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Esencia
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  • Lanzamiento: Febrero 2013
  • Visitas en web: 1058
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Rebeca Rus

Información de la novela

  • Autor/a: Rebeca Rus
  • Título: Ginebra para dos
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Esencia
  • Época: Actual
  • Principales: Silvia y Daniel
  • Secundarios: Paz, Carmen, Gerard y Alfonso

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Sobre el autor/a

Mi verdadero nombre es Rebeca Rodríguez Rus y nací el 18 de abril de 1974 en Madrid, España. Soy directora creativa con más de quince años de experiencia en el sector publicitario. En 2008 publiqué mi primera novela, «Sabrina 1 - El mundo 0» (Esencia, 2008), que pertenece al género literario conocido como chick-lit, de raíz anglosajona, pero adaptado al imaginario español. Desde Planeta lo publicitamos como «chick-lit con oreja a la plancha».

La novela tiene una secuela llamada «Sabrina contra el imperio del zapping» (Esencia, 2009) en la que seguí explorando la alocada vida de la creativa protagonista. En 2010 publiqué una tercera novela en la misma editorial, llamada «Diez maneras diferentes de ser Laura». Mi siguiente novela se tituló «Mientras tanto, en Londres…» (Esencia, 2011) y ahora acabo de publicar «Ginebra para dos».

Además desde hace dos años soy columnista de la popular revista española Cuore, donde cada semana hablo de los famosos y acabo de estrenar una sección de cocina: Con las manos en el tupper (probad mis recetas, son fáciles de hacer y de llevar a la ofi).

En la actualidad intento sobrevivir en Madrid cuidando de dos niñas pequeñas y comparto vida con Alguien Muy Majo.

Ambientación y contexto

«Ginebra para dos» es un homenaje a mis comedias favoritas del cine de los años 40: «La fiera de mi niña», «Luna nueva», «Historias de Filadelfia», «Arsénico por compasión» o Vive como quieras. Y también a directores o guionistas como Capra o Cukor y (suspiro) Billy Wilder. Su magnífico trabajo para construir romances y despertar carcajadas me inspiraron, aunque yo misma sé que me queda mucho por aprender.

«Ginebra para dos» es la historia de una mujer joven, Silvia Vega, obsesionada por destacar en su carrera y que viaja hasta Ginebra (Suiza) con un único objetivo: conseguir como cliente a una de las empresas de cosméticos más famosas del mundo. Con lo que no cuenta Silvia es con un pequeño detalle: el irresistible Daniel Soler, uno de los creativos más famosos de España, que se interpondrá en sus planes... y hasta aquí puedo contar.

Sus personajes principales

 
Silvia Vega
 
 
Daniel Soler
 
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Ella: Ruth Núñez  Él: Jesús Olmedo

A Silvia Vega se le conoce en la profesión como RH (la maldita Reina de Hielo). Es una treintañera, workaholic, obsesionada por demostrar en un mundo de hombres que las mujeres también pueden triunfar... y tremendamente solitaria por culpa del exceso de trabajo. Acaba de llegar a un momento de su vida en el que las cosas ya no parecen tan brillantes como las imaginaba. Sí, ha conseguido llegar a la cima de su profesión, pero ya no tiene tiempo ni para su familia, sus amigos o ni siquiera para comprar en el Zara. Cuando un trabajo le obliga a enfrentarse a su mayor enemigo profesional descubre que las cosas que importaban antes ya no importan tanto.

Daniel Soler es el hombre del año en España: es atractivo, ingenioso, alto, profesional... Dispuesto a comerse el mundo y a demostrar a sus compañeros de trabajo y a la competencia que no tiene rival, pronto va a conocer que dentro de él hay un chico sentimental, dispuesto a lanzar toda su carrera profesional por la borda a cambio de una sonrisa.

Secundarios a destacar

Para mí los personajes secundarios tienen una importancia crucial en todas mis novelas, porque ofrecen el contrapunto más cómico cuando las cosas se ponen dramáticas. Estoy especialmente orgullosa en esta novela de todos los compañeros de la agencia de Johnson&Jackson que acompañan a Silvia a Ginebra. Especialmente, el Presidente.

Un retrato perfecto de cómo funcionan hoy en día los altos directivos de cualquier empresa española. Pero esta vez puedes reírte en vez de llorar mientras sufres sus ideas absurdas. También me gusta mucho Ginebra como personaje secundario. Es una ciudad maravillosa que os recomiendo visitar y que se deja vislumbrar en la novela.

Anécdotas que contar

El año pasado fue difícil para mí: mucho trabajo en mi agencia, dos niñas pequeñas, los artículos semanales de Cuore... al final me tuve que poner seria conmigo misma y darme un empujón.

Escribí «Ginebra para dos» en un mes y dentro del departamento creativo de una agencia, rodeada de gente dando voces y gritando. Pido disculpas por adelantado por cualquier incoherencia que encontréis en ella.

Alicientes para su lectura

Porque «Ginebra para dos» tiene muchos ingredientes para convertirse en un buen combinado: una heroína en apuros pero no dispuesta a rendirse, un antagonista que es mucho mejor tipo de lo que parece, tensión sexual no resuelta a borbotones, delirantes situaciones, disparatados diálogos, enredos...

 Y todo ello aderezado con un puntita de glamour y gin-tonic del bueno. Espero que os guste mucho y vuestros comentarios.

Un pequeño aperitivo

Pedimos ginebra para dos, acompañada por unas tónicas, y me puse a hablar, hablar y hablar como sólo una chica como yo podía hacerlo en compañía de un hombre tan guapo dispuesto a escuchar todos sus problemas. No sólo le conté nuestro problema con Organics sino también mi día a día en la agencia, los concursos que teníamos pendientes, lo que pensaba del Presidente...
—Es raro encontrar a un hombre que escuche así –le confesé al cabo de un buen rato.
—Es que lo que me cuentas es muy interesante.
Eché la cabeza hacia atrás y reí.
—No hace falta que seas pelota. Me extraña que no hayas bostezado ni una sola vez. La publicidad, a pesar de la imagen de glamour y exotismo que le acompaña, en realidad es un aburrimiento.
—No, claro que no –protestó él—. A mí me parece muy interesante. Por lo menos si lo cuentas tú. Creo que me interesaría igual si fabricaras tuercas en una cadena de montaje.
Enrojecí halagada (nuevamente). La duda era: ¿nos besaríamos antes o después de la cena? Y la segunda duda: ¿cómo sería aquel beso? ¿Sería un beso dulce y lento en el que nuestras bocas se exploraran y cerráramos los ojos para disfrutar de la sensación, nuestras lenguas rozándose suavemente como si tuvieran todo el tiempo del mundo? ¿O sería un beso apasionado, arrebatado, un beso hambriento en el que nuestras bocas más que acariciarse parecería que estuvieran luchando por el control, un beso húmedo en el que las lenguas se batirían sin descanso y nuestros ojos se encontraran enloquecidos, cegados ambos por la pasión del momento? ¿Cuál sería el siguiente paso? ¿Iríamos a su habitación o a la mía? ¿Sería delicado y me cubriría de caricias y besos, sus labios recorrerían cada centímetro de mi cuerpo regándolo de besos? ¿Me susurraría ternezas al oído, sonreiría junto a mi oreja, me prometería mil dones, pasaría el dorso de sus dedos por mi cuello, mordisquearía sin ninguna prisa mi hombro, estaría abrazado a mí durante minutos simplemente notando nuestros corazones latir? ¿O por el contrario se comportaría como un amante salvaje y me arrinconaría junto a una pared, me quitaría la ropa a zarpazos, a mordiscos, recorrería furiosamente mi cuerpo mientras yo recorrería el suyo, nuestras manos activas en un frenesí amoroso que no descansa, hasta que finalmente, en el suelo, ni siquiera en la cama, nos mezclásemos en una escalada de jadeos y sudor?
Hacía mucho tiempo que no me sentía así en compañía de un hombre. Nerviosa, excitada, tonta perdida... como una adolescente. Intenté controlarme un poco pero me era difícil. Comenzaba a sentir ese extraño nudo que se aposenta en el estómago cuando estás en compañía del ser amado o de George Clooney, en su defecto. Mi imaginación exacerbada iba ya muy por delante de mí y comenzó a jugarme malas pasadas. No sólo me veía ya en mi habitación del hotel enseñando anatomía avanzada a aquel Prodigioso Cuerpo Masculino sino que por mi cabeza comenzaron a desfilar imágenes de una vida conyugal en común digna del mejor telefilme americano. Dos niños, un perro y un chalet con un jardincito que habría que cuidar con un cortacésped. Por la noche invitaríamos a nuestros amigos a pequeñas fiestas improvisadas en las que discutiríamos de Arte y Literatura y de los nuevos modelitos que lucía Sienna Miller. Serían unas reuniones cosmopolitas, porque mis amigos serían sobre todo españoles y los suyos serían suizos. O noruegos o daneses. Quizá no estaríamos en un chalet porque en Noruega debía hacer demasiado frío para chalets. ¿Viviríamos en su país o en España? Ni siquiera sabía dónde vivía él, era una relación que aún estaba empezando. Si me pedía irme a vivir con él le diría que no: que primero me dijera su nombre, por lo menos, que ni siquiera sabía cómo se llamaba.
—Pero eso sería imposible –exclamé en voz alta sin pensarlo—, porque yo vivo en Madrid ¿y tú vives en...?
Pero no tuvo tiempo de responderme porque alguien interrumpió nuestra maravillosa reunión.

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