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Última modificación: Miércoles, 28 Agosto 2013, Visitas en web: 1249
secretos y cenizas

Secretos y cenizas

Ficha Técnica

  • Título: Secretos y cenizas
  • Autor/a: Mercedes Guerrero
  • Serie: Sin serie
  • Reseña de: ANNY

Puntuación

3.6/5 rating (5 votes)

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Sinopsis

1738. Carina de Ulloa recibe la carta que cambiará su vida. Su padre, un marino de la Armada Real destinado al Virreinato de Nueva Granada, le pide que se reúna con él en Cartagena de Indias. La esperan una fortuna en cacaotales y un aristócrata venido a menos con quien casarse. Pero al desembarcar le informan que su padre fue asesinado y su prometido se casó con otra.

Pronto Carina descubrirá los turbios negocios de su padre, el contrabando generalizado, el clima de guerra que se vive en todo el Caribe entre España e Inglaterra, la existencia de una hermanastra mulata perseguida por la Inquisición y los pasquines difamatorios que la han puesto en ridículo antes de llegar a la ciudad. Su camino se cruzará con el de Diego de Veranz un malcriado aristócrata, desterrado de la ciudad acusado de un crimen, que tras su fachada de bonvivant trabaja en secreto para la Corona. Oculto tras el disfraz de letrado, ayudará a la mujer a la que él mismo convirtió en el hazmerreír de toda Cartagena. Ambos buscan venganza, pero serán arrollados por un elemento imprevisto: la pasión.

Las plantaciones de cacao, las misas negras en las ciénagas, el poder de la Inquisición y el lujo de la corte virreinal, el pirateo en Jamaica y Tortuga, el asalto inglés a Portobello y el ataque inglés a Cartagena -el mayor en la historia naval hasta el de Normandía doscientos años después-, son el escenario de esta heroica novela de amor.

Valoración personal

—Si alguna vez has soñado con una vida diferente, debes venir. Te prometo que nunca habrás visto una ciudad más hermosa que está y ninguna podrá ofrecerte lo que ella. Ven y no lo lamentarás.

Tras la promesa de su padre, Carina cambia su Badajoz natal, sobria y austera, por la alegre y exuberante Cartagena de Indias creyendo que ese será el principio de una nueva y maravillosa vida al lado de un joven noble, si bien no rico, ambicioso y prometedor. El viaje lo realiza junto a su tía doña Constanza, una mujer de carácter, bastante franca, con poco apego a las normas sociales. En el horizonte se dibuja un paisaje esperanzador, pero el destino le juega una mala pasada.

El que sería el comienzo de su nueva vida, se torna de pronto oscuro y amenazador ante un futuro incierto. Así que no es de extrañar que la protagonista se sienta perdida ante la sucesión de hechos catastróficos con los que de pronto se encuentra a su llegada a Cartagena. A cualquiera se le caería el mundo encima si en lugar de la aventura que tienes planeada te encuentras teniendo que afrontar la muerte de tu padre y el abandono de tu supuesto prometido.

Volver a Badajoz no se plantea como opción… sólo con pensar en repetir el viaje Carina se quedaba sin respiración. Anhela tanto una nueva vida que sabe que no podría regresar a Badajoz sin haberlo siquiera intentarlo. Una valentía digna de alabar conociendo las desventuras que más adelante la protagonista tendrá que afrontar.

Pero no adelantemos acontecimientos. En su afán de saber la verdad acerca de la muerte de su padre, fallecido en extrañas circunstancias, Corina le pide ayuda a Diego de Veranz, que se presenta ante ella como un respetable abogado dispuesto a ayudar a una recién llegada a la ciudad. ¿Abogado? ¡Ja! ¿Respetable? ¡Ja! ¡Ja! Carina no lo sabe, pero el malandrín no es sino el culpable de haber empapelado toda Cartagena con pasquines difamatorios sobre su persona.

Aunque cierto es que Diego tiene una disculpa y es que lo hizo movido por la venganza hacia Antonio Sanz, el hombre que le arrebato a su novia en lugar de casarse con la españolita a la que estaba prometido, o sea Carina. Al conocerla, Diego se lleva la sorpresa de su vida. Su deseo sería deshacer el entuerto y que la ciudad entera no tuviese la opinión que tiene de ella gracias a sus famosos panfletos. Pero la situación ya no tenía remedio, ¿o sí?

Con este enredo de sucesos comienza la historia de Corina y Diego. Una historia plagada de interrogantes que resolver, el primero y más importante de todos: esclarecer las circunstancias que han rodeado la muerte de Joaquín de Ulloa, el padre de Corina, en apariencia debido a un robo. Pero Carina no se conforma, pues a pesar de que todo apunta en esa dirección en el inventario no falta nada importante. Entonces ¿no consiguió el ladrón hacerse con el botón o había otra causa detrás del asesinato?

Corina no es la única interesada en esclarecer los hechos. Diego, exiliado de la ciudad por un duelo ilegal, también está interesado en conocer la verdad que se oculta tras su muerte y saber si ésta tiene algo que ver con que Sanz, el joven ayudante de Ulloa, abandonara súbitamente la idea de casarse con Corina y contrajera repentino matrimonio con su novia.

Diego sabe que cuando Corina sepa quién es él realmente, un farsante que no sabe nada de leyes, el hombre que destruyó su reputación con pasquines maledicentes, y comience a tirar del hilo lo odiará a muerte. Y seguro que sus enemigos celebrarán su caída. Sabe que lo mejor sería alejarse de ella, pero tras conocerla no puede sino alegrarse porque Sanz fuese un idiota y la dejase marchar.

Se preguntó si no le gustaría ser él quien despertara en ella su sensualidad oculta por las rígidas normas de la buena educación. Sus manos cruzadas en el regazo hablaban de una mujer distante, muy diferente a las jovencitas criollas sensuales y desvergonzadas en sus ademanes que él conocía, pero sus ojos decían otra cosa. En ellos había fuerza, determinación, inteligencia y pasión a raudales. Tendría que felicitar al hombre que la desposara. Sería muy afortunado.

Para Corina este mundo desconocido resulta aterrador y excitante a la vez. Acostumbrada a la vida sencilla y anodina que llevaba en el convento, bajo la tutela de las Madres Agustinas, le resultará un tanto difícil acomodarse a las nuevas costumbres y al ambiente de Cartagena. Sobre todo cuando deba hacerse cargo de un legado para el que no estaba preparada y afrontar los nuevos e inquietantes sentimientos que Diego despierta en ella.

La miraba intensamente, como si quiera leerle el pensamiento, como si no quisiera ni un detalle de su aspecto. Tenía los ojos verdes y el cabello oscuro sujeto en una coleta. (…) No le cupo ninguna duda de que aquel hombre era un caballero. No por sus modales, que estaba claro dejaban mucho que desear, sino por su estampa. (…) Se detuvo mentalmente. La descripción que para ella misma estaba haciendo del hombre le resultaba terriblemente sugerente, tanto como para que se le encendiera la cara en un instante.

«Secretos y cenizas» es una magnífica historia de amor con una cuidada ambientación rica en detalles, digna de las grandes producciones cinematográficas. Durante su lectura casi me imaginaba siendo la actriz principal de una de esas antiguas películas con paisajes exóticos y escenas cargadas de drama donde la heroína debía enfrentarse a los múltiples peligros que la acechaban. Por supuesto, sin olvidarme del protagonista, ese hombre orgulloso, pero al mismo tiempo un perfecto caballero, que la rescataba sin dudarlo de las garras del malvado que sólo buscaba la riqueza y el poder.

Sin duda la autora ha hecho una labor encomiable con respecto a la documentación de lugares, nombres y hechos porque la narración te capta de tal manera que parece que realmente estás viviendo la historia, pisando suelo cartaginense y sintiendo lo que sienten sus protagonistas. Mercedes Santos consigue mantenerte a la expectativa en todo momento con historias paralelas y una miríada de escenarios, personajes y sentimientos que enriquecen la trama y la historia de amor transformándola en una gran novela y alejándola de los típicos romances. No os desvelo más porque es una historia que merece ser leída. Os aseguro que en las páginas de «Secretos y cenizas» encontraréis un magnífico marco histórico, unos personajes bien definidos y una buena trama de intriga que os mantendrá pegados a las páginas desde principio a fin.