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Última modificación: Domingo, 10 Junio 2012, Visitas en web: 1810
el angel y el canalla

El ángel y el canalla

Ficha Técnica

  • Título: El ángel y el canalla
  • Autor/a: Maya Rodale
  • Serie: Hermanos Kensington 2
  • Reseña de: ANNY

Puntuación

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Sinopsis

Lord Phillip es un vividor, un egoísta y en más de una ocasión ha sido incluso malvado. Además, es un jugador compulsivo, y ha contraído muchas deudas con un peligroso prestamista francés, que contrata a unos matones para cobrar lo que le debe. Éstos le pegan una paliza y lo dan por muerto. Días después, Phillip se despierta en una abadía y cree estar soñando.

Angela Sullivan lleva seis años en clausura, desde que el hombre al que amaba arruinó su reputación y sus padres la internaron en la abadía de Stanbrook. Pero cuando aparece en la abadía ese hombre herido, tan guapo y tan desvergonzado, Angela no es capaz apaciguar sus pecaminosos pensamientos.

Valoración personal

En «Gemelos y rivales», la anterior entrega de esta saga conocimos a Lord Phillip, un crápula, un granuja cuya existencia se limitaba a beber, jugar y entretenerse con mujeres. Egocéntrico, irresponsable, déspota, todo un dechado de virtudes... que había arruinado la reputación de más de una dama. Y con esta presentación, ¿puede Maya Rodale redimir a este personaje y convertirlo en un hombre de provecho, en un verdadero caballero?

Pues esa, señoras, es la incógnita que intentaremos despejar en «El ángel y el canalla».

Demasiadas veces, creo yo, había tentado al diablo Phillip Huntley como para que éste siguiera ignorándole. Y como cuando el diablo está aburrido, mata moscas con el rabo, en este caso tuvo la brillante idea de enviar a uno de sus libertinos hijos a una abadía para que causara el caos. No hay otra forma de explicar el que Phillip terminara siendo cuidado por la amorosa Angela tras la paliza que le habían dado los matones de uno de sus acreedores. Sí, definitivamente, el diablo tenía ganas de divertirse.

Naturalmente, lo de amorosa es un decir, ejem, y es que Phillip por fin encuentra la horma de su zapato. ¡Sí, sí! Cómo lo oís, por fin alguien lo pone en su sitio, y nada menos que una mujer, un ángel con mucho genio y los modales de un carcelero, según su definición. Lo cierto es que la presencia de Phillip conduce a Angela a recordar su pasado, y poner otra vez de manifiesto sus miedos, frustraciones e inseguridades. Aquellas que quiso enterrar cuando se retiró de la sociedad a causa de su nefasta equivocación.

Pero es que imaginaros la situación de la pobre Angela teniendo que ocuparse de un integrante de ese grupo de indeseables a los que odia más que a ningún otro: el de los canallas. Por culpa de uno de ellos había acabado en la abadía, con la reputación arruinada, a punto de tomar los votos de castidad, pobreza y obediencia. Y encima el canalla que tenía delante no sólo era guapo, sino que también tenía sentido del humor. Algo aún más peligroso. Ella había aprendido que era mucho más seguro alejarse de la tentación que intentar resistirse.

Angela, que había rezado pidiendo el perdón de sus pecados, también había demandado una segunda oportunidad en el amor, debía reconocerlo. Pero había olvidado especificar que quería el amor de un hombre bueno y honesto, que la amara igual que ella a él. Y Dios, o el Diablo, no sabía muy bien quién, le había enviado a un hombre que podía volver a arruinar su vida. Un hombre que tenía un halo de peligro a su alrededor, algo que prometía emociones a las que no estaban acostumbradas las mujeres como ella. Era realmente tentador... hasta que abría la boca para pedir esto o aquello.

Y por esto mismo, porque para Angela resulta un suplicio atender a Phillip, de quien le encargan su cuidado porque es la única en la abadía que aún no ha tomado los votos, y puede estar en presencia de un hombre, lo castiga con su lengua viperina. Bueno, y de otras formas también. Pero la culpa la tiene única y exclusivamente él, quien habiéndose dado cuenta de lo que para Angela supone estar a su lado, aprovecha cada situación para irritarla, embaucarla, seducirla…

Desde luego, había momentos en los que no tenía más remedio que echarme a reír pensando ¡qué caradura, qué sinvergüenza, qué...! Me faltan apelativos con los que definir la desfachatez de la que Phillip hace gala en ocasiones, escenas verdaderamente hilarantes, para qué voy a negarlo. La química entre ellos es innegable, las balas dialécticas van y vienen en este duelo de ingenio. Y lo mejor es cuando él, que jamás había tomado en consideración los sentimientos de nadie, comienza a discernir el secreto que oculta Angela. El Phillip de antes hubiera utilizado la situación en su provecho, pero lo cierto es que esta vez Phillip se contiene, reflexiona…

Su actitud hacia ella es lo que le hace a comprender a Angela que no es el mismo canalla que todos aducen, y comienza a verlo con otros ojos. Él la corteja, se disculpa, es cariñoso, tornándose encantador. Podríamos pensar que todo es una fachada para conseguir el último fin, y ciertamente llevaríamos razón hasta cierto punto. Porque Phillip ya no quiere sólo meter a Angela en su cama, imaginarse la vida sin ella le produce dolor de estómago.

Pero el movimiento se demuestra andando, ese Diablo travieso del que hablábamos antes parece decidido a que Phillip las pase canutas, y como en una gymkana, nuestro protagonista tendrá que sortear distintos obstáculos para conseguir el favor de su dama. Así que para responder a la pregunta que formulé en un comienzo, decir que «sí». Phillip consigue redimirse. A base de caer y levantarse. A base de trabajo duro y esfuerzos constantes. A base de latigazos dialécticos, golpes con un ramo de flores y disculpas a las damnificadas por sus actos. Y de declaraciones de amor a un ángel receloso que duda de sus buenas intenciones.

Ésta, señoras, es la historia de amor de un ángel y un canalla que encuentran su salvación juntos. Y como el amor todo lo puede, Phillip Huntley, quien una vez fuera un sinvergüenza irremediable, conseguirá salvarse a sí mismo y a su amada de las llamas del fuego eterno.