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  • Lanzamiento: Diciembre 2012
  • Visitas en web: 1540
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Lucia de Vicente

Información de la novela

  • Autor/a: Lucía de Vicente
  • Título: Lazo Eterno
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Éride
  • Época: Actual
  • Principales: Marcos y Marina
  • Secundarios: Lucas y Belén, amigos de la pareja, y Rúbem, jefe supremo

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Sobre el autor/a

Ummm. ¡Menos mal que he sido capaz de interceptar esta entrevista! Chicas de RH, ¿os habéis vuelto locas dejando semejante bomba de relojería en manos de Lucía de Vicente?

Bueno, como podéis imaginar, soy Marcos Pessaro. Lucía os diría que soy un producto de su imaginación, pero como veis, no es cierto. Así que me vais a permitir que, en esta ocasión y para variar, sea yo quién os hable de la descerebrada a la que se le ocurrió escribir «Lazo Eterno».

Seguro que yo lo hago mucho mejor que ella, porque Lucía es, a pesar de que se empeña con todas sus fuerzas en ocultarlo, la clásica tímida pudorosa que, a base de «ensayo-error», ha terminado pasando a ojos de todo el mundo por una descarada, intimidante y decidida, muy segura de sí misma. Pero creedme, nada más lejos de la realidad.

Ella os diría que ya no tiene edad para tonterías, pero yo no estoy de acuerdo —lo que no tiene nada de particular teniendo en cuenta que yo nací en el año 66 a. de C. y ella en 1960—. Creo que, aunque a ojos de los mortales ya ha entrado en lo que hoy se llama «una edad madura», mentalmente aún sigue siendo una cría con mucho que decir y fantasear. La prueba está en que la mayoría de sus amigos, y sobre todo sus amigas, son mucho más jóvenes que ella e, incluso, algunas podrían ser sus hijas. Afortunadamente, con los hombres tiene otro baremo y los prefiere «creciditos». (Bajo mi punto de vista no hay nada más desafortunado que una madurita que pierde los papeles por un yogurín).

Pero vamos, Lucía siempre ha sido una chica «rarita». Ya desde pequeña apuntaba maneras, porque aunque nunca ha sido introvertida ni tímida, era lo que se suele conocer como la típica «ratón de biblioteca». Un ratón un pelín ruidoso, eso sí, pero siempre rodeada de libros y papeles en los que volcar su desproporcionada imaginación. Ya entonces sus padres tenían problemas con ella cada vez que entraban en una librería-papelería; cualquier artículo que allí pudiera ver se convertía, automáticamente, en su perdición. Y fijaos, cinco décadas después, sigue igual.

Ya os digo, una criatura un poquillo «pirada», con una filosofía de la vida un tanto controvertida. Eterna abogada de pleitos pobres, parece perseguir los problemas y, dejándose llevar por los impulsos, termina siempre poniéndose de parte del perdedor. Digo yo que, a estas alturas, ya debería de haber aprendido de mí y adquirir una posición más inteligente aunque no fuera tan sincera, pero la pobre mía no tiene dobleces; piensa con ideas propias y dice lo que piensa, cualquiera que sea el precio que le suponga hacerlo. ¡Así le va la vida! Pero ella dice que no le importa, que la sinceridad es su slogan y que el que la quiera, tendrá que aceptarla con todas sus consecuencias.

Tal vez por ese motivo, o porque lo que más le gustaba en el mundo era escribir, decidió estudiar periodismo. Aunque enseguida se dio cuenta que ni siquiera en los medios de comunicación se puede ser realmente sincero, así que durante más de doce años se puso a trabajar como secretaria de dirección y dejó a un lado su pasión por la escritura. (Al menos de forma pública, porque siguió escribiendo «sus historietitas», como ella las llama).

Y, al final, como no podía ser de otra manera, siendo como es, sucumbió a la llamada de la tinta y el papel couché y dejó su responsable, respetable y bien remunerado puesto de trabajo en una empresa de nivel nacional con un montón de empleados, por las candilejas y la locura del mundo de la prensa.

Allí conoció al que hoy es el hombre con el que comparte su vida desde hace ya veintidós años y con el que hace trece inició un proyecto común llamado Javier; un crío maravilloso que es la luz de sus días y el único que le hace bajar a menudo de su nube y poner los pies en la tierra. Por él dejó también sus colaboraciones para el periódico La Razón y en la revista Hola, e incluso dio carpetazo a la agencia de prensa que había montado con su pareja; un hombre ante el que este vampiro machista se quita el sombrero. Un tío de los pies a la cabeza, inteligente y buena gente que, con suave mano izquierda —y mucho amor—, ha sabido plegar la rebeldía de la De Vicente. Ufff, ¡el trabajito que nos da!

Fijaros si será rebelde, la muy loca, que con la que está cayendo se le ocurre dejarlo todo y dedicarse al mundo de la romántica… ¿Pero quién cree hoy en día en los valores del amor? Pues ella, que siempre va a contracorriente.

Así que haciendo acopio de todo lo que había ido aprendiendo a nivel autodidacta, y unos cuantos cursillos hechos aquí y allá a lo largo de los años, empieza a hacer correcciones literarias y decide, emprender con un amigo editor, la ardua aventura de dar vida a un sello editorial llamado Colección Letra eNe que depende de Éride Ediciones y que tiene como objetivo la publicación de novela romántica de autoras españolas. ¡Uno más de los muchos retos de su existencia!

Y allí fue donde, por una de esas vueltas del destino, a pesar de sus reticencias pero gracias al empeño de sus incondicionales amigos, publicó su primera novela, «Cuando pase la tormenta», en octubre de 2011. Ahora dice estar agradecida por el empujón —porque terca es para aburrir—, pero se mata con la razón diciendo que era más feliz cuando escribía para ella misma y sus amigos.

Aunque claro, ahora que ha despertado al gusanillo del reconocimiento público, ya no quiere bajarse del carro, lo que yo lamento porque mi historia, que dejé que escribiera puesto que nunca iba a ser publicada, ha visto también la luz. ¡Pero qué se le va a hacer! Lo acepto porque ella es una fiel amiga de sus amigos. La amistad y la lealtad es lo que rige su día a día, y ante eso, ¿qué otra cosa podía hacer yo que permitirle que sacara mis trapos sucios a la calle? Mi obligación es responderle con la misma moneda y, aunque «Lazo Eterno» estaba escrito antes que «Cuando pase la tormenta», no he sido capaz de convencerla para que lo postergara más tiempo.

Ambientación y contexto

«Lazo Eterno» está ambientada, principalmente, en Madrid, porque ahí es donde yo, su protagonista, vivo y me muevo en mi día a día. No sólo Madrid capital, una ciudad que la autora conoce perfectamente dado que es su lugar de nacimiento y residencia, sino también cuenta algún episodio en los pueblos limítrofes, como Cercedilla.

Pero los escenarios están un poquito desvirtuados con la realidad porque, como supondréis, no podía permitirle que contara todo tal cual es. Así que Lucía se ha dejado llevar por los lugares que conoce de primera mano: la casa donde ella misma nació y creció; la que compartió durante los primeros años de convivencia con su marido; la de una amiga; los lugares a los que acude o ha acudido durante su vida como periodista… Eso sí, sin dejar de echar imaginación al asunto, porque nada es literal.

Por ejemplo, Imperium, mi discoteca, está basada ligeramente en la discoteca Pachá; las oficinas centrales de mi empresa y mi despacho es, más o menos, el lugar donde ella se dejó la vida y los ojos mientras ejercía de secretaria y el despacho de su jefe; mi casa la ha ubicado en donde tiene su residencia un famoso empresario de la jet-set que todos conocéis, aunque por dentro se ha inspirado en el Palacio Rioja de Viña del Mar, Chile; la casona a la que trasladan a mi adorada Marina durante su secuestro es, y será, el chalet social a donde ella iba a pasar algunos fines de semana cuando era joven y pertenecía al Real Club de Montañismo Peñalara, y así podría seguir hasta el infinito porque, cada lugar y cada espacio pertenece a algo real.

Pero aparte de Madrid, esta historia no se hubiera podido contar sin hacer alguna excursión por el lugar donde hoy se centran nuestros orígenes, donde se sitúa nuestra Casa Madre, que es Egipto, y más concretamente el templo de Dendera.

Sus personajes principales

 
Marcos Pessaro
 
 
Marina Miralles
 
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Él: Hrithik Roshnan
Ella: Aishwarya Rai

En fin, por supuesto, ése no soy yo, Marcos Pessaro. Ésa es la foto del actor que Lucía de Vicente ha elegido para representarme en el booktrailer. Y no se trata de que mi esencia vampírica me impida fotografiarme, jajajaja, porque fotos mías hay por cualquier sitio ya que eso de que los vampiros no seamos corpóreos y la magia de la imagen sea incapaz de capturarnos es una falacia, pero no puedo dejar que me conozcáis realmente y unáis mi imagen a mi condición. Eso sería demasiado peligroso para mí y… también para vosotros. Bien es verdad que Hrithik Roshan se me parece un poco, pero sin ánimo de parecer prepotente, yo soy más atractivo, peligroso y elegante. Para mi gusto, al actor hindú le falta un poquito de mi glamour…

Y en cuanto a mi persona… Ya os he contado cuál es mi principal característica: soy un vampiro muy, muy antiguo —como os he dicho antes, nací en el año 66 a. de C. en Pisaurum, la actual Pessaro (de ahí mi apellido), una pequeña localidad italiana bañada por el mar Adriático situada en la actual región de las Marcas, cuna también del célebre compositor Gioachino Rossini—, condición ésta que indefectiblemente marca mi vida y mis hechos.

Dejando eso aparte, mi biografía pública es de sobra conocida por todos a pesar de que ahora no seáis capaces de unir los hilos. Soy un poderoso empresario de la jet-set española —que se hace llamar de otra manera en la vida real aunque Marcos Pessaro es mi auténtico nombre—, con un montón de tentáculos sociales y financieros. Vamos, ¡una alhaja!

Y, como Lucía os ha hecho ver a través de las páginas de «Lazo Eterno», no me queda más remedio que reconocer que soy todo eso de lo que ella me acusa y un poco más: prepotente, misterioso, manipulador, machista, metódico… Pero en mi defensa sólo puedo alegar que, ¿qué otra cosa podría ser? Insisto, ¡soy un vampiro!

Un vampiro desde el primero hasta el último poro de mi cuerpo y mi alma, y aunque Marina ha logrado pulirme un poquito, dos mil setenta y ocho años de vida consiguen que las costumbres se arraiguen hasta la médula. Supongo que no esperaréis que me convierta en un osito de peluche de un día para otro, ¿verdad? Bajo mi punto de vista he de reconocer que con mi fatum he claudicado incluso demasiado.

Mi Linaje, mi raza, es antiguo, orgulloso, poderoso… Y nosotros, los Plumbum Cruor —que es nuestro verdadero nombre— estamos encantados de ser lo que somos y felices de nuestra esencia; nada que ver con el típico vampiro torturado que presenta la ficción. Tampoco somos esos monstruos sedientos de sangre que lo único que quieren es eliminar al ser humano de la faz de la tierra —al fin y al cabo, nosotros también somos humanos—, ni matamos por placer ni para alimentarnos, ya que la sangre no es nuestro mayor sustento, sino la energía vital, que os absorbemos con o sin vuestro permiso.

Y para dejar todo esto más claro, repetiré aquí las palabras que en su día dije a Marina: «no vivimos de espaldas al resto de nuestros congéneres. Lo hacemos con ellos, no contra ellos. Compartimos tu mundo, tu espacio y, a grosso modo, tu misma forma de vida. No somos asesinos ni pretendemos la destrucción de las personas. No arrebatamos la vida ni convertimos a nadie en lo que nosotros somos. Asumimos los mismos gobernantes, las mismas leyes, las mismas necesidades básicas y el mismo deseo de medrar económicamente y alcanzar un alto estatus social. En resumen, como tú; como todos los que poblamos este planeta. Vivimos y dejamos vivir».

En fin, no me alargo más. Puestos a desnudar mi alma, prefiero que lo descubráis por vosotras mismas…

En cuanto a Marina… Marina es…

♥♥♥♥♥

¡Eh! ¡Eh, Marcos, alto ahí! Yo me presento sola. Una cosa es que con tu afán manipulador no dejes que Lucía tenga acceso a esta entrevista, pero yo… Yo estoy aquí y veo lo que estás escribiendo y no voy a dejar que hagas esto por mí. Yo me basto y me sobro sola.

Hola, amigas, yo soy Marina Miralles. Tampoco soy la chica de la foto, Marcos se ha negado a dejarme poner la auténtica porque dice que por el hilo se saca el ovillo y, a tenor de mi imagen, podríais descubrir su falsa identidad pública. Pero bueno, os diré que Aishwarya Rai se parece bastante a mí. Incluso más que Hrithik a Marcos, al menos físicamente.

En cuanto al resto, poco de particular puedo contar. Lo típico de una humana normal y corriente. Soy una chica del siglo XXI, con sus cualidades y defectos.

Culturalmente instruida —que mi trabajo me costó sacar adelante mis dos carreras universitarias—, con una inteligencia media y un carácter demasiado fuerte para mi bien en muchas ocasiones, me pierdo cada vez que Marcos me mira. La verdad (os lo confieso ahora que él se ha ido a dar la chapa a sus chicos y no me lee), Pessaro consigue derribar todas mis barreras y, ante sus ojos grises, casi plateados, me vengo abajo y claudico por mucho que mi sentido común me diga que no lo haga.

No es que sea bipolar, no, es que estoy enamorada de él hasta el tuétano y si me pide que haga el pino, aunque proteste de cara a la galería, sería capaz de hacerlo incluso con las orejas. Además, hay algo dentro de mí que no puedo controlar, y os garantizo que no es el amor lo que me impele a hacerlo; pero esa parte mejor que la descubras a través de «Lazo Eterno».

Diréis que vivo en una auténtica montaña rusa, y en cierta manera así es. Todavía soy demasiado joven para asimilar todo lo que me ha ocurrido en los últimos tiempos, pero voy superándolo como puedo. Mi vida tranquila, como directora de Relaciones Públicas de una empresa internacional, se vio trastocada de la noche a la mañana de la mano de una especie de hombres que, aunque intuía su existencia, ni siquiera era capaz de imaginar. ¡No quisierais veros en mi pellejo! Y tampoco os lo deseo. Bregar con estos seres, especialmente con los masculinos, es… fatigoso. Vale, sí, también emocionante y…

No, no voy a poneros los dientes largos, que para dentadura ya tenemos bastantes con las que hay por aquí.

Pero a lo que voy, aún estoy aprendiendo todo lo que me rodea. He tenido en estos últimos meses experiencias maravillosas y otras no tanto, algunas estremecedoras y en más de una ocasión muy esclarecedoras. Haciendo balance os diré, que no me arrepiento de nada.

Y, como soy demasiado leal a los míos y no quiero meter la pata —que parece que es mi especialidad—, no voy a contaros nada más. Leed «Lazo Eterno» y saldréis de dudas. Si acaso, hablamos después, cuando ya tengáis material para debatir.

Secundarios a destacar

Bueno, puesto que Marcos se ha ido porque le han reclamado para atender una emergencia protagonizada por los mutatos, ya sigo yo.

Como secundario principal os voy a hablar de Rúbem, o We-ben-Senu, que es su verdadero nombre; aunque claro, yo no soy muy imparcial en este tema y ya descubrirás los motivos. Sólo puedo decir que yo sin Rúbem no hubiera podido sortear y superar este tramo del camino.

Rúbem es el Master Supremo de la sociedad Plumbum Cruor; vamos, en cristiano, el jefazo de los colmilludos. Un vampiro con tanta antigüedad que ni siquiera aún hoy en día sé la edad que tiene. Un sumo sacerdote del templo de Set que dicta, como si fuera un dios todopoderoso, los designios de todos los de su raza. Él se encarga de hacer que las Normas se cumplan y es el primero en seguirlas cuesten lo que cuesten. Un personaje entrañable que, a pesar de su edad, te hará suspirar y desear. ¡Ya me lo contarás cuando le conozcas!

Y tampoco puedo dejar de mencionar a Belén y Lucas, nuestros partenaires en el aspecto romántico y los mejores amigos que tanto Marcos como yo podíamos desear.

Belén Peláez es mi amiga íntima. Ya lo era antes de caer en esta vorágine de vida que llevo ahora. Baste decir que si no hubiera sido por su sabia intervención, es posible que ahora no pudiera estar escribiendo esto y la historia sería totalmente diferente. Ella es una inspectora de la Brigada de la Policía Judicial que, ya veréis, no es exactamente lo que parece o dice ser, pero se acerca bastante a lo que nos muestra.

Y Lucas… Lucas Rivero es el lugarteniente de Marcos. Su mano derecha, casi un amigo, aunque ninguno de los dos lo reconozca. Un vampiro de apenas trescientos años de vida que, en secreto, lleva enamorado de Belén desde que nació —o sea, un suspiro, veintinueve años—. ¡Qué hombre este Lucas! ¡Cómo me alegro de que Belén le haya encontrado, hallándose de paso a sí misma!

Leyendo «Lazo Eterno» no vais a enteraros del total de su historia, pero tendréis algunos retazos que os harán sonreír y suspirar. ¡Es tan bonito todo lo que les ocurre!

En cuanto al resto del elenco de secundarios, bueno, hay un poquito de todo. Pero quitando a los malos-malísimos, de los que no os digo nada porque mejor los descubráis por vosotras mismas, los demás son comparsa. Una comparsa muy interesante e instructiva, pero leed, leed y valorad.

Anécdotas que contar

Esas os las tendría que contar la propia Lucía de Vicente, pero Marcos se ha negado a que vea esta entrevista y yo… Bueno, a mí también me parece buena idea.

Os contaré algo que ella me comentó un día mientras tomábamos café; cómo surgió el personaje de Belén. Porque, como puedes imaginar, mi amiga del alma tampoco se llama así en realidad. ¿O sí? Eso no estoy autorizada a revelártelo.

Baste decir que hay una amiga de Lucía —y ésta sí se llama Belén, Anguas para más señas— que, como la de «Lazo Eterno», también es inspectora de policía. Lucía, que es picajosa con la documentación hasta la saciedad, necesitaba alguien que le facilitara actuaciones y procedimientos policiales reales, así que habló con ella y le pidió ayuda. Y Belén —la real—, le dijo: «vale, yo te informo de todo lo que tú quieras con una condición: tienes que hacer que uno de los personajes de tu novela se llame con yo», y Lucía, ni corta ni perezosa, la dibujó tanto a nivel físico como psicológico en la propia Belén Peláez. Por lo tanto, digamos que… No, mejor no decimos nada; Belén Peláez es la realidad misma. Y no, en ella no ha cambiado ni el nombre.

Alicientes para su lectura

Veamos… Yo os diría que tenéis que comprarlo porque Lucía ha puesto mucho empeño en que conozcáis este mundo paralelo que, sin que lo sepáis, gira a vuestro alrededor y a vuestro mismo ritmo, pero claro, tal vez ése no sea un argumento muy objetivo. Quiero tanto a la autora como ella me quiere a mí, y os garantizo que me ha demostrado que es mucho.

Lo cierto es que puede que penséis que incluso yo, que estoy escribiendo estas líneas, y Marcos que ha estado por aquí antes que yo, no somos reales y sólo somos producto de la imaginación de la autora. Sin embargo, para convencerte de que estás en un error no es necesario que yo me explaye, lo mejor es que compres «Lazo Eterno» y te empapes.

Te garantizo que, cuando llegues a la última página, después de haber penado un poquito conmigo; de haberte enterado en qué consiste la ceremonia del Lazo Eterno, el Ritae y el Lazo Sagrado; de conocer un poco más nuestras normas y jerarquías, cerrarás el libro y dirás… «Ay, Dios mío, ¿qué hay de verdad y qué de ficción en esta novela?». Luego mirarás a tu alrededor y buscarás en las sombras.

Quizá incluso descubras a algún calvorota potente y creas reconocer a Rúbem, o sientas que alguien drena sin tu permiso tu energía vital y tiembles. Porque no me negarás que eso te ocurre más a menudo de lo que te gustaría y aún ahora, sueles decir a tus amigos: «no soporto a Fulanito/a; es un vampiro energético. ¡Me deja seca!». Pero, después de leer «Lazo Eterno», cuando tengas esa sensación la próxima vez, no podrás evitar un respingo y rezarás para que se trate de un plumbum cruor y no un mutato, asqueroso y rastrero.

Así que, corre, ve a la tienda y hazte con un ejemplar. Al menos, que la ignorancia no te haga quedar en bolas ante la evidencia y sepas a lo que te atienes…

Un pequeño aperitivo

—¡Decídete! —continuó él— Esto es un pack, todo o nada; aunque empieza a ser un poco tarde para elegir… ¡Tú dirás!
No fue capaz de detener las palabras que acudieron a sus labios.
—¡Adelante, señor Pessaro, me tiene en ascuas! ¿O debería llamarte Danger? —le tuteó ella también, mirándole fijamente.
Sabía que era una temeridad y debería tener miedo, pero lo único que sentía era un deseo suicida de abofetear a aquel imbécil que había pagado su amistad y confianza con la peor de las recompensas: el engaño.
—Mi gente me llama Master, pero tú puedes llamarme como quieras. Nunca pondría pegas a una mujer que me considera «oscuro y atractivo como el pecado».
—En ese caso, podría llamarte hijo de p… —No acabó la frase. La risa de él, tétrica y cavernosa retumbó en las paredes—. Quizá te parezca muy gracioso engañarme como a una incauta y pretender hacerte pasar por un amigo. Sonsacarme y utilizar mis miedos y mis anhelos en tu propio beneficio y jugar conmigo como si fuera un peón en tu extraño tablero de ajedrez; pero estás muy equivocado conmigo, Danger, Marcos o como narices quieras llamarte. ¡Eres peor que un insecto!

Y hasta aquí puedo leer… Si quieres saber lo que pasa después, no te va a quedar más remedio que sucumbir a «Lazo Eterno».

Y, el booktráiler...

Comments (2)

  • ELFLED

    ELFLED

    11 Enero 2013 at 14:40 |
    Bueno, chicas, no sé vosotras. Yo, después de leer este artículo estoy deseando hacerme con un ejemplar y que Marcos me clave sus dientes... o me robe la energía... o lo que sea que haga...

    reply

  • manuela

    manuela

    18 Enero 2013 at 14:44 |
    Igualmente ELFLED decidida estoy a hacerme con un ejemplar y que Marcos me clave sus dientes.

    reply

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