Boletin
Esencia
banner lasdosvidasdemichel
  • Lanzamiento: Junio 2013
  • Visitas en web: 1085
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Diana Lyra Gael

Información de la novela

  • Autor/a: Diana Lyra Gael
  • Título: Las dos vidas de Michel
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: HQÑ eBooks
  • Época: Actual
  • Principales: Michel y Cécile
  • Secundarios: Marie, Bellerose y Luc

Compárteme

Sobre el autor/a

Hola, chicas. Resulta difícil hablar de una misma, sobre todo cuando eres un seudónimo... Sí, bajo mi nombre artístico, Diana Lyra Gael, se oculta otro un poco menos artístico. Exigencias de mantener el misterio. Pero sin desvelar mucho, os diré que vivo en Asturias y que escribo desde la temprana juventud en el género fantástico, por el cual me sentí cautivada en mis inicios humanos y, por llamarlos algo, «profesionales».  De niña, en lugar de ver Vicky el Vikingo veía la Puerta del Misterio del Doctor Jiménez del Oso, que a la mayor parte de vosotras ni os sonará, pero era un señor muy serio y de grandes y tenebrosas ojeras que hablaba ovnis, monstruos y fantasmas… Ah, fantasmas, he aquí el quid de la cuestión que desarrollaremos más adelante…

Estudié una carrera que no se sirvió para mucho en lo laboral pero sí en lo personal. No creo ser original si digo que me encantan los viajes y la fotografía. Y por supuesto la literatura. De leerme todo lo de Lovecraft, Machen y Tolkien pasé a palabras mayores. Soy una lectora todoterreno que todo lo devora, desde los clásicos hasta las historias de amor, que es aquí donde hemos venido a parar. ¡Tantos libros por leer y tan poco tiempo!

Con la idea de mezclar fantasía y romance, escribí «Las dos vidas de Michel» y lo presenté al concurso de Harlequin, No gané, claro, pero me seleccionaron para su colección de HQÑ. La obra fue publicada en junio. Et voilá, aquí estamos respondiendo esta entrevista sobre el particular.

Actualmente escribo una novela romántica con un protagonista sumamente original y que es al tiempo homenaje a nuestras letras hispanas y a uno de sus mitos más internacionales y famosos… Por descontado, contiene elementos paranormales, y mucha, mucha pasión… pero eso se verá en el futuro.

Ambientación y contexto

«Las dos vidas de Michel» está ambientada en un château en el pueblo de Melun, Francia, muy cercano al famoso palacio de Fontainebleau, al sur de París. Es un enclave de gran valor histórico y cultural, y también natural. Mucha gente hace rutas en bici o a pie por los bosques de la zona, que son parque nacional de Francia. Además de recibir un gran número de turistas que van a ver el espectacular palacio donde, entre otras cosas, se firmó el tratado del mismo nombre en el cual Francia y España acordaron invadir Portugal. Si sois amantes de la cultura francesa o europea, por ende, os encantaría visitarlo.

Aunque la mayor parte del libro transcurre en el château y sus alrededores, los personajes viajan en alguna escena a París, una ciudad que me fascina por su grandiosidad, o grandeur como dicen ellos. No pude resistirme a incluir una escena, una de mis favoritas, por otro lado, en la torre Eiffel.

Mucha gente me pregunta sorprendida por qué ambientar en Francia. Bueno, quería separarme un poco de la corriente general y de las tendencias a lo anglosajón. París es una ciudad cargada de romanticismo en todos los sentidos. Pero curiosamente, algunos lectores me han hecho notar su extrañeza por los nombres franceses. Al parecer, están más acostumbrados a los de origen inglés. Es curioso.

Sus personajes principales

 
Michel D'Albis
 
 
Cécile Jourdan
 
lasdosvidasdemichael el lasdosvidasdemichael ella
Él: Nicolaij Coster-Waldau Ella: Virginie Ledoyen

Michel D’Albis: Nací a mediados del siglo XIX en el sur de Francia, en el seno de la Baronía D’Albis de Gissac. Mi padre, aficionado a las artes oscuras, me transfirió su obsesión por la magia, el satanismo y todo lo demás. Aunque os asuste, he de decir que durante la mayor parte de mi vida adulta estuve dedicado a experimentos prohibidos con la magia en busca de la vida eterna. Mi pasión era encontrar una fórmula para vivir por siempre y con todas las cualidades y potencias de la juventud. Mi otra pasión, no menos importante, eran las mujeres… No es por presumir, pero soy o era un hombre apuesto, alto, con el cabello arrubiado, y los ojos verdes, detalles muy apreciados en mi época por las bellas damas… de las que siempre estaba hambriento. Sí, y cuanto más inocente era la doncella más placer hallaba en seducirla y perderla, para luego olvidarla. No conocía ningún límite en mi libertinaje, hasta el punto de llegar a enfrentarme con mi amigo de infancia por una mujer… Un mal asunto que me convirtió en lo que soy… un fantasma que vaga por la mansión de Melun en busca de la oportunidad de regresar al mundo material.

Hasta su muerte, la señora Bauvan, propietaria de la casa, fue mi amiga y ayudante en este menester, pero cuando se fue volví a quedar a perdido en el limbo. Por fortuna, la nieta de mi amiga, la bella Cécile, dotada de un don para ver fantasmas, apareció en mi no-vida trayéndome de nuevo la esperanza del retorno… y algo más. Sé que fui un malvado y que lleve a muchos y muchas a la ruina, pero ahora tengo una oportunidad para hacer las cosas bien. Y Cécile descongela mi corazón muerto de un modo que jamás conocí…

Cécile Jourdan: Todos los que me tratan dicen que soy amable, educada y discreta. Me gustan los clásicos, tanto en literatura como en música. Mi mejor amiga me llama sumisa y pasiva, y también burguesa. No puedo negar que antes de trasladarme vivía en un elegante apartamento del centro de París que me regalaron mis padres, personas no precisamente pobres. Según ella lo aguanto todo. En especial a mi marido Luc, guapísimo y triunfador en los negocios, pero dominante e «infiel». Bien, eso dice mi amiga Marie, que no lo traga. Reconozco que no me impongo cuando debería y que añoro tiempos mejores, cuando éramos una pareja feliz y no veía lejano el tener hijos, cosa que no sucedió, ya que Luc nunca encontró el momento adecuado para ello. Pero lo cierto es que paso mucho tiempo sola cuando no estoy en mi trabajo de organizadora de eventos.

Cuando heredé esta mansión de una abuela con la que apenas había tenido trato, mi soledad se acrecentó. Me parecía un lugar romántico y silencioso, sin embargo, acorde con mi forma de ser introvertida. No soy persona que guste de ruidos y alborotos sino de placeres sencillos. La mujer del guardés me acompañaba a dar paseos o a su cocina para preparar postres y pasteles. Ya el primer día percibí presencias extrañas. Sí, podéis no creerme, pero en esta casa hay un fantasma. Y no uno cualquiera. Este hombre que se materializa ante mí, y que no parece que fuera nada feo en vida, es un peligroso satánico obsesionado con vivir para siempre. Oh, pero no me da miedo. Conmigo muestra una educación exquisita. Se le nota de buena familia. Me acompaña, lleno mis días con la investigación conjunta que realizamos sobre su pasado y sus opciones para regresar. Me gustaría que no fuera un fantasma y pudiera tocarlo aunque solo fuera unos segundos… Pero nos separa la última y más impenetrable de las barreras… Algún día… si encuentro la  pista definitiva…

Secundarios a destacar

Marie: Soy la mejor amiga de Cécile, aunque no me merece. Ella es rica, yo soy pobre y a mucha honra. Alguien tiene que recordarle que es una privilegiada y los demás no podemos tener criados y esas cosas, ni vivir en mansiones. El amor de mi vida es mi esposo Fred, que está en silla de ruedas. No lo cambiaría por nada del mundo por el guaperas de Luc que es lo peor de lo peor. La engaña con todas, aunque ella lo niegue o no quiera verlo. Tonta. Tengo que abrirle los ojos a la realidad porque la pobre va de mal en peor. Ahora le da por decir que en su casa hay  un fantasma varonil y guapo… Sí, claro, y el psicólogo te diría que necesitas un hombre yaaa, uno que no sea tu aprovechado marido. Menos mal que me tomo todo con buen humor.

Bellerose: Me obsesiona esta mansión y sus misterios desde que hablé con la difunta y obcecada señora Bauvan, que no me dejó investigar al fantasma que sé positivamente que habita en la casa. Solo hubiera sido poner unos aparatitos por aquí y por allá, unas cámaras de infrarrojos, ya saben, maquinitas que usamos los parapsicólogos para detectar presencias… Nunca vi un lugar tan objetivamente infestado. Si lograra capturar al fantasma… podría demostrar al mundo la realidad de los fenómenos paranormales. ¡Me haría famosa! Tengo que intentarlo con la nueva dueña Cécile Jourdan, que parece más manejable y boba que la vieja…

Luc: Quiero a Cécile, aunque ella no lo crea, pero necesito alicientes que ella no me da. Muchos creen que sigo con ella porque su padre me ha puesto de gerente del negocio familiar en París, pero es falso… Bueno, eso es una razón de peso, pero no la única. Repito, la quiero. Con el tiempo las parejas van perdiendo pasión. Es lo normal ¿no? A ella no le gustan mis amigos, ni a mí los suyos, pero bastante hago con admitirlos en casa. Me encanta la nueva casa ahora que por fin la he decorado a mi gusto y ya no parece el castillo de Drácula… No sé qué sería de Cécile si no llevara yo las riendas de todo. Ahora parece distraída y metida en asuntos extraños. Tendré que vigilarla para que no me gaste el dinero en tonterías…

Anécdotas que contar

Solía escribir novela fantástica o de misterio, pero al descubrir el concurso de Harlequin decidí presentarme con una novela que aunara mi pasión por lo fantástico con el romance. Y Harlequin confió en mi propuesta. A los pocos días de fallarse el concurso me escribieron para mostrar interés. Lo cierto es que me sorprendió, siendo el tema que era.

No es la primera novela que utiliza un fantasma en el género, por descontado. Incluso en España varias autoras se han atrevido. Sin embargo, me pareció original dentro de lo que cabe mostrar cómo sería la «vida» de una criatura de estas características (dando por hecho que existe, en la obra al menos).

En algunas novelas románticas con fantasma sorprende la gran intensidad de las pasiones, y que incluso haya sexo. No digo que no pueda ser utilizando algún subterfugio para que los protagonistas tengan relaciones pero yo me decanté por una opción menos carnal.

En mi novela al fantasma le supone un gran gasto de energía materializarse. Quería que hubiera el mayor impedimento posible para potenciar su relación digamos espiritual. Eso no quiere decir que no haya alguna escena pasional, sobre todo al final, por supuesto. De todas formas, tenía muchas dudas sobre como afrontar algo así, tan fantástico.

Alicientes para su lectura

Como dije antes, novelas de fantasmas hay muchas. Pero si tuviera que destacar algo sobre la mía es que no se centra solo en la relación romántica sino también en el misterio y en el tema paranormal, que a veces suele estar demasiado de fondo en estas historias. Quien busque una grandísima pasión con escenas hot no la encontrará, pero sí un amor que busca destruir las fronteras y barreras que impiden esa pasión para que esta pueda consumarse algún día. Algo romántico en el sentido clásico del término. Y es que yo, como Cécile, soy bastante clásica en mi visión del romanticismo. No, nada de azotes, cadenas, ni látigos…

Hay mansiones misteriosas, un protagonista con un pasado muy turbio, que fue malvado y que desea cambiar una vez le sea concedida la segunda oportunidad que anhela, una mujer dominada por su marido que lucha por liberarse también y encontrar un hombre que la respete y la ame de verdad, toques de humor con las intervenciones de los amigos de Cécile y de la parapsicóloga Bellerose, drama, unas gotas de ambiente gótico, tumbas, cementerios, acción trepidante al final… ¿Qué más se puede pedir? Además, es muy barato el ebook, que eso también cuenta.

Un pequeño aperitivo

Os incluyo dos fragmentos, uno en la torre Eiffel y otro más dramático. ¡Disfrutadlos!

Así que contempló sola las estatuas doradas del palacio de Chaillot, y a la propia torre, que se erguía no muy lejos de la explanada, al otro lado del río, inalterable, orgullosa e indiferente a los cientos de turistas que formaban cola entre sus enormes pilastras de metal remachado. Ella tenía muchas fotos allí, con Luc y con su amiga, con sus padres, de niña. Le hizo gracia pensar que no podría hacerse ninguna con Michel. Pero ¿quién quiere tener recuerdos de un fantasma?
Con determinación, caminó y cruzó el puente hasta llegar a los bajos de la enorme torre de traviesas metálicas, señora del Campo de Marte y de toda la villa de París desde 1889. Pensar que Michel había estado presente durante su construcción le abría un abismo en el pecho.
Para evitar la cola enorme que conducía a los ascensores, Cécile se dirigió hacia la entrada por la escalera, donde había menos gente. Pasó el control e inició el ascenso, peldaño a peldaño. Él no se cansaba, había dicho. Lo recordó cuando llegó al primer piso, casi diez minutos después. Michel seguía sin aparecer, así que optó por seguir subiendo.
En el segundo piso, tomó el ascensor para la cúspide.
—Qué bonitas vistas —dijo entonces Michel, cuando ella ya trataba de atisbar el plano de la ciudad a través de la malla metálica que disuadía a los suicidas de utilizar la la torre como destino favorito de una muerte romántica—. El Sagrado Corazón, allá en Montmartre...
Cécile escuchó como repetía los nombres de los barrios e hitos parisinos, según rodeaban la cabina donde estaban las figuritas de Eiffel y Edison. Sus palabras cambiaban la fisonomía del paisaje. Creía ver esas mismas casas, manzanas y distritos en color sepia, recorridas sus calles adoquinadas por carruajes y damas con polisones y sombreros, por caballeros elegantes y soldados de hermosos uniformes a caballo. Sintió un irrefrenable deseo de abrazar a D'Albis y besarlo con ese maravilloso mundo antiguo y lejano de fondo, pero él no existía en este plano.

La libertad. Michel repetía para sus adentros la palabra que siempre había amado más. El conocimiento, el placer, la vida... Todas las demás palabras surgían encadenadas a aquella. La belleza, las mujeres, un seno cálido donde reposar el pecho... La vida eterna para gozar de todo eso, en libertad siempre, como un romántico que vende su alma al diablo y luego se arrepiente y lo burla.
Varios barcos de turistas recorrían el Sena, apenas una cinta plateada desde las alturas. Pasaban bajo los puentes como deslizándose en el tiempo, sin prisas, llenos de personas vivas que se habían olvidado de su propia mortalidad. La contemplación del puente de Alejandro III los suspendía en un instante eterno fuera del cual no existía el temor, aún visto bajo la niebla que nimbaba sus ojos mentales. ¿Por qué no había sido él así en sus tiempos? De todo lo que veía solo una cosa le producía el efecto admirativo que intuía en otros. Cécile también parecía admirada por la inmensidad de la ciudad desplegada a sus pies como un conjunto de piezas ensambladas solo para su gozo. Cécile era la mejor obra de arte que tenía ante sí. Ciertamente, estaba casada; aunque, pensándolo mejor, no muy bien casada. Merecía algo mejor... incluso mejor que él mismo. La libertad. Ese deseo indómito de buscar algo nuevo sin trabas acabaría distanciándolos en caso de que alguna vez pudieran rozarse siquiera.

—No hables, no tenemos tiempo. Si por ventura no lográramos culminar con éxito esta empresa déjame que haga esto, que podría ser mi último acto sobre la tierra. Nunca lo hice en vida, no así...
Cécile meneó la cabeza como si no comprendiera lo que le estaba diciendo. Pero Michel no se lo explicó con palabras. Haciendo acopio de toda la energía latente en el cuarto se hizo visible. Cécile dio un paso atrás. La escarcha cubrió los muebles cuando el cuerpo de D'Albis, además de visible, se tornó tangible, sólido como si fuera un ente físico, pero envuelto en un destello verdoso. Ella abrió la boca para decir algo. Pero Michel la abrazó y la besó antes de que pudiera siquiera pensar qué palabras convenían al caso. Fue solo un segundo, pero tan intenso como si se condensara en él todo el amor, toda la vida, toda la sangre, todo el deseo, todo un mundo. Y después se volatilizó.
—¡Michel! —gritó Cécile, aturdida—. ¡Michel, no me dejes!
Las lágrimas que se habían secado volvieron a brotar de pronto, humedeciéndole el rostro. Todo su cuerpo temblaba. En su lengua y sus labios aún conservaba el cosquilleo eléctrico de aquel breve pero sublime beso de ultratumba. Durante unos segundos se quedó inmóvil, sin saber qué hacer, con el curso de los pensamientos detenido en un remanso de confusión, mientras a su alrededor, la escarcha se derretía.
Michel ya no estaba. ¿Cómo se le había ocurrido cometer esa locura que ponía en peligro su existencia ahora que era cuando más lo necesitaba? En ese momento, solo se tenía a sí misma para terminar lo que había empezado. Era sin duda, un loco, un loco romántico que ya no temía a nada. Pero ella no quería que se perdiera para siempre. 

Y, el booktráiler...

Leave a comment

Please login to leave a comment.