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Esencia
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  • Lanzamiento: Septiembre 2012
  • Visitas en web: 927
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Pilar Cabero

Información de la novela

  • Autor/a: Pilar Cabero
  • Título: Entre lo dulce y lo amargo
  • Serie: Boudreax
  • Orden Serie: 2
  • Editorial: Vergara
  • Época: Siglo XVIII
  • Principales: Samuel y María
  • Secundarios: Rosa Blanca, Maese Germán y tía Henriette

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Sobre el autor/a

Hola, soy Pilar Cabero. Una donostiarra muy enamorada de su tierra. Me encanta leer y disfruto escribiendo las historias que los propios personajes me van susurrando al oído. Me considero una persona alegre, cercana y cariñosa.

También me gusta pintar; el único momento en que mi mente se relaja y deja de maquinar nuevas historias. Mi mayor ilusión es que mis novelas hagan soñar, reír y que toquen el corazón de quien las lea.

Ambientación y contexto

Nos encontramos en el San Sebastián del siglo XVIII, concretamente en el año 1736. Pese a que, en la actualidad, ya no quedan sino unos pocos vestigios de la muralla que guardaba la ciudad, el núcleo de la Parte Vieja ha cambiado muy poco desde entonces. La Plaza Nueva, actualmente Plaza de la Constitución, mantiene el aire de aquella época.
 
En la plaza ya no se reúnen, como antes, las caseras para vender los productos de sus caseríos, salvo el 21 de diciembre, día de Santo Tomás, cuando el lugar vuelve a llenarse de puestos repletos de coloridas verduras y frutas; quesos, fragantes y apetitosos; dulces, atrayentes y la algarabía de transeúntes o los ruidos de los animales de granja, resuenan entre sus arcos, como antaño. Y otra vez, como cada año, el ambiente se impregna del olor de la txistorra y de los talos.
 
Plaza Nueva de San Sebastián
 
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Sus personajes principales

 
Samuel Boudreaux
 
 
María Aguirre
 
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Él: Antonio Velázquez Ella: María Castro

Soy Samuel Boudreaux, maestro confitero-cerero, pero ahora sólo trabajo como contable. La confitería, el cacao, los dulces… me recordaban demasiado a María y no quiero pensar en ella. Prefiero los números, ellos no engañan ni tienen dobleces. He regresado a San Sebastián con intención de casarme en cuanto llegue mi prometida.
Sé que trabajar en la confitería del esposo de María es una imprudencia, pero necesito el trabajo y, además, ella ya no es nada para mí. ¡No quiero que lo sea! Ignoraré los sentimientos que me envuelven cuando la veo.

Soy María Aguirre. Durante seis años he vivido temiendo el momento en que Samuel regresara a la ciudad. Ese momento ha llegado y sigo sin estar preparada para verle. Mi marido ha decidido contratarle para que lleve las cuentas de la confitería. Temo que mis sentimientos por Samuel sean evidentes, pues no quiero hacer daño a mi marido.

Secundarios a destacar

 
Rosa Blanca
 
 
Maese Germán
 
Tía Henriette
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Ella: Dafne Fernández Él: Félix Gómez Ella: Maggie Smith


Soy Rosa Blanca, prometida de Samuel. He cruzado el océano para casarme con él. No estoy muy segura de querer hacerlo, pero necesito escapar del yugo paterno.

Maese Germán Alonso es mi nombre. Confitero-cerero de profesión. Me encanta trabajar en la confitería de doña María y espero que con el tiempo lleguemos a un entendimiento para que pueda quedarme en ella. Mi hermana insiste para que me case lo antes posible con la dueña, no sea que alguien se adelante y me quite el negocio.

Soy tía Henriette. He enterrado a cuatro maridos. Me gustan los colores llamativos y disfrutar de la vida. Me duele ver que los jóvenes no aprovechan el tiempo y dejan pasar oportunidades que tal vez no se vuelvan a dar. Menos mal que estoy yo para evitar que sigan cometiendo insensateces.

Anécdotas que contar

La historia de Samuel y María me llegó mientras comía un trozo de delicioso chocolate negro. No puedo contabilizar la cantidad de chocolate que me comí en todo el tiempo que me llevó documentarme, escribirla y hacer las correcciones.

En la última presentación, Iñaki Gorrotxategi, el confitero que me asesoró y me ayudó a documentarme, se ofreció a llevar chocolate para todos los asistentes, pero yo le pedí que no se molestara y cuando terminó el acto se arrepintió de haberme hecho caso. Creo que la próxima vez pasará de mí y hará lo que le de la gana.

Alicientes para su lectura

Buen día, soy la tía Henriette. Samuel y María están ocupados y me han pedido que sea yo quien os recomiende esta novela. Pues bien, si queréis saber cómo era el día a día en una ciudad pequeña, el duro trabajo en una confitería o la vida de unas personas sencillas, llenas de sentimientos y anhelos, sin duda debéis leerla.

Si deseáis conocer las razones por las que María decidió casarse con otro en lugar de esperar a que regresara mi querido sobrino Samuel y lo mucho que he tenido que inmiscuirme para…

¡Oh, oui!, ya no digo nada más. Casi mejor lo leéis.

Un pequeño aperitivo

Tenía dieciséis años y ella, uno menos. Habían ido a por castañas para maese Sebastián. Buscando un rato para ellos, llenaron las cestas lo más rápido posible. En los últimos días, el deseo de abrazarse o besarse era tan agudo que no veían la hora de dar rienda suelta a sus ganas. Como estaban muy cerca de la cabaña que consideraban suya desde niños, corrieron a ella como si tuvieran alas en los pies. Las hojas secas del camino crujían a cada paso. Cerraron la puerta nada más entrar y, tras dejar las cestas en el suelo, se abrazaron ansiosos, besándose como si, de no hacerlo, pudieran perecer.
Samuel olía a bosque y a cacao; sabía a felicidad. María le quitó el sombrero y lo dejó caer al suelo; resiguió con suavidad la línea de sus oscuras cejas, los pómulos, hasta las bocas unidas, hambrientas. Él le soltó la trenza y la peinó con suavidad, separando cada mechón con los dedos. Le encantaba peinarla.
Después sintió la mano de Samuel en el pecho, tanteándolo con delicadeza, por encima de la ropa. ¡Cómo deseaba ser más atrevida y dejarse acariciar directamente en la piel! Hasta ese momento se habían tocado por encima de la ropa, algo que, a aquellas alturas, les dejaba frustrados y con ganas de más.
Como si él hubiera escuchado sus más íntimos deseos, se atrevió por primera vez a soltar el lazo que le cerraba el corpiño. Anhelaba tanto tocar su piel que los dedos, siempre tan diestros, le temblaban de anticipación.
María no le había detenido, como en otras ocasiones; no habría podido hacerlo: lo deseaba tanto como él. Así que, no sólo no lo detuvo, sino que aventuró la mano bajo la casaca de Samuel y desató el cordón que le cerraba la camisa, como tantas veces había soñado con hacer.
Lo sintió temblar bajo los dedos; o quizá eran sus dedos los que tiritaban. En cualquier caso, sentir la piel caliente del torso de Samuel fue tan hermoso que se le nublaron los ojos. Y en ese instante percibió la leve y dubitativa caricia en su propio pecho; la sensación le hizo olvidar todo, salvo que no quería que parase... nunca.

Comments (1)

  • Pilar Cabero

    Pilar Cabero

    04 Marzo 2013 at 16:49 |
    ¡¡Muchas gracias, chicas!!
    Ha quedado preciosa.
    Un beso lleno de cariño para todas,

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