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  • Lanzamiento: Mayo 2015
  • Visitas en web: 785
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Autor/a

Autora

Información de la novela

  • Autor/a: Arwen Grey
  • Título: El secreto de los McKay
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Romantic
  • Época: Actual
  • Principales: Morgan y Alexandra
  • Secundarios: Honor

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Durante el mes de mayo, la editorial Romantic ha reeditado «El secreto de los McKay», la novela que dio a conocer a Arwen Grey. Para hablar sobre esta historia y conocer mejor lo que podemos encontrar entre sus páginas, hemos querido contar con su autora, que ha tenido a bien concedernos parte de su tiempo. Muchísimas gracias, Arwen, por tu colaboración y amabilidad.

Sobre el autor/a

Para empezar, esta no es mi primera novela, ni siquiera es mi primera novela publicada por editorial. Empecé autopublicando en Amazon «Olvida el pasado» en 2013 y me fue bastante bien. Todavía sigue en algunos rankings de romántica en Amazon.com, así que no puedo quejarme de su éxito. Para cuando publiqué «El secreto de los McKay», puedo decir que yo ya tenía un público más o menos fiel.

De hecho, estuvo más de 50 días en el top general en Amazon.es y un tiempo en el de Amazon.com, como alguna otra novela que publiqué antes por mi cuenta. Más o menos por esas fechas, en enero de 2014, firmé mi primer contrato editorial con Ediciones B-RNR, que publicó «Mi honorable caballero» en octubre de ese mismo año.

También en 2014 firmé con Harlequin Ibérica para una novela que publiqué en febrero de este año, «El amor llegó como un rayo», así que digamos que esta reedición no me ha pillado de novata precisamente. Cuando vi que Romantic aceptaba novelas ya editadas, pensé que sería buena idea intentar mandar los McKay, por ejemplo, porque es una historia a la que le tengo especial cariño.

Ambientación y contexto

He visto por ahí que hay lectores que consideran mi novela una historia de highlanders y me hace bastante gracia, porque la verdad es que la ambientación es algo inconcreta. Adrede, por una vez, no quise dar una localización exacta. Nombro un castillo inventado cerca de la costa. Y está al norte sí, llueve mucho, y se nombran las Tierras Altas, pero yo no diría que es una novela de highlanders. De hecho, Morgan es muy inglés, a pesar de la sangre escocesa que corre por sus venas.

En cuanto al contexto, me apeteció intercalar una historia en el pasado, un caso de asesinato, para que mis protagonistas tuvieran una excusa para conocerse. De otro modo, sus mundos jamás hubieran chocado, me temo. En la historia del pasado hablo de un Edimburgo oscuro y triste, donde son más importantes las apariencias que la felicidad y el amor. Me gusta pensar que la historia de los antepasados de Morgan, sin ser la principal, es más bonita que la que se narra en el presente.

Sus personajes principales

Por un lado tenemos a Morgan McKay, que es un tipo… cómo decirlo… introvertido. Le cuesta mucho darse a conocer, aunque no puede evitar apasionarse por su trabajo y por el misterio de su familia, lo que hace que su máscara se resquebraje poco a poco. En la universidad donde da clases tuvo ciertos problemillas por culpa de su físico y decidió cambiar un poco para parecer menos… apetecible, consiguiendo casi engañar a la protagonista. Aunque se esfuerza mucho en demostrar lo contrario, tiene incluso un poco de sentido del humor y un carácter a veces insoportable. Es profesor de historia y en el fondo, pero fondo fondo, tiene poco de aburrido y de adefesio.

Y por el otro, tenemos a Alexandra Tremain. Caótica, desordenada… lo cierto es que no ha tenido demasiada suerte en la vida. Escogió el que creía que era el trabajo de sus sueños y, como siempre pasa, no tiene nada que ver con la realidad. Por lo pronto, no le ayuda a pagar las facturas y se teme que tendrá que dejarlo para poder comer a fin de mes. Morgan la saca de quicio porque cree que le toma el pelo. Un día se muestra dispuesto a todo y al siguiente se retrae, mientras ella es la que siempre tiene que tirar del carro. Para ser detective privado, a veces tiene poco ojo clínico, aunque más de lo que él cree.

Son dos personas incompatibles pero con una química difícil de evitar.

No me suele gustar ponerles cara a mis personajes, al menos no de personas conocidas. Antes lo hacía, pero, como suele ocurrir, cada uno tiene su idea particular sobre cómo es cada uno, así que prefiero dejarlo a la imaginación de los lectores.

Secundarios a destacar

Aunque hay varios personajes secundarios, me gustaría destacar a Honor Petunia Gilmore, la mejor amiga de Alexandra. Una mujer recién divorciada de un impresentable y con una vida vacía pero que merece algo más que dirigir una fundación destinada a dar becas sin sentido a profesores aburridos. Aunque ella y Alexandra parecen muy distintas, en el fondo se asemejan en que a las dos les cuesta confiar en la gente por culpa de los golpes de la vida. Sin duda, en su momento Honor tendrá su recompensa en una historia futura. Es más, parte de ella está pensada, aunque no tendré tiempo para ella por ahora.

Anécdotas que contar

Cuando escribía la novela llovía todo el tiempo. Si alguien la lee, notará que llueve en muchas escenas y que hace frío. De hecho, sentía que el agua era importante en ella. Es una tónica que se repite en muchas escenas importantes de mis novelas: agua en bañeras, en playas, en la lluvia…

Además, me planteé varias veces el mejor modo de que los protagonistas encontraran las pistas, modos creíbles. Es posible que parezca sencillo pensar esas cosas, pero no lo es para nada jajaja. Cambié en su momento la forma en la que encontraban una de las pistas más importantes, y no me arrepiento, aunque tal vez habría gustado más de la otra forma, porque era más vistosa. Solo que era demasiado peliculera y no me gustaba por poco original.

Alicientes para su lectura

Tengo que reconocer que mi parte favorita es la parte ambientada en el pasado, con las cartas de Sean y el diario de Michaella, aunque pueda parecer poca cosa en comparación con el resto. Conseguir un tono apropiado tanto para la edad como para la época, el modo de reflejar los sentimientos de ambos, su forma de ir conociéndose poco a poco e ir solventando los recelos hasta enamorarse…

En mis historias el lector, siento decepcionarlo jajaja, no encontrará escenas llenas de sexo desenfrenado y pasión, sino más bien de reconocimiento, amistad, confianza, y finalmente amor. Me gusta que dos personas que no se conocen lleguen a confiar la una en la otra, a pesar de sus prejuicios y sus diferencias, que se aprecien, que se amen… Tal vez soy un poco clásica jajaja, que no antigua.

Un pequeño aperitivo

Os dejaré un fragmento que transcurre en un famoso manantial donde, dicen las malas lenguas, se han concebido a muchos de los niños de la zona jajaja:

Morgan miró su dedo índice alzado, apuntándole como si fuera una vieja maestra de escuela. El cabello húmedo le caía sobre la frente, formando rizos, enmarcando su rostro sonrojado por el vapor del manantial termal. Se la veía sofocada, cansada por el paseo y furiosa. Y a la vez absolutamente deliciosa.
Sabía que no debería hacerlo pero no pudo evitarlo.
—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —protestó ella, o al menos lo intentó, cuando Morgan la atrapó contra la pared de roca y sonrió.
—Shhh, disimula —dijo unos instantes antes de bajar la cabeza para devorarla—. Nos miran.
Alexandra no estaba segura de que fuera cierto, pero tampoco podía moverse para comprobarlo. Lo que no podía dudar era que Morgan se había vuelto loco. ¿De verdad quería mantenerse alejado después de besarla así? Porque ella tenía muy claro que un hombre que besaba así no era muy indiferente que se diga. No debería estar insistiendo para que abriera los labios y para que lo dejara entrar en ella, ni debería recorrer sus labios, sus dientes, ni los recovecos de su boca con su lengua como si le gustara lo que estaba haciendo.
Por no hablar de lo que hacía ahora. Dios, esa lengua jugueteando con la suya como si fuera algo delicioso que hubiera que saborear y paladear a placer, lenta y sustanciosamente.
Se estaba tomando aquello de fingir demasiado en serio, pensó.
Muy pronto no pudo pensar en nada más. Las voces de los demás huéspedes desaparecieron, junto con las demás sensaciones fuera de la de su calor, su olor a canela, el tacto de su pelo húmedo entre sus dedos y la sensación de que lo que estaba haciendo estaba mal. Si hasta ese gemido de placer había sonado auténtico.
Tal vez fue ese gemido lo que le hizo recordar dónde estaban, que no estaban solos, y que lo que hacían era una representación destinada a conseguir unos documentos que les llevarían a Morgan a sus amadas joyas, y a ella a verse libre de sus deudas. Abrió los ojos y sus miradas se encontraron. Se miraron sin dejar de besarse, lenta, casi con reverencia. El jarro de agua fría le vino bien. Se apartó como pudo y le contempló con la mirada turbia.
Ella colocó una mano en su rostro, los dedos rozando la comisura de su boca.
—No —dijo, con los labios todavía temblorosos.
Tenía la sensación de que pocas veces en su vida algo le había costado tanto, pero vio que él le agradecía que hubiera sido ella la que tomase la decisión, o al menos que hubiese sido la que lo dijese en voz alta.

De nuevo gracias, Arwen, por colaborar con nosotras. Ha sido un placer realizar esta entrevista. Te deseamos mucho éxito con «El secreto de los McKay».

Gracias, chicas, por la oportunidad de dejarme hablar un ratito de mí y de mis cosas.

Románticas al Horizonte

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