea inventada o real), pero normalmente hace gala de una mesura que desde luego no tiene el rey. Él, al contrario que Iolar sí es capaz de intuir que hay «cosas» que no son lo que parecen... y aconsejarle en consecuencia.
Por otro lado, tampoco es un santo, no os creáis...

Kier elevó la mirada y se encontró con los fríos ojos azules del capitán fijos en él. [...] Aterrorizado, cerró casi sin fuerzas los puños y atacó con desesperada lentitud a su verdugo [...] La reacción del soldado no se hizo esperar: rechazó con una mano los torpes golpes, llevó la otra hasta las vendas que cubrían la herida del joven y presionó con los dedos sobre esta.
Kier lanzó un estrangulado alarido, apenas audible, y se aferró al fuerte brazo del capitán de la guardia, luchando entre espasmos de dolor porque alejara de su costado los férreos dedos que le torturaban.
–Tal parece que tienes la cabeza más dura que la maza con que te golpearon –comentó Gard recorriéndole con la mirada e ignorando sus gemidos de dolor–. ¿No te han dicho que no es buena idea atacarme?

Anécdotas que contar

A veces me preguntáis cómo comienzo a crear mis historias, el motivo o al escena que las inspira... y yo siempre os contesto lo mismo: de repente se cuela una escena en mi cabeza y la única manera de sacármela de la mente es escribiéndola... Y, en el momento en el que escribo esa única escena, comienzo a hacerme preguntas: ¿Quiénes son estos personajes? ¿Qué quieren contarme? ¿Qué les ha pasado? ¿Qué les motiva? ¿En qué época sucede lo que «he visto»? ¿Dónde están? ¿Por qué han llegado hasta aquí? Y según voy respondiendo preguntas, se van creando nuevas incógnitas que me llevan a buscar más respuestas, y, la escena inconexa que se presentó ante mí, acaba convirtiéndose en un libro.

En el caso de «El Sacrificio del Verdugo», la escena, o la idea de la que surgió, vino hasta a mí con una fuerza inusitada. Hacía pocos días que había terminado de escribir «¿Suave como la seda?», y había decidido tomarme unas semanitas sabáticas en las que desconectar de los libros, del ordenador y de todo en general... y de repente empecé a tener un sueño recurrente en el que veía a una joven en un bosque, estaba triste, casi desesperada mientras miraba a un hombre que se alejaba de ella. Intrigada por ese sueño, en el que además se repetía una y otra vez un nombre, «Aisling», busqué su significado, y zas, descubrí que era una palabra gaélica y que significaba «sueño, visión». Uf, como podéis imaginar, me puse a escribir de inmediato.

Alicientes para su lectura

¿Por qué leer «El Sacrificio del Verdugo»?... ufff, Porque sé que os va a gustar. Sí, en serio. Es una novela mágica, llena de vida, de emociones, de desafíos, de aventuras. Si deseáis una historia diferente, distinta, arriesgaos a leerla, esta lo es.

Un pequeño aperitivo

¿Qué harías tú si te separaran para siempre de la mujer que amas? ¿Esperarías de brazos cruzados a que ocurriera un milagro o lucharías con todas las armas a tu alcance para recuperarla?

Y, el booktráiler...

Comments (1)

  • Elizabeth

    Elizabeth

    26 Octubre 2013 at 23:20 |
    Una historia inolvidable

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