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Última modificación: Lunes, 04 Marzo 2019, Visitas en web: 106
Pedirmelo

Solo tienes que pedírmelo

Ficha Técnica

  • Título: Solo tienes que pedírmelo
  • Autor/a: Emily Blaine
  • Serie: Independiente
  • Reseña de: ANNY

Puntuación

4.0/5 rating (1 votes)

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Sinopsis

Con una mirada, una sonrisa y un breve intercambio de palabras, Julianne casi ha logrado atravesar el muro que Cooper ha levantado a su alrededor tras la muerte de su mujer, Laura, con quien llevaba unido desde la adolescencia. Ese muro le impide comunicarse incluso con su hija, Cecilia, que le reprocha constantemente sus silencios y a quien responsabiliza de que no sepa más acerca de su madre ausente y de la tristeza que tiñe su hogar desde que ella era una niña.
En ese fortuito encuentro en la terraza de un hotel, se ha abierto una ventana hacia un futuro en el que la felicidad vuelve a ser posible. Cuando Julianne y Cooper se encuentren nuevamente de manera casual, ambos comprenderán que quizás el destino les tiene reservada una segunda oportunidad.

Valoración personal

Ciertamente la mejor palabra que describe esta historia es esperanza, cada página es el desolador lamento de un hombre que ha quedado atrapado en un pozo de desesperación, tristeza y melancolía. No siempre es fácil continuar la vida cuando se pierde a un ser querido; es muy fácil quedarse estancado en el dolor y aislarse del mundo pensando que ya no hay nada que merezca nuestra atención, y menos nuestro afecto. «Solo tienes que pedírmelo» es un relato donde los sentimientos son los protagonistas, desde los más dolorosos hasta los más hermosos. En él acompañaremos a un hombre a través de su incierto periplo vital en el que se encontrará con un alma que le hará replantearse todo lo que creía hasta ese momento. Porque mientras el corazón siga latiendo, es posible volver a enamorarse.

Cooper Garisson es un prestigioso arquitecto que se ha convertido casi en un ermitaño desde que perdió a su mujer hace ocho años. Cada vez mas encerrado en sí mismo, no acepta ninguna de las invitaciones para eventos o reuniones dirigidas a su despacho, dejando que su socio Jackson se ocupe de la cara visible del negocio. Solo Cecilia, su hija, es capaz de sacarle una sonrisa; solo por ella se mantiene en pie. Pero su familia y sus amigos están hartos de verle como alma en pena, animándole una y otra vez a que salga con alguna chica sin que él haga caso ninguno a sus sugerencias. Lamentablemente para Cooper, deciden tomar cartas en el asunto y confirmar su asistencia a la cena organizada por la Asociación Americana de Arquitectos en la que se le otorgará un premio por sus proyectos al servicio de la ciudad de Portland. Resignado a su suerte, acude al evento en un intento de acallar sus voces durante un tiempo. No espera que esa sea una noche de revelaciones; por fin se dará cuenta que los suyos también han tenido una perdida y aún sufren por ello, y conocerá a alguien que sólo por un instante atravesará su corazón congelado dejándole entumecido y herido. Al parecer, contra su voluntad, aún es capaz de sentir calidez.

Lo peor para cualquier chica es acudir a una celebración sin pareja, sobre todo si se trata de la boda de tu mejor amigo y tu vecina, a los cuales tuviste el infortunio de presentar, y eres una de las damas de honor. Necesitando un respiro de todo el barullo, Julianne sale a la terraza del hotel donde se organiza el evento a tomar el aire, para encontrarse allí con un desconocido con el que entabla una conversación, en principio inocente, que entre bromas se convierte en un flirteo, un baile y un beso. Nada más. Un paréntesis en su vida con un hombre al que sabe que no volverá a ver más. Aunque el destino tiene otros planes y nuevamente vuelve a cruzarles. Pero a pesar de que Cooper despierte en ella sentimientos que había desechado hace tiempo, Julianne no está preparada para una relación. Ella también ha sufrido recientemente una perdida de la que le resulta muy difícil recuperarse, porque no hay nombre para su pena. No obstante, ese hombre torpe y circunspecto consigue seducirla con sus palabras en cada encuentro sin apenas pretenderlo. Porque él comprende perfectamente su sufrimiento, ambos luchan con demonios que amenazan con apresarles y sólo juntos serán capaces de hacerles frente. Sus besos son la mejor terapia porque logran hacerla olvidar.

Emily Blaine se mete en la piel de un hombre viudo para contarnos la experiencia de su duelo y su camino en el redescubrimiento del amor. La narración se sucede en primera persona, así que es a través de sus ojos como conoceremos a Julianne, su compañera en este viaje. Al comienzo del relato me frustró no conocer la visión de la protagonista y vivir de primera mano sus sentimientos y emociones hacia Cooper, aunque luego me sumergí tanto en la trama que comencé a entender que el misterio que rodea a Julianne es algo absolutamente necesario según el planteamiento de la historia para conseguir que nuestro protagonista se despierte de su letargo. Además ella también tiene sus propios secretos y traumas y saberlos desde el primer momento le hubiera restado magia a su relación.

El romance con Julianne es casi de adolescentes. A pesar de sus treinta y ocho años, es un hombre chapado a la antigua, serio e introvertido, que muestra su interés en ella a la manera tradicional, pidiéndole citas e intentando que cada encuentro sea especial. Julianne es escurridiza debido a su propia historia, hasta que se da cuenta que Cooper no es el típico hombre que solo busca una noche. Poco a poco, va bajando sus defensas y comienza a confiar en él. Pero aunque ella se ha convertido en la luz que ilumina sus tinieblas, aún no está preparado para el gran salto. Todavía siente demasiada culpabilidad por sus nuevos sentimientos. Y Julianne así se lo hace saber. Cooper está tan sumido en el dolor que no se percata que ella también tiene anhelos y necesidades a los que no está prestado atención. Si no conoce sus gustos, aficiones y hobbies. Si no sabe qué es lo que la hace reír o llorar, no se le puede llamar amor.

Un elemento fundamental para la catarsis de Cooper es su familia. Su madre, su hermana Annah y su hija Cecilia, las tres parcas, como las llama cariñosamente, están empeñadas en cambiar su destino, más Cooper es un hueso duro de roer. Su relación con Cecilia está atravesando un difícil momento, pues siendo casi una adolescente necesita a su madre y debido al mutismo de su padre no sabe casi nada de ella. A pesar de algunos estallidos de rebeldía, Cecilia es una chica muy madura. Simplemente desea que Cooper salga de su cascarón y se comunique con ella. Pero meter algo de sentido en esa cabezota parece que no es fácil. Cuando Cecilia conoce a Julianne enseguida se alía con ella y pone todo de su parte para hacerle un hueco en su vida. No se puede ser más comprensiva. Cecilia es sencillamente adorable.

En definitiva, «Solo tienes que pedírmelo» es un relato bastante real sobre lo difícil que a veces resulta seguir adelante cuando has perdido a la persona amada. Superar un duelo no resulta sencillo y en el caso de Cooper son ocho largos años en los que ha estado encerrado en sí mismo, sin permitir que los demás traspasarán sus barreras. Me ha gustado acompañarle en este camino de recuperación. Donde él es sombra y tristeza, Julianne es luz y alegría. Un huracán que arrasará su corazón para no dejarle marchar. Me hubiera gustado que la autora incluyese un epílogo, hubiese sido bonito ver sus percepciones tiempo después. Aunque también puedo sugerir una historia con Jackson y Annah como protagonistas, porque el constante tira y afloja entre estos dos me ha dejado intrigada. Estoy seguro que ahí habría un buen romance, y así volvería a ver a Cooper y Julianne. Después de todo, haciendo honor al título de esta novela, solo tengo que pedírselo...