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  • Lanzamiento: Febrero 2013
  • Visitas en web: 1751
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Autor/a

Ebony Clark

Información de la novela

  • Autor/a: Ebony Clark
  • Título: En el amor y en la guerra
  • Serie: Hermanos McKenzie
  • Orden Serie: 2
  • Editorial: Éride
  • Época: Actual
  • Principales: Cameron y Kitty
  • Secundarios: Dylan, Sandy y LeRoy

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Sobre el autor/a

¿Quién es Ebony Clark? Ebony es mi mitad soñadora, romántica, positiva, la que toma las riendas cuando se acaba la rutina diaria del trabajo, la comida, la lavadora y los pañales.

Ebony es unas veces una señora muy seria con gafas que escarba entre los libros de historia y otras veces, una mujer que se troncha de risa mientras abandona a sus personajes en un rancho de Texas y los mete en un aprieto para ver cómo logran salir de él.

En realidad, Ebony Clark es la parte tierna y al mismo tiempo perversa de alguien que se llama Cristina y que un día, tuvo la tremenda suerte de publicar su primera novela y ver que había gente que disfrutaba con ella.

Ambientación y contexto

Una vez más, Harmony Rock, el rancho familiar de los McKenzie en Mentone, capital del condado de Loving, Texas, se convierte en el escenario donde coinciden nuestros personajes. El condado de Loving es el menos poblado de los Estados unidos, con menos de una centena de habitantes; en concreto, la capital donde transcurre la mayor parte de la acción de la novela, cuenta con algo más de veinte habitantes.

Esto fue algo que desde el nacimiento de la idea de esta trilogía de hermanos llamó mi atención, y es lo que hizo que me decidiera a ambientar la historia allí; me pareció que era el lugar perfecto para lo que quería: un lugar pequeño y seguro donde todos se conocieran, donde se forjaran amistades y lealtades de la niñez y donde cualquier eventualidad del exterior —un tornado, la aparición de una estrella del pop perseguida por un fan enloquecido— podría hacer que se tambalearan sus cimientos.

Sus personajes principales

 
Cameron McKenzie
 
 
Kitty Barret
 
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Él: Hugh Jackman Ella: Kyra Sedgwick

Cameron McKenzie: Soy el sheriff de Mentone. Hace algún tiempo, fui guardaespaldas de una famosa cantante y al parecer, ella sigue pensando que soy algo así como su ángel de la guarda, así que tengo el deber de protegerla a pesar de los problemas que va a acarrearme. Tengo un hermano gemelo que se enamoró de una actriz de culebrones de la BBC y ahora, su mejor amiga, una chiflada que se burla constantemente de mi autoridad, ha llegado a Mentone y pretende volverme loco. Aunque no lo sabe, ella está loquita por mis huesos y para su desgracia, estoy dispuesto a utilizar toda mi artillería pesada y demostrarle cómo se las gastan los McKenzie cuando se trata de conquistar a la mujer de su vida. Por cierto, Ebony se ha permitido la licencia de ponerme rostro, agenciándome el de un tipo al que llaman Hugh Jackman, pero si tengo que ser sincero… a mí me queda mucho mejor el uniforme.

Kitty Barret: bueno, ya sé que cierto sheriff pedante ha estado hablando mal de mí a mis espaldas; todo lo que ha dicho es falso: no estoy loca por sus huesos, no soy la mujer de su vida y por supuesto, no estoy chiflada. Lo que ocurre es que Cameron McKenzie no ha sabido encajar que una mujer pueda tener algo de sexo con él sin querer que protagonicemos juntos la escena final de Oficial y Caballero. Vamos, que está muy mono con su uniforme y todo eso, pero de ahí a que pierda la cabeza por él… Sí, vale, lo reconozco, este hombre me pierde, me convierte en gelatina cada vez que me toca. Pero no puedo permitir que se entere, llevo demasiado tiempo protegiendo mi corazón de tipos encantadores como para descubrirlo al primer sheriff increíblemente atractivo que se me ponga por delante.

Secundarios a destacar

Dylan McKenzie: ¡Hola, chicas! Así que mi hermanito Cam ha encontrado la horma de su zapato… Interesante. Bueno, soy al que llaman el indio, por ese asunto de mis verdaderas raíces y ancestros, y por mi piel bronceada y mis ojos de halcón. Soy el menor de los hombres McKenzie; fui adoptado por el patriarca cuando apenas tenía un año; a los ocho años, supe que mi escaso parecido con el resto de la familia tenía una explicación razonable, así que pregunté a mis hermanos si me consideraban un igual a pesar de que no tuviéramos la misma sangre. Como prueba de que así era, les obligué a cortarse los pulgares para sellar un pacto fraternal que jamás se ha roto. Es cierto que alguna vez que otra me he metido en problemas y ahí han estado ellos para tenderme su mano. Pero ahora, estoy tratando de encontrarme a mí mismo y puede que lo consiga, aunque no en esta ocasión… Tal vez nos veamos pronto, cuando cuente mi propia historia.

Sandy Mane: Soy una vieja amiga de Cameron y reconozco que en mi huida a Mentone existían razones ocultas que nada tenían que ver con ese loco que me envía cartas de amor. La gente me adora, lo cual es lógico porque soy absolutamente hermosa, tengo una voz prodigiosa y la capacidad de seducir a una estatua de mármol. Claro que todo tiene sus pros y sus contras. En mi caso, ser tan especial ha sido la causa de que tuviera que refugiarme cerca de los McKenzie para evitar que un psicópata me enviara al otro barrio. Por suerte, no estoy sola: siempre me acompaña LeRoy, mi fiel escudero, mi guitarrista, el hombre que nunca me ha fallado… ¿no es extraño que me conozca mejor que nadie y aún así, sea capaz de soportarme?

LeRoy Dawson: La princesa ha dicho la verdad, siempre voy con ella… No sé que me ocurre con Sandy, desde que la conozco, no he sido capaz de alejarme, ni siquiera cuando ha sido cruel, ni siquiera cuando me ha hecho sentir invisible… Para Sandy, soy su conciencia, el dedo que pulsa el interruptor de desconexión cuando ella está a punto de cometer otro error… Supongo que resulta evidente que la quiero, no es ningún secreto. Ese McKenzie lo ha visto desde el principio y creo que también ella lo sabe, pero le gusta jugar conmigo, ver hasta dónde soy capaz de aguantar mientras me trago mi orgullo y la veo perseguir fantasmas. En fin, soy músico, nadie mejor que yo sabe cómo arrancar las notas de ese instrumento desafinado que es Sandy Mane.

Anécdotas que contar

Inicialmente, la historia de Cam y Kitty se había llamado «Una mujer como tú», título que coincide con la canción de Keith Urban, A Girl Like That, elegida para presentar el booktrailler de la novela. En algunas webs de novela romántica y blogs, ya aparecía anunciada la segunda entrega de los McKenzie con ese título, pero finalmente, decidimos cambiar el título a «En el amor y en la guerra», por seguir en la misma línea de la anterior publicación, «Quédate Conmigo». En ambas historias, las protagonistas, una actriz y una guionista de culebrones de la BBC respectivamente, forman parte de una serie de la televisión inglesa que lleva esos títulos y que, en cierto modo, guardan relación con lo que ellas viven en sus romances con los atractivos hermanos McKenzie.

La escena en la Serpentina de Hyde Park se me ocurrió recordando mi último viaje a Londres, una manada de patos y una ocasión en la que salí corriendo y juré que no volvía a echarles de comer nunca más. No puedo añadir nada, pero seguro que cuando leáis la novela lo entenderéis.

Alicientes para su lectura

Kitty Barret: Perdona, Ebony, pero creo que tengo que ser yo la que recomiende esta novela. Porque, seamos francas, ¿a qué mujer no le gustaría darle un buen repaso a un vaquero de Texas al que le sienta el uniforme como si lo hubieran diseñado sólo para él? Y para sincerarnos del todo, ¿qué mujer en su sano juicio se dejaría atrapar por un hombre así, casi perfecto, alguien que sabes que te marcará para siempre? Estoy segura de que cuando lean mi historia, me darán la razón en que hago bien en poner a Cameron en su sitio; sí, es encantador, a veces todos lo son, pero, ¿puedo fiarme de él, es sensato que me quede cruzada de brazos esperando ver si me rompe el corazón? En fin, espero que alguna sepa aconsejarme bien.

Cameron McKenzie: Un momento, un momento… ¿me doy la vuelta y ya estás otra vez conspirando contra mí, Barret? De ella me lo espero todo, pero de ti, Ebony… ¿la dejas hablar para confundir a la gente sobre mí? Eso sí que ha sido una traición en toda regla. Acabas de herir mi pobre corazón tejano, en serio. Chicas, no hagáis el menor caso a esta arpía con aspiraciones literarias. Barret es incapaz de reconocer lo que siente por mí, tiene tanto miedo que puedo olerlo a un kilómetro; de verdad, soy inofensivo, un encanto… vale, de acuerdo, es cierto que soy consciente de mi atractivo y también lo del uniforme, tengo derecho a explotar eso, ¿no?, no es un delito. Pero soy de ley, y no sólo porque lleve placa. Si no me creéis, leed En el Amor y en la Guerra, y opinad.

Un pequeño aperitivo

—¿Qué pasa? —Kitty arqueó las cejas, provocándole.
—Tranquila, nena. —Elevó la mano que sujetaba hasta su boca y besó la palma sin apartar de ella sus penetrantes ojos.
—¿Te preocupa que tu tornado nos interrumpa? —insistió ella, burlándose para sofocar la excitación que sentía. Llevó la mano libre hasta el cinturón y la adentró en el interior de los pantalones, frotando suavemente el miembro endurecido que latía bajo su palma.
—Nena... El único tornado que tengo en mente es el que voy a provocar si sigues tocándome así. ¿Es lo que quieres? —preguntó, pero esta vez ni siquiera se molestó en detener la caricia.
—Conmovedor —suspiró, ladeando la cabeza para facilitar que sus labios recorriesen la vena que palpitaba en su cuello—. Exactamente, ¿cuál es la pregunta, McKenzie? ¿Quieres saber si estoy preparada para tener sexo contigo? Sexo sin reproches, sin promesas... ¿Aunque no te soporte y seas el polo opuesto de mis fantasías, si las tuviera?
La sujetó por los hombros con cierta rudeza.
—Basta de juegos. Lo que quiero saber, exactamente, es si voy a hacer el amor a una mujer o a una niñita traviesa que está jugando con fuego. Ésa es la pregunta, Barret, responde sin rodeos. Yo no pienso arrepentirme y dentro de unas horas, tal vez menos, se me habrá pasado este ataque de filantropía y me importará una mierda si tú te arrepientes.
—¿Te parezco acaso una niña? —preguntó sin retirar los dedos de la zona donde sus calzoncillos ardían.
—Me parece que estás muerta de miedo, pero sigues con tu papelito de mujer fatal para no echar a perder tu reputación —la contradijo antes de robarle otro beso prolongado en el que se bebió hasta la última gota de autocontrol que quedaba en ella—. ¿Qué me dices, Kitty Barret? ¿Echamos toda la carne al asador y nos olvidamos de nuestras respectivas opiniones sobre el otro? —añadió victorioso al separarse.
—¿Crees que no sería capaz?
Kitty le contemplaba, preguntándose si era prudente aceptar el reto.
Después de todo, no arriesgaba nada. Hacía bastante que no mantenía relaciones sexuales con nadie y comenzaba a echar de menos aquella saludable sensación de sopor tras el orgasmo. ¿Y por qué no? Cameron parecía dispuesto. Y después de unas semanas tardaría mucho tiempo en volver a verle, no corría ningún peligro. Por otro lado, él había dejado bien claro que consideraba que ambos eran absolutamente incompatibles. Por suerte ninguno encajaba en las expectativas románticas del otro y nadie más tenía que saberlo. No era el tipo de cosas que uno tuviese que airear durante una velada familiar. Bien mirado...
—¿Vas a pensarlo hasta el amanecer, Barret? —preguntó con sarcasmo, mordiendo con suavidad el labio inferior de la mujer—. Lo digo porque eso que tienes en la mano no es algo que funcione a pilas, ¿sabes? No puedo desconectarlo si lo llevas a ebullición y decides que no tienes agallas para acostarte conmigo.

Y eso es todo, por ahora. Un millón de gracias a Románticas al Horizonte por brindarme la oportunidad de presentaros mi nueva novela. ¡Os mando a todas un abrazo muy fuerte desde Canarias!

Y, el booktráiler...

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