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  • Lanzamiento: Agosto 2013
  • Visitas en web: 1063
  • Bienvenidas a la Sala de Conferencias de RH

Autor/a

Gema Ben Soler

Información de la novela

  • Autor/a: Gema Ben Soler
  • Título: Los días perdidos
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Autores Premiados
  • Época: Actual y II Guerra Mundial
  • Principales: Pilar y Marcus
  • Secundarios: Oskar, Tobías y Berta

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Sobre el autor/a

Siempre me ha gustado escuchar más que hablar, será porque, desde que era pequeña, lo que más me gusta es escuchar lo que me cuentan  los libros y las viejas películas en blanco y negro. Y si son subtituladas, mejor que mejor. Fueron mis padres quienes me inculcaron el amor por la lectura y el cine clásico, así que es a ellos a quienes debo ser como soy ahora, de adulta.

Me preguntáis quién es la autora de Los días perdidos, una pregunta que me cuesta contestar, que siempre me ha costado mucho contestar, así que os diré que soy de esas personas que no pueden vivir sin sus libros, ya sean de Dostoievsky o de Stephanie Meyer; soy de esas personas que prefieren la lluvia de otoño al trino de los pajaritos; de las que sueñan durante el año con los susurros del bosque y no con el alboroto de una playa abarrotada; de las que son fieles al café aunque mejor me sentaría el descafeinado; de las que se emocionaron con el final de la serie Perdidos y no lo confesaríamos ni bajo tortura para no hacer sentir mal al que no se enteró ni comprándose el libro.

Sí, supongo que así soy yo, y me gusta, porque soy lo que elegí ser, estoy donde quiero estar y hago lo que siempre soñé hacer: escribir.

Ambientación y contexto

Uno de los motivos que llevó al jurado de la editorial AUTORES PREMIADOS a premiar Los días perdidos fue la versatilidad para narrar y entrelazar dos historias de amor que transcurren paralelas en dos tiempos diferentes, el actual y el periodo más oscuro de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial.

El blanco y negro y el color se combinan constantemente. Bruno y plata de una época pasada en la que los sentimientos más hermosos y también los más terribles afloran en bosques difuminados por la niebla, de castillos de sólida piedra gris y escenarios reales de luchas encarnecidas por la conquista de los territorios y de las almas. Colores que brillan con el sol del sur a través de una mirada, de una sonrisa;  un tiempo, el presente,  donde los bosques vuelven a ser verdes y los cielos azules.

Ambas historias transcurren en un recóndito lugar llamado Graustein, en Alemania, que da nombre a toda a una estirpe familiar. No existe ningún lugar llamado así (literalmente traducido como piedra gris), ni está permitido fumar en los trenes. Los días perdidos, que debe su título a los versos de un poema de Pushkin, es una historia inventada y, por tanto, los protagonistas pueden permitirse el lujo de viajar en trenes que no llevan a ninguna parte y otorgar a las casualidades el lugar que se merecen en el destino de las personas.

Sus personajes principales

 
Pilar González
 
Marcus von Graustein
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Ella: Emma Cuesta Él: Chris Evans

Pilar: Para los Graustein soy Pipi y, para mi madre y esa voz que se empeña en regañarme continuamente dentro de mí, soy Pilarín. Y, la mayoría de las veces, ni yo misma sé quién soy ni cuál de las dos mujeres quiero ser, si la obediente Pipi von Graustein o la buena de Pilarín.  Pero una vez, alguien me dijo que yo era el sol, que mi nombre, Pilar, era bonito simplemente porque era como yo, sencillo y cálido.

Marcus: Sólo Pilar me llama Mark. Para el resto, seré para siempre Marcus, la oveja negra de la que todos quieren olvidarse, como si yo no hubiera existido, como si Graustein no estuviera impregnado también de mí, como si nunca más fuera a regresar para recordarles que aún sigo por aquí.

Secundarios a destacar

 
Oskar von Graustein
 
Tobías von Graustein
Berta 
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Él: Donald Sutherland Él: Travis Fimmel Ella: Naomi Watts

Que nadie contradice a un von Graustein, ni siquiera otro von Graustein, sin salir indemne es algo que Tobías y Oskar no se cansan de recordar a aquellos que osan desafiar su único y peculiar modo de hacer las cosas, tanto en el presente como en el pasado. Si no, que se lo pregunten a Berta, quien aprende demasiado tarde que quien juega con fuego se termina quemando.

Anécdotas que contar

Después de muchos años, el estribillo machacón de una canción regresó con pocas intenciones de darme un respiro. Una vieja canción, Lili Marleen, que mi profesora de alemán en bachillerato nos hacía cantar una y otra vez, día tras día, con más o menos acierto. Pasé días tarareándola, imaginando en blanco y negro, hasta que encendí el ordenador y, al son de la Dietricht, insuflé de vida la primera palabra, después otra y otra…palabras que cargaban con el peso de su voz lejana en sus grafías, con su melancolía, con la nostalgia de antiguas películas en blanco y negro.

Y, al escribir la última palabra de esta novela, cuando me quito la careta de narradora omnisciente, me doy cuenta que honro a mi madre y a mi hija poniéndole su nombre, Pilar, a la protagonista; de que le doy las gracias tardías a mi antigua profesora de alemán, Aurora, por obligarme a aprenderme su canción y de que, aunque en un principio no iba a ser así, me empeño en regalar a quien quiera recibirlo un final imposible y sin embargo más feliz imposible.

Alicientes para su lectura

Si alguna vez has pensado que el pasado ya está escrito, que no hay segundas oportunidades, porque el Tiempo es frío, no tiene corazón, y no lo cura todo, te recomiendo que leas Los días perdidos. Y pasarás la última página, tal vez no con una carcajada, pero sí con una sonrisa.

Los días perdidos fue elegida por unanimidad del jurado del I PREMIO DE NOVELA ROMÁNTICA VILLA DE GERENA por su estilo ágil y de fácil lectura, el empleo de un lenguaje fresco y la riqueza en la caracterización y psicología de los personajes.

Un pequeño aperitivo

Aquel invierno fue Pushkin y la tristeza. Gasté muchas horas de espera en la estación, aunque no esperaba el regreso de nadie, tampoco sentí nunca tentación de comprar un billete y viajar en uno de esos trenes que tanto me gustaban. Sólo me sentaba y rumiaba a solas mi tristeza, poniéndole su nombre a cada andén, cuyos trenes partían de un lugar también llamado TRISTEZA para llegar a un destino que se llamaba como TRISTEZA. Porque la tristeza se llamaba como él.
Pasaba las mañanas esperando que llegara la tarde, y las tardes esperando que llegara la noche. Los lunes dejaron de ser lunes y los viernes enterraron en el invierno su alegría. Porque todos los días se llamaban como él. Y él se llamaba TRISTEZA.

Y, el booktráiler...

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