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Última modificación: Domingo, 10 Junio 2012, Visitas en web: 1911, Visitas en foro: 898
amame canalla

Ámame, canalla

Ficha Técnica

  • Título: Ámame, canalla
  • Autor/a: Arlette Geneve
  • Serie: Beresford 1 - Penword 4
  • Reseña de: ELFLED

Puntuación

4.5/5 rating (2 votes)

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Sinopsis

Ágata Martin es hija de un francés y una noble española que se enamoraron durante la guerra de la Independencia. Repudiados por ambas familias, se vieron obligados a llevar una vida más que modesta en España. Christopher Beresford, agente de la Corona británica, es hijo del poderoso marqués de Whitam, quien, en su día, dejó mujer e hijos para ir a combatir en España contra Napoleón.

La distante relación entre padre e hijo ha convertido a Christopher en un hombre frío y amargado que no cree en el amor. Cuando conoce a Ágata, se halla inmerso en una delicada misión para desenmascarar un complot contra Fernando VII, el rey de España.

Desde el primer momento, Ágata y Christopher se detestan tanto como se atraen, pero inesperadas circunstancias los obligarán a colaborar y fingir un enamoramiento que complicará sus vidas y el desenlace de la misión. Ambientada en Inglaterra y España, este primer volumen de la saga «Familia Beresford» nos traslada a un apasionante momento histórico, con las intrigas, los amores y peligros de la convulsa Córdoba de la época.

Valoración personal

Lo más difícil de hacer una crítica es empezar, el enfrentarse a una página en blanco y volcar en ella los sentimientos y sensaciones que has ido experimentando con el libro en cada capítulo, en cada pasaje, en cada frase o línea plasmada en papel por su autora.

¡La madre que parió a la autora! (Con el perdón que su madre se merece, que la buena mujer no tiene la culpa de lo que hace la hija)

Creía que de María lo había leído todo y que no podía esperar nada nuevo ¡Cuán equivocada estaba!

Pero empecemos por el principio e intentaré ir desgranando paso a paso esta fruta granaína que Arlette nos trae (aunque la protagonista sea cordobesa)

Comenzaré diciendo que me he perdido, he reído, he sentido aflorar en mi pecho ese sentimiento tan bello que es el incipiente amor entre dos protagonistas y he llorado. He llorado de angustia y de deseos de matar a alguien.

Para empezar tenemos un protagonista masculino al que en su juventud asestaron un fuerte golpe a su incipiente orgullo masculino y no hay nada peor para un hombre que se juegue con su orgullo y que le hagan pasar por tonto. No, señor.

Por otro lado la tenemos a ella, una chica que no pertenece a la nobleza, una chica como tantas otras que si bien su familia es adinerada ella no cuenta con un título de rancio abolengo con el que poder negociar para tener un ventajoso matrimonio con otro par del reino. Pero no le hace falta, es ingeniosa, encantadora, luchadora y además de todo ello se ha preparado para ejercer la medicina en Francia cuando muy pocas mujeres de la época tenían tales opciones (o se lo permitían).

Pues bien ya tenemos el retrato de ambos personajes ¿qué ocurrirá? Eso solo se puede averiguar leyendo. Y ahí estaba yo, armada de paciencia, con una buena botella de agua y preparada para pasar un mal rato como solo esta autora me hace pasar. No voy a engañar a nadie, Arlette Geneve hace sufrir al lector hasta la última página y más allá (permítanme la licencia de parodiar a Buzz Lightyear). Y digo más allá porque aquí la colega, cuando crees que has terminado un libro te larga un epílogo con el que seguir sufriendo, solo que ahora tienes que esperar (Dios sabe cuándo) a que se publique el siguiente libro. ¿Y para qué, digo yo? Pues hijas mías… para seguir sufriendo.

Cierto es que los libros suele comenzarlos con buenos toques de humor. Eso es indiscutible. A las pruebas me remito: Si en “La rendición del Highlander” fueron unas enaguas, un árbol y algo más o una buena faca usada de excelente forma; aquí en “Ámame canalla” es un patio, una fuente o… una caja de caudales. Me paro aquí no vaya a revelar algo y fastidie a los posibles lectores que les gusta la magia de la lectura.

Sin embargo, voy a desmembrar una escena y a quien no le guste que se hagan spoliers por favor que no siga leyendo.

Hay una escena en este libro que no es solo para matar a su autora es directamente para prenderle fuego como a las brujas del XVII. Salem podría resultar de risa para lo que yo le haría a Geneve.

Pongámonos en situación. Una mujer que le ha ocultado la existencia al hombre de su vida de alguien.

Una habitación de hotel que será mudo testigo del dolor, la ira, la indiferencia y el ardor ciego de dos personas destinadas a estar juntas pero que las circunstancias han hecho que estén separados un largo período de tiempo.

El sentimiento de soledad e impotencia de una mujer dispuesta a todo ¡A TODO! Por conservar lo que más quiere en este mundo y que la lleva directamente a los brazos del hombre por algo que no dudaría en abrirse las venas y desangrarse. Que la lleva a plantearle a él un dilema aún mayor del que trata de solucionar. ¿Habéis leído alguna vez sobre violaciones? Pues bien, no es una violación exactamente lo que perpetra Ágata pero casi. El pobre no tiene opciones.

María logra en esta escena expresar en palabras los sentimientos de Christopher de forma realmente fabulosa. La ira, el desprecio, el deseo… todo bulle en su cuerpo y necesita explosionar. Cuando ella se le arroja a los brazos quiere rechazarla pero una parte de él muy profundamente resguardada durante años, esa parte que aún no la ha olvidado no permite que se imponga la indiferencia que quiere mostrarle a ella. Y en ese juego más antiguo que el tiempo hace predominar el recuerdo del amor compartido por encima del resentimiento.

El amor de Ágata hacia lo más que más quiere en el mundo la lleva a límites extremos para conseguir una respuesta de él.

Adoro a la autora del libro, no puedo negar que María es para mí una buena amiga, de ésas que casi puedes contar con los dedos de una mano pero también he querido hacer algo con ella que está penado con cárcel. ¡ASESINARLA! ¿Se me permite? Es un poco drástica la solución pero no veo otra manera de poder seguir siendo una persona centrada y no terminar en un psiquiátrico o peor… en un quirófano intentando que me arreglen las válvulas del corazón. Lo que ella me hace sufrir con sus libros no lo ha conseguido aún nadie y por bien de mi salud debería dejar de leerlos.

Leí o escuché en algún sitio que una lectora había quemado el libro de “Las espinas del amor” ¡No me extraña! A mí me entraron ganas de hacer una fogata y prenderle fuego también a éste.

Sin embargo sería una desgracia perder entre las llamas de un fuego palabras como éstas:

—Deseo romperte la cabeza —le dice John a su hijo mayor. (No se preocupe lord Beresford que  a mí también)
O la conversación que mantienen padre e hijo acerca de Ágata
— ¡Actúa de una vez!— Le increpó John con un tono de voz tan alto que le silbó en los oídos.
— ¡No puedo! —respondió al fin bajando la guardia.
— ¿Por qué? —volvió a inquirir John con las pupilas brillantes de interés.
—Si mantengo las distancias con el pequeño, puedo mantener la cabeza fría con respecto a la madre— confesó completamente turbado. —Y necesito el completo control sombre mis emociones para enderezar de nuevo el rumbo. Me siento expuesto, vulnerable, y hacía muchos años que no me sentía así de perdido.


¡TOMA YA!

—Me siento avergonzado del poco control que tengo cuando estoy con ella.

¡Ahí es ná!

—¿Quiere la verdad? —le preguntó con voz ronca. —Cuando estoy con ella, me olvido todo. Derrite mi voluntad como derrite el fuego la mantequilla. Me deja sin fuerzas, sin capacidad para pensar de forma coherente, solamente siento deseos de encerrarla entre mis brazos y olvidarme de todo. Del mundo, de la responsabilidad. Siento que es un faro que me alumbra en la negra noche para que lleve mi nave a puerto seguro. ¿Puede entenderlo? ¡Porque yo no!

Si después de esto no os entran ganas de leer “Ámame canalla” no creo que sea la lectura que buscáis. Pero dicen que para gustos, colores.

Yo desde luego, esperaré con ansias el próximo libro de María. Jamás pensé (después de haber leído el libro de “Embrujo seductor”), dejando a un lado el que sea amiga mía, que iba a poder atraparme tanto con “La rendición del Highlander”. Después de leer éste (“Ámame canalla”) he de exponer que la historia de Christopher y Ágata guardará un lugar de honor en mis estanterías.

Ámame canalla, es un libro con el que descubrir el dolor de ser mujer, el ansia de la pasión, el ardor de los sentimientos más profundos.

—Ámame, canalla. Y deja de hablar de una vez.