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Última modificación: Miércoles, 08 Mayo 2013, Visitas en web: 891
siempre hay un manana

Siempre hay un mañana

Ficha Técnica

  • Título: Siempre hay un mañana
  • Autor/a: Nora Roberts
  • Serie: Hotel Boonsboro 1
  • Reseña de: ELFLED

Puntuación

5.0/5 rating 1 vote

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Sinopsis

A través de los años el histórico hotel de Boonsboro ha superado tiempos de guerra y de paz, cambios de manos e incluso rumores de estar embrujado. Ahora los nuevos propietarios, los tres hermanos Montgomery y su madre, están llevando a cabo una remodelación completa. Beckett, el hermano pequeño, es el arquitecto de los planes, pero también tiene otro proyecto en mente: la chica a la que ha querido besar desde que tenía dieciséis años. Después de perder a su marido y volver al pueblo de Boonsboro donde nació, Clare Brewster centra su vida en cuidar a sus tres niños al tiempo que se encarga de la librería del pueblo. A pesar de que estas dos ocupaciones le dejan poco tiempo para dedicarse a sí misma, Clare se siente atraída por la transformación de Beckett del viejo hotel y querrá inspeccionar más de cerca el edificio y el hombre que hay detrás de él.

La gran inauguración se acerca y Beckett se complace en ir enseñando el hotel a Clare. Le muestra una habitación diferente cada vez, siempre que tienen un momento libre. Nunca hay una primera cita, pero estos instantes robados son el principio de algo que podría despertar un deseo secreto que duerme en el corazón de Clare… y abre la puerta a la extraordinaria aventura de lo que viene después.

Valoración personal

Primera novela de la serie «Hotel Boonsboro» y, la verdad, me he quedado enganchada a la historia de estos tres hermanos.

—No me gusta lo perfecto, porque luego nunca lo es, solo que no lo descubres hasta que es demasiado tarde.
—Siempre he admirado y envidia tu desbordante optimismo.
—Los optimistas nunca ven la patada hasta que les saca los huevos por la boca. El optimismo es lo que hace una mujer de cuarenta tres tacos termine con un hijo en la universidad y otro en el horno.

Ésta es un primera muestra del lenguaje descarado y desenfadado del que van a hacer uso los protagonistas de esta historia. Es un trozo de una conversación entre los hermanos Montgomery pero no la única con chispa, os lo garantizo.

Beckett, es el menor de tres hermanos que se han dedicado desde niños al negocio de la construcción. Es el arquitecto de la familia, tiene buen ojo para los edificios y una madre que le azuza a dejarse llevarse siempre por sus sentimientos. Un hombre que, aunque ha tenido sus más y sus menos en lo que a asuntos del corazón se refiere, siempre ha tenido una especial debilidad por Clare, una joven viuda con tres hijos que ha vuelto al pueblo tras la muerte de su marido y que, ahora, dirige la librería local.

Clare lo ha pasado muy mal desde que perdió a su marido en combate. Ha vuelto al pueblo donde creció con tres niños a los que criar y que no le dejan ni un pequeño respiro pero desde los ventanales de su pequeño negocio ve como día a día el edificio en ruinas se va convirtiendo en todo un milagro. Beckett y sus hermanos están obrando maravillas en un hotel en el que además están dejando corazón e ilusiones.

Me encantan estos dos personajes. Nora Roberts nos presenta siempre personajes normales y corrientes. Hombres y mujeres hechos a sí mismos y que en la vida no lo han tenido del todo fácil; cuyo porvenir se lo han ganado a base de tesón y sudor. En «Siempre hay un mañana» nos descubre a dos personalidades corrientes y molientes pero con mucho que decir.

No os voy a engañar. Cuando cogí la novela y comencé a leer creía que estaba ante uno de esos raros casos en los que Roberts me iba a decepcionar porque tiene un principio un tanto titubeante pero a medida que vas adentrándote en la historia, conforme avanzas por sus páginas, el ritmo se vuelve más intenso, la trama se comienza a complicar y aparecen personajes del todo inesperados.

Beckett te va enamorando en cada aparición. Este hombre es único, creedme. Beckett tiene la paciencia del Santo Job, es temerario (ningún tío en su sano juicio haría de canguro para tres niños que más bien se comportan como locos salidos de un manicomio cuando mami no está en casa), tiene un aguante increíble y no ceja nunca en conseguir lo que quiere. Y quiere a Clare de una manera… Muchas de nosotras daríamos un riñón por tener a un hombre así a nuestro lado, alguien que no falla, alguien que está siempre ahí, alguien que ama por encima de todo y es capaz de adaptarse a las circunstancias y anteponer tu seguridad a la suya. ¿Existe una mejor carta de presentación para Beckett? Difícilmente. La pregunta del millón es ¿cómo no caer rendida y enamorarse hasta las trancas de este hombre Roberts?

Pero la historia de la novela no se limita a estos hechos, hay mucho más. ¡Ya lo creo que hay mucho más!

Os diré que me he enamorado desde el principio no solo de Beckett sino de todos y cada uno de los personajes de esta historia. Desde la tía y la madre de éste a las tres chicas que comparten mucho más que secretos porque Clare no está sola, junto a ella están sus dos inseparables amigas: Avery y Esperanza. ¡La de cosas que os podría decir de ambas!

Pero aunque no quiero adelantar acontecimientos pues espero tener la ocasión de hablar de ellas más profundamente cuando les llegue su turno en sus correspondientes historias… me es imposible no hacer referencia al menos a la segunda de ellas: Esperanza.

Esta mujer va a tener mucho que decir, estoy segura, pero de momento entre ella y Ryder saltan algo más que chispas. Me encontré con una escena con la que no pude por menos que reírme a carcajadas. Imaginaos la situación: Esperanza llega al hotel vestida de punta en blanco, con un taconazo de vértigo y peinada a la última moda (muy urbanita la chica) sube a la planta donde está Ryder y allí, al verle (está situado delante de una ventana por la que entra el sol) para ella es como un adonis rodeado de un halo de poder. La chica se queda patitiesa y casi cae redonda al suelo. Vale, un poco exagerada la reacción de la pobre pero lo que no pudo evitar que me carcajeara de lo lindo fue la conclusión a la que llegó Ryder. ¡Menuda gerente habían contratado si no era capaz de subir unas escaleras sin que le diese un vahído! Os juro por lo más sagrado que esto, sacado de contexto, lo mismo no hace tanto efecto pero en el momento de leerlo parece del todo surrealista. Es una de las mejores escenas, la que pone una pizca de sal y pimienta a la historia.

Por otro lado añadiré que estos tres hermanos van a hacer que nos caigamos con todo el equipo. Si Ryder es el pícaro y el me-importa-todo-tres-mierdas, Owen es el tenaz. Y Beckett, nuestro protagonista, el summum de la protección. Llegados a uno de los puntos vitales de la historia no duda en hacer caso de una «advertencia» y salir pitando a casa de Clare. ¿Qué importa de parte de quién ha venido dicha advertencia? Otro hombre en su lugar lo más probable es que se hubiese dado la vuelta y hubiese seguido haciendo lo que estaba haciendo en lugar de salir corriendo a casa de su novia.

Pero dejando de un lado a los protagonistas y los no tan protagonistas haré un inciso y os hablaré de Lizzy. No voy a descubriros quién es pues eso lo dejo para que, quienes no se hayan leído esta novela, lo descubran. No obstante diré que este personaje es clave en la historia, tiene mucho que decir y va a hacer que más de un corazón palpite ante su sola presencia.

«Siempre hay un mañana» es una historia de segundas oportunidades (en el caso de él de conquistar al amor de su vida y en el de ella de enamorarse nuevamente) y también es una historia que te hace ver que los lazos familiares son irrompibles cuando la familia se mantiene unida frente a todo. Una novela que está plagada de buenas escenas y de mejores diálogos porque Nora Roberts sabe poner en boca de estos tres hermanos la palabra adecuando en el momento preciso. Escenas chispeantes y otras llenas de ternura rodeadas todas ellas por el inconfundible olor a madreselva que impregna este peculiar hotel.

No dudéis ni un segundo en salir a comprar este libro porque está cuajado de escenas inolvidables, de calor y sentimientos vívidos y regado por la buena disposición de un hombre como Beckett que es capaz de hacer ataúdes para superhéroes abatidos en combate, improvisar disfraces para el día de Halloween como el de Carpintero X y de recuerdos que se instalarán en tu memoria y serán difíciles de olvidar.

Por cierto, un apunte: Me hizo mucha gracia el nombre de las habitaciones de este peculiar hotel. Todas ellas eran de parejas literarias más o menos famosas pero la que me hizo poner la sonrisa en la cara fue la de «Eve y Roarke». Mejor guiño de la autora hacia sí misma… ninguno. Aunque Eve y Roarke son invención de la propia Nora Roberts todo el mundo sabe que los libros de esa serie están firmados bajo su pseudónimo: J. D. Robb. Una lástima que no se hayan seguido publicando sus libros en España.