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  • Lanzamiento: Mayo 2013
  • Visitas en web: 1147
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Autor/a

Nieves Hidalgo

Información de la novela

  • Autor/a: Nieves Hidalgo
  • Título: Reinar en tu corazón
  • Serie: Los Gresham
  • Orden Serie: 2
  • Editorial: Esencia
  • Época: Siglo XIX
  • Principales: Darel y Tatiana
  • Secundarios: Cornelio, Anna y Vasili

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Sobre el autor/a

Pues la autora es simplemente una persona a la que, desde siempre, le ha gustado fantasear con aventuras. Pero bueno, voy a intentar contaros algo sobre mí.

Ya desde pequeña devoraba todo lo que caía en mis manos, igual daba que fuesen libros de texto, cuentos o prospectos de medicamentos. Sí, en serio, cuando no tenía nada más a mano hasta me los leía. Y sigo con esa manía (aunque ahora, como la propaganda nos acosa por todos lados, es más fácil que me lea el catálogo de ofertas de algún supermercado). Digo yo si será insano esa fijación por tener siempre algo a mano que pueda leer. Eso sí, me entero de todas las ofertas 2X1.

Mi padre era un amante de las novelas y aún recuerdo con nostalgia el baúl que tenía a los pies de la cama, repleto de ellas. No dejé ni una sola por leer y rememoro, con cariño especial, las de Zane Grey –que eran el oeste-, y algunas de mi madre, más románticas. Yo disfrutaba de igual modo de unas y de otras porque todas ellas me llevaban a mundos imaginarios, me permitían vivir aventuras sin salir de casa. Supongo que me influyeron lo suficiente como para escribir mi primera novela a máquina, en lugar de aprender a dar insistentemente asdfg en el teclado, lo que me parecía aburridísimo. Aprendí por tanto mecanografía   escribiendo un folletín de aúpa, basado en una serie de televisión.

Adicta además como he sido siempre al cine, mi cabeza no paraba de idear nuevas aventuras.  

La primera novela que escribí ocupaba unas 100 páginas y trataba de una intriga en Egipto, con momias incluidas. Mi padre se puso más gordo que un pavo en Navidad, pero era mala como un pecado. Él lo sabía y yo también, pero ni a él le quitó las ganas de seguir animándome ni a mí las de continuar escribiendo. Pero aquella historia me dejó una espinita clavada porque me di cuenta de que hay que escribir sobre lo que se conoce o documentarse muy bien. Para sacarme esa espina, escribí «Noches de Karnak», pero habiendo conocido ya el terreno en primera persona.

Cualquier tema era bueno en esos días, cuando era adolescente, para dar rienda suelta a mi imaginación: vaqueros, crímenes, terror. Sin embargo, no me daba por escribir historias de romance. Claro que en ese tiempo no pensaba en chicos, salvo para jugar con los de mi pandilla a lo que se les ocurriera. Mi madre decía que era una cabra, siempre subida a los altos, retando a los chichos a bailar la peonza y regresando a casa hecha un asco. Como regalos, siempre pedía arcos y flechas o cosas similares. De  romántica tenía yo poco.

Pero he aquí que crecí y me enamoré. No, no, el amor no me hizo dejar de ser terca como una acémila  ni olvidarme de mis gustos por el riesgo. Pero es cierto que empecé a ver esa parte, la de los romances, con otros ojos.

Cuando cayó en mis manos una novela de K. Woodiwis fue como si me hubieran abierto las puertas del Cielo. Me piqué. Y gracias a esa novela escribo ahora.

No puedo dejar de dar las gracias a mis editoras: Marisa Tonezzer, que me dio la primera oportunidad, y Esther Escoriza, por confiar también en mi trabajo.

Ambientación y contexto

Como en la primera novela de lo que espero sea una trilogía, he situado la acción de «Reinar en tu corazón» en la época de la Regencia. La ciudad: Londres.

Para la protagonista, he tenido que inventarme un país centroeuropeo llamado Orlovenia, capital Vernon. Allí comienza todo u allí vamos a conocer a Tatiana Elisabeta Smirnova, una princesa real amante de los suyos y de su pueblo, decidida a contraer matrimonio –más por obligación que por amor-, con el hombre elegido para ella. Sin embargo, todo su mundo se viene abajo cuando atacan el palacio y ella se ve obligada a escapar.

Dentro de la aventura he querido incluir algunos hechos de la época, como las cenas del Príncipe de Gales, el problema de los huérfanos que se veían obligados a robar, los centros de reunión de los caballeros o las penosas condiciones de los reclusos en la prisión de Newgate. Intento que mis protagonistas sean persona honorables, por muy irónicos y hasta libertinos que aparezcan en el libro, por lo tanto no podía dejar de plasmar en ellos esa preocupación por los menos favorecidos.

Lógicamente, algunos capítulos se desarrollan también en Braystone Castle, la mansión de los Gresham.

Las que hayan leído la primera entrega, «La bahía de la escocesa», van a ver que las historias de Darel y Christopher transcurren en tiempo paralelo. Podíamos decir que se superponen.

Como anécdota: que recordando algo que pasó en cierto pueblo de Palencia –juro que pasó de verdad-, he escrito un capítulo poniendo al pobre Darel como el protagonista absoluto de una singular hazaña con la que me he reído mientras la escribía y la corregía. Espero que les arranque, al menos, una sonrisa a las lectoras.

Sus personajes principales

 
Darel
 
 
Tatiana
 
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Él: Henri Castelli
Ella: Natalie Portman

En «Reinar en tu corazón» hay dos protagonistas indiscutibles: Darel, barón de Winter y Tatiana Elisabeta, princesa de Orlovenia. Les paso la palabra a ellos.

Darel: Ante todo, agradecer la oportunidad que se me brinda de presentarme ante este ramilletes de bellezas que ahora me están leyendo.
No voy a intentar que me vean como un bendito, porque no lo soy. Los chicos buenos son un poco aburridos. Pero tampoco quiero que piensen que soy un consumado libertino. ¡Ni mucho menos! Simplemente, me gustan las mujeres. O mejor sería decir me gustaban, porque desde que un sucio polizón y después una ladrona se cruzaron en mi camino, las cosas han cambiado. A ver, a ver, no se me asusten, mis queridas damas. Sigo siendo un fan (en esta época se dice así, ¿verdad?) del género femenino, porque siempre he creído que la belleza y la inteligencia de las mujeres supera a la de los varones. Pero es que estoy enamorado, y las cosas han cambiado. Además, si mi incordio particular me ve mirando a otra mujer, es capaz de darme problemas. Y ya tengo suficientes quebraderos de cabeza con mis dos hermanos y con las abuelas.
Colaboro con el hermano Gregory en una institución que asila a pequeños huérfanos, intentando darles una vida mejor. Si lo tienen a bien, pueden hacer sus donaciones al hermano Gregory, que las recibirá encantado.
Espero que nos veamos en las páginas de esta novela y que lo pasen bien.
Señoras, quedo a sus pies.

Tatiana: Intentaré ser más concisa que el barón de Winter, mi Némesis desde que le conocí en el Discordia… o el Temeridad, porque su goleta tiene dos nombres (por eso de dedicarse una vez a viajes comerciales y otra a trabajos… menos honorables). Reconozco que su manera de ser, abierta y divertida, el modo en que trata a los que trabajan para él y su innata seducción, han conseguido conquistarme. Eso sí, he resistido hasta el final, que conste. Porque por muchas penurias que haya pasado desde que escapé del palacio de Vernon, mi educación no me permitía ceder ante la impertinencia del barón de Winter, queriendo convertirme en su amante. Una princesa no puede hacer ciertas cosas. ¿O sí? Bueno, ya lo irán viendo en la novela.
Me gustaría que pudieran acompañarme a tomar un té en Braystone Castle, amigas.

Secundarios a destacar

Aunque en esta novela aparecen personajes de la anterior como secundarios (Chris, Kimberly, Cameron, las abuelas...) «Reinar en tu corazón» tiene los propios. Son ellos los que ayudan a forjar la historia alrededor de Darel y Tatiana. Mando un beso para Anna, la Galesa, y dejo que ellos mismos se presenten.

Cornelio Alvarez: Felizes em falar com você, Senhoras. Me han pedido que me describa y lo hago encantado: trabajo para el barón de Winter, soy su hombre de confianza y casi me dedico en pleno a sacarle las castañas del fuego. Soy guapo, inteligente, sagaz... Vale, vale, vale (el patrón me está mirando con mala cara), también soy lenguaraz, impertinente, y metomentodo. Pero si no fuera por mí, Darel Gresham andaría de cabeza.

Anna, la Galesa: ¿Qué tal, distinguidas damas? Vayaaaaaaaaa. ¿Es té eso que están tomando ustedes? Yo prefiero un buen vaso de ron, si no les importa. Gracias. Bueno, ¿qué quieren que les diga sobre mi humilde persona? Me gano la vida atendiendo a los hombres. Les doy cariño y los escucho. Venga, sí, soy lo que están pensando, aunque me hubiera gustado dedicarme a otros menesteres. Pero ojito: mi profesión no quiere decir que sea una mala persona. No me tengo por tal. Tal vez por eso ayudé a esa pobre muchacha que se moría de frío y hambre en la calle, llevándola a mi cuarto. Aunque no resultó ser lo que yo creía. En fin, sorpresas que da la vida. Lo siento, pero el deber me llama y he de pagar el alquiler. Que disfruten de su té y gracias por el ron, paisanas.

Vasili Fedorov: Soy hombre de pocas palabras y no me gusta dar explicaciones, pero mi autora me lo ha pedido y a ella le debo la vida, así que... He nacido en Orlovenia, me he criado en el palacio de Vernon y soy primo de Tatiana Elisabeta. Mi mundo se circunscribe a dar mi sangre por mi país y por ella. No tengo esposa y espero no tenerla; el ejército lo es todo para mí y las mujeres no dan más que problemas. Que se lo digan sino a Darel Gresham.
Siempre a su servicio, señoras.

Anécdotas que contar

Cuando la novela estaba en proceso de creacción, simplemente me lo pasé bien urdiendo penurias y calamidades para la protagonista (lo sé, lo sé, más de una dice que soy gore a veces pero es que sin problemas que resolver, no tendría historia).

Ahora bien, una vez acabada estuve a punto de tirarme al viaducto. ¿Por qué? Pues porque la leyeron unas personas muy importantes para mí y, como hacen siempre, empezaron a señalar cositas: «a mí esta frase no me gusta» «esto no lo entiendo» «menuda palabreja» «no me gusta ese color de vestido» «bájale el escote a la chica, que parece salida del convento» «de meter mano ahora, nada»...

Fue un trabajo agotador, pero ni una sola vez pude quitarles la razón, porque la llevaban siempre. Yo, con las prisas por escribir, a veces no me doy cuenta de ciertos detalles. Si algo me gusta de acabar una historia son los momentos repletos de carcajadas viendo sus correos puntillosos. Sin estas personas, escribir no sería tan divertido, lo puedo jurar. Desde aquí les mando todo mi cariño.

Y una anécdota, aunque de divertida no tuvo nada, es que se me quedó atascada la tecla del «borrar» y yo, con un nudo en el estómago, dando botes en la silla y los ojos como platos, iba viendo como toooooda la novela se iba borrando. Perdí un capítulo solamente gracias a que salvo el texto al acabar cada uno de ellos, pero en ese momento, viendo desaparecer mi trabajo, ni me acordaba. Si ese día no me dio un soponcio, ya no me da nunca. ¡Por Dios, qué mal rato pasé!

Alicientes para su lectura

No me gusta decir a las lectoras un motivo por el que comprar mis novelas. Tienen la inteligencia suficiente como para decidir lo que quieren leer.

Pero si he de argumentar algo: se trata de una historia entretenida, que se lee deprisa, que mantiene –creo- un buen ritmo de principio a fin, en la que no paran de suceder cosas. He intentado que los diálogos sean divertidos. No tiene demasiados datos históricos, solamente los necesarios para situarnos en la época.

Las que ya hayan leído alguno de mis libros, saben que, sobre todo, quiero que pasen un buen rato y se olviden de los problemas.

Un pequeño aperitivo

«Abre la puerta... Abre la puerta... El amor sólo pasa una vez...»
Tatiana aporreó los almohadones tumbándose boca arriba.
No conseguía una postura que le permitiese conciliar el sueño.
Lo intentó en posición fetal. Después, boca abajo. De nuevo, mirando al techo.
Se incorporó y encendió las velas del candelabro que tenía en la mesilla de noche.
Contó las cabezas de los querubines que adornaban los frisos de las paredes y el cielo raso de la habitación que le habían asignado, justo al lado de la que ocupaba Cameron.
Doce.
Trató de abstraerse, de no pensar.
Doce, volvió a contar.
No se libraba de las palabras de Darel pidiéndole matrimonio. Le martilleaban en la cabeza. Acabó sentándose y sus ojos se desviaron hacia la puerta, una simple hoja de madera que la separaba de los dictados de su corazón. ¿Por qué no hacer caso a sus sentimientos y abrirla? ¿Por qué no intentarlo?
Sentía por él todo lo que le había dicho Fedora: no podía comer, no dormía, a veces deseaba matarlo y otras comérselo a besos. La hacía reír.
Arriesgarse, sí. Dejarse llevar, entregarse al amor, probar la experiencia de rendirse a los brazos del hombre del que se había enamorado. ¿Qué podía perder?
La instruyeron para servir a su pueblo y por él daría la vida, pero ¿qué pasaba con su corazón, también debía sacrificarlo? Cuando regresara a Vernon y recuperase
el gobierno, dedicaría su existencia entera al bienestar de sus súbditos, a la búsqueda de un consorte y a aportar un heredero a Orlovenia, pero ahora, allí, en ese instante, se abría paso en ella la rebeldía ante un futuro lejos de Darel.
A fin de cuentas, ella no representaba sólo un trono, era por encima de todo una mujer enamorada. Si tenía que consumir sus días lejos de él, no se ahorraría al menos la vivencia ni el recuerdo de unos momentos que atesoraría hasta la muerte.
«Una vez. Una sola vez.»
Echó la ropa a un lado, salió de la cama y, a tientas, se hizo con su bata. Segundos después, se internaba en la silenciosa galería, encaminándose a hurtadillas hacia el cuarto de Darel.
Tenía la impresión de no ser ella, como si flotara, como si una mano invisible guiara sus pasos empujándola, no sabía si hacia la dicha o la perdición.
«Una vez. Una sola vez.»

Y, el booktráiler...

 

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