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  • Lanzamiento: Enero 2013
  • Visitas en web: 1154
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Autor/a

Mercedes Santos

Información de la novela

  • Autor/a: Mercedes Santos
  • Título: Secretos y cenizas
  • Serie: Independiente
  • Orden Serie: -
  • Editorial: Cute
  • Época: Siglo XVIII
  • Principales: Diego y Carina
  • Secundarios: Tia Constanza y Niña Perla

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Sobre el autor/a

Me llamo Mercedes Santos, soy periodista y hasta ahora había escrito mucho, muchísimo, en numerosos medios de comunicación –prensa y radio- pero nunca una novela hasta que hace cuatro años me entró el gusanillo y comencé. Desde entonces no he parado. Mi mente no para de imaginar y mis dedos de teclear. El rato que paso escribiendo es un rato maravilloso a pesar del cansancio y del estrés.

El tiempo lo he compartido con mi familia –tengo un marido y dos hijos- y mi trabajo como periodista por lo que a veces era ya bien tarde cuando me podía sentar a escribir. Después de haber estado haciéndolo todo el día -redactando noticias, etc- no parecía muy apetecible pero la verdad es que me sentaba delante del ordenador y toda la tensión desaparecía. Se me pasaban las horas volando y disfrutaba de cada minuto que estaba a solas, con mis personajes, con mis historias, con mis romances.

Soy una gran lectora, siempre lo he sido y de muchos géneros. El romántico me encanta, pero también la novela negra, la novela histórica, la fantasía... De hecho esta novela es un poco mezcla de todo. Es una historia de amor, o mejor dicho varias historias de amor, en un contexto histórico diferente, apasionante y muy desconocido de nuestra historia –las colonias españolas en América en el s XVIII- pero también es un libro de viajes, de aventuras, un thriller... Creo que lo tiene todo.

Ambientación y contexto

Bueno el ambiente es típicamente caribeño, ambientado en las colonias españolas en América en el s. XVIII, concretamente en el Virreinato de Nueva Granada, en Cartagena de Indias. Elegí esta zona porque quería hacer una novela de aventuras, de piratas, de espadachines y capitanes intrépidos, de damas con grandes vestidos y gigantescas pelucas, de amor y aventuras en una zona tropical, exótica...y esta era perfecta. Por su vinculación a nuestra historia, por su historia que es muy interesante y porque además conocía Cartagena y eso me era muy útil para mis descripciones.

Estamos hablando de una época en que se mezclaba el lujo más ostentoso –en el puerto de Cartagena se juntaban para su regreso a España numerosos galeones cargados de oro- con la más absoluta de las miserias. Cartagena era el principal puerto esclavista de América. Miles de esclavos llegaron a este continente por aquí y también muchos se escaparon de sus terribles condiciones de vida refugiándose en la selva, en los palenques miserables donde los soldados no eran capaces de encontrarles. Era un lugar de contrastes, una zona siempre en peligro porque sufrió multitud de ataques piratas, agresiones de otros países –como en este caso Inglaterra- que querían sus riquezas y la importancia de esos puertos y enclaves para controlar el Caribe.

He utilizado el suceso histórico del ataque inglés a Cartagena, en que la ciudad fue defendida por sus propios habitantes y por un genial almirante español, Blas de Lezo, para ambientar mi romántica y fastuosa novela. Era tiempos de mucha incertidumbre, donde el contrabando estaba a la orden del día, donde los movimientos independentistas americanos empezaban a nacer y la clase social criolla comenzaba a decidir sobre su futuro lejos de las metrópolis que en Europa, seguían a lo suyo.

Además de Cartagena de Indias, también son fundamentales en esta novela las plantaciones de cacao que había a lo largo del Río Madre de la Magdalena, ciudades como Portobello o La Habana, o Jamaica, Tortuga y otros refugios de piratas.

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Sus personajes principales

 
Carina de Ulloa
 
 
Diego de Veranz
 
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Los personajes principales son el capitán Diego de Veranz y la joven noble Carina de Ulloa. Estos dos modelos representan con bastante proximidad su aspecto y características.

Carina de Ulloa es una joven extremeña que ha vivido en Badajoz toda su vida con su tía. Huérfana de madre apenas ha conocido a su padre, un marino de la Corona que lleva diez años destinado en el Caribe. Cuando su padre –por trepar socialmente- la llama para que se vaya a vivir con él, esperándole un noble venido a menos como esposo y una rica plantación de cacao como herencia, Carina no se lo piensa. Al llegar junto a su tía descubrirá que su prometido se ha casado con otra y su padre ha fallecido en extrañas circunstancias. Sola, con una sociedad criolla que la da la espalda, tendrá que salir adelante, hacerse cargo de su herencia, aprender a convivir con una hermana mulata perseguida por la inquisición y a buscar al asesino de su padre y al hombre, que ha convertido con sus pasquines y sus insultos, su vida en un infierno. Carina tardará en descubrir que ese individuo al que ha llevado a los tribunales, lleva tiempo a su lado, como su secretario, como el joven inteligente y tenaz del que se ha enamorado.

Diego de Veranz es un joven criollo, consentido y vividor que ha tenido siempre todo a su favor y que de repente, ve como todo se le viene abajo. Acusado de un asesinato y envuelto en un turbio asunto diplomático, es desterrado de Cartagena y alejado de su mundo. Pierde a su prometida, su familia le da la espalda y todo el mundo le critica. Solo el Almirante Blas de Lezo sabe que detrás de ese cabeza de chorlito, manirroto y mujeriego, existe un astuto espía. Un hombre vital para la defensa de toda la región. Su labor le obligará a adentrarse en Tortuga y Jamaica –como un pirata más- e investigar el movimiento de armas que subterráneamente se está produciendo en todo el Caribe y que advierte de una guerra inminente. Mientras trabaja secretamente para la Corona,  también se hace pasar por el secretario de la joven Carina, recién llegada de España, para investigar a su padre –asesinado en extrañas circunstancias- del que Diego sospecha fue el causante de su caída social. El odio lleva a Diego a convertir a Carina en el hazmerreír de las colonias sin sospechar que esa detestable mujer se convertirá muy pronto en el amor de su vida.

Secundarios a destacar

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Secretos y cenizas es una novela coral, con multitud de personajes además de los dos principales pero si tuviera que señalar a algunos destacaría a la sociedad criolla en general, a don Blas de Lezo, -el almirante que con solo 6 barcos hizo frente a los ingleses que llevaban 200, dando lugar a la mayor batalla naval de la historia hasta el desembarco de Normandía y sin duda a una de las guerras más legendarias del Caribe- y por supuesto a Niña Perla.

Niña Perla es Naomi Campbell. Es esa mezcla de belleza explosiva, sensualidad a flor de piel, falta de prejuicios, vida complicada siempre al borde del abismo… Perla es la hermanastra de Carina. Si Carina en España jamás ha sabido que tuviera una hermana mulata, esta, en Cartagena –donde vivió a medio camino entre los palenques infernales y la selva con su madre, y el lujo de la corte Virreinal de la casa de su padre- si ha sabido de su hermanastra y la odia.

Perla es una desclasada que nunca ha sabido cual es su lugar. No pertenece al grupo de esclavos ni criados de la casa, ha sido educada como una señorita, como la hija del amo, pero jamás ha podido ser presentada en sociedad. Sexualmente es una mujer que vuelve locos a los hombres pero que se siente incapaz de amar… hasta el final, que también encontrará a su media naranja. Perla es un ser libre, aunque también una amargada a la que la vida la ha envenenado poniéndola en una situación social imposible. Odia a Carina… pero con el tiempo ambas hermanas no solo lograrán entenderse… sino que conseguirán incluso quererse.

Anécdotas que contar

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Llevaba tiempo deseando contar una historia de piratas, aventuras y lujo en el Caribe y no me había decidido. Un sábado viendo la televisión, una película de las de sobremesa, del clase B, de esas tan malas que dan ganas de llorar, pensé que podía animarme y escribir yo una.

Pero una en la que se contara la otra versión, la otra cara de la moneda. Las pelis americanas siempre son ellos –y los ingleses- los buenos y los demás los malos, cuando en realidad no eran más que un hatajo de piratas... todos.

Quise además contar la diferencia que había entre ciudades como La Habana y Cartagena de Indias –que serían algo así como el París o el Londres- del Caribe e islas medio desiertas como Tortuga o Jamaica. La vida de una ciudad tan cosmopolita como Cartagena –como el Nueva York actual- donde las culturas africanas, americanas nativas y europeas, se fundieron en un sincretismo que ha hecho del Caribe, y de América en general, lo que es hoy en día. Una historia de lujo y derroche que desconocemos, una vida de auténticas aventuras donde la realidad deja en mantillas a la ficción.

Alicientes para su lectura

Yo creo que a los amantes del género romántico, de aventuras, de piratas, de esclavos, de capitanes intrépidos, de mujeres fastuosas, de cortes lujosas… les encantará.

Es una historia de más de 700 páginas en las que he podido desarrollar no solo las historias y tramas románticas, sino disfrutar paseando por el río de la Magdalena, navegando por las aguas turquesas del Caribe, perdiéndome en la exuberancia de las selvas centroamericanas, batirme en duelo, navegar con los más intrépidos capitanes y adentrarme en las ciénagas, en las misas negras y en los barrios de esclavos. Es un viaje a otro lugar y otro tiempo del que seguro disfrutarán.
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Un pequeño aperitivo

No le dio tiempo a continuar. Primero por la mirada insolente de Carina preguntándose cómo se le ocurría a ese oficial desear que una dama como ella perdiera la compostura allí, en medio de todo el mundo. Si tenía que perderla lo haría en la intimidad de su casa, sin que  nadie la viera. Además en ese instante alguien se acercó a ellos. Lo primero que Carina vio fue su sombra: era grande y alargada. Un hombre joven, alto y musculoso se acercó a ambos. Por el saludo se veía que eran conocidos y amigos, aunque el recién llegado no vestía uniforme ni parecía un caballero. Llevaba una camisa fina de lino blanco, un pantalón claro, botas altas y un sombrero de paja. El ala del gran sombrero tapaba en buena medida su rostro. Ya junto a los dos, Carina escuchó su voz grave y segura.
-¿Sucede algo? ¿Se encuentra usted bien señorita... me ha parecido que...
Carina le interrumpió educadamente.
-Si bueno, me he encontrado momentáneamente mal. Mi tía y yo acabamos de llegar de España y nos hemos enterado de sopetón de malas noticias. Este oficial nos acaba de decir que mi padre ha fallecido y... bueno, en realidad eso es todo. Mi tía y yo solo necesitaremos un poco de tiempo para hacernos a la idea. -dijo estirándose compulsivamente la manga del modoso vestido azul marino que lucía.
El que un extraño le hablase y mirase de forma tan directa la puso nerviosa. Más si ese hombre no parecía tener rostro. Era una mezcla de trozo de ala de sombrero, sombra en gris con contraluces y voz profunda de barítono. El oficial parecía tratarlo con aprecio y respeto. Carina se preguntó quién sería.
En ese instante el bochorno terrible que había hecho durante todo el día cedió pasó a la tormenta. Un viento huracanado arrancó el techo de paja de unas instancias colocadas enfrente del salón dónde ellos estaban y la lluvia sonó estrepitosamente al caer. Olía a tierra húmeda, a mar, se oían los gritos y las carreras de los pasajeros que aún estaban fuera a la intemperie esperando pasar aquella especie de aduana. Escuchó con nitidez el ruido de sables de unos oficiales que corrían cruzando la explanada de piedra del fuerte mientras el chapoteo en el agua indicaba que todavía había trabajadores junto a las naves cargando y descargando éstas. Doña Constanza seguía tumbada en el butacón, pálida y descompuesta. Los dos hombres jóvenes hablaban en voz baja entre sí y Carina guardó silencio cerca de ellos; el oficial salió al exterior para dar unas instrucciones a su guardia.
Durante unos instantes, Carina tuvo la sensación de que en aquel lugar extraño y a pesar de tanta gente como había, solo estaban ellos dos: ella y el desconocido. Le pareció de mala educación que el hombre no se hubiese quitado el sombrero en su presencia como establecían las normas más básicas del protocolo. Más inusual era que ni siquiera se hubiese presentado. En ese instante desconocía quién era y porqué estaba allí. Desconocía si podría ayudarlas o era un siempre curioso. Indiferente al hombre que desde una distancia prudencial parecía haberse olvidado de ella, y estar más atento a lo que afuera acontecía, Carina se levantó.
No sintió las piernas flojas ni el pulso alterado. Estaba tranquila pero sofocada por el terrible bochorno. Notó que la sensación de agotamiento sufrida en los últimos días según se acercaban a Cartagena, había desaparecido. El fuerte viento parecía llevarse consigo todo el cansancio; se acercó a unos arcos abiertos a un callejón y dejó que la lluvia le mojará el rostro. El agua caía por su cara, su cuello, sus ojos, notó el pelo húmedo, la ropa... y una gran sensación de placer la invadió. Era como si el agua pudiese lavar el sudor de tantos días en el barco; cómo si pudiese incluso limpiar la angustia que de manera inconfesable e inconsciente había tenido durante los últimos meses, como si su corazón presagiase un desastre indeterminado... un desastre que acababa de materializarse. Ella, pensó en ese instante, era fuerte. Podía hacer frente a las dificultades, lo que no podía era luchar contra los malos presagios. Muy mojada, pero restablecida física y mentalmente, se volvió hacia el interior; entonces le vio por primera vez.
La miraba intensamente, como si quisiera leerle el pensamiento, como si no quisiera perderse ni un detalle de su aspecto. Tenía los ojos verdes y el cabello oscuro sujeto en una coleta. No usaba peluca, y aunque iba vestido como un estibador del puerto, a Carina no le cupo ninguna duda de que aquel hombre era un caballero. No por sus modales, que estaba claro dejaban mucho que desear, sino por su estampa. Era la de un hombre distinguido, seguro de sí mismo, rico y seguramente con éxito entre las mujeres. Indudablemente era guapo. En realidad muy guapo... o tal vez debería decir: muy atractivo. Sus rasgos afilados, su mentón fuerte, su mirada arrogante, sus largas patillas, sus manos finas y sin callos, sus piernas largas y estilizadas embutidas en aquellas finas elásticas blancas que le marcaban todos los músculos del cuerpo... Carina paró mentalmente. La descripción que para ella misma estaba haciendo del hombre le resultó terriblemente sugerente, tanto como para que se le encendiera la cara en un instante.

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