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Última modificación: Domingo, 10 Junio 2012, Visitas en web: 1821
un beso perverso

Un beso perverso

Ficha Técnica

  • Título: Un beso perverso
  • Autor/a: Kaitlin O'Riley
  • Serie: Hermanas Hamilton I
  • Reseña de: ELFLED

Puntuación

4.3/5 rating (3 votes)

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Sinopsis

Después de la muerte de su padre, Colette Hamilton se tiene que hacer cargo de sus cuatro hermanas, una madre desvalida y una librería al borde de la quiebra. La única manera de salvar el negocio de su familia es dejarse guiar por sus poco convencionales planes…o aceptar la propuesta de matrimonio que le ha formulado su tío.

Pero, ¿qué pasa con ese apuesto extraño que acaba de entrar en la librería? Se trata de Lucien Sinclair, el hijo de un conde, famoso por sus aventuras y, por lo que se cuenta, poco apto para el matrimonio. Sin embargo, lo que Colette no sabe es que Lucien acaba de empezar a buscar una esposa desesperadamente. Su padre está muy enfermo y el joven quiere darle la satisfacción al conde de verle casado antes de morir.

Lucien busca una mujer normal y corriente, cualquier joven que no irradie excesiva belleza para proteger así su corazón. Pero por mucho que intenta alejarse de Colette, descubre que es incapaz de separarse de ella.

Conforme la pecaminosa atracción entre ellos aumenta, la única cuestión será si podrán sobrevivir a la tentación…

Valoración personal

Las mujeres bellas no eran dignas del sufrimiento que podían llega a causar. Había experimentado en sus propias carnes el dolor y el daño que provocaban. No, su idea era la correcta. Una mujer corriente y sumisa. Ésa era la manera adecuada de hacer las cosas.

Esto es al menos lo que se dice una y otra vez Lucien Sinclair y lo que pretende tener en cuenta ahora que está dispuesto a encontrar esposa. Pero claro, las cosas no son tan sencillas para un hombre que es todo pasión. Una mujer insulsa no es la adecuada para él y todos lo saben… salvo él.

Por ello, cuando se cruza en su camino la vibrante Colette Hamilton… él no puede sino caer rendido ante sus encantos, pero ni por esas, va a dar su brazo a torcer el muy bobo.

Antes de nada quiero pedir disculpas si no soy capaz de ser objetiva con este libro. Antes de nada quiero pedir disculpas si me voy (nuevamente) por las ramas. Antes de nada quiero advertiros a quienes leáis esta crítica que puede que mis comentarios no sean todo lo imparcial que deberían, pero es que sencillamente, me va a ser difícil.

Veréis, me siento muy identificada con Colette. A medida que me adentraba en su personaje me iba viendo reflejada en ella, me veía en sus situaciones cotidianas porque tal y como describe Kaitlin el personaje de Colette es como si estuviese describiéndome a  mí durante muchos años de mi vida. Quizás por eso he llorado en algunas escenas que al resto de sus lectoras podrían dejar un tanto indiferentes. Pero yo he estado en la piel de Colette y he sentido lo que sentía ella.

Tal y como describe O’Riley a este personaje la primera vez que Lucien la ve, me recordaba a mí misma cuando subía al muelle a descargar las cajas de libros. Cuando conseguía librarme de esa tarea y bajaba a tienda después de varias horas en el almacén mi aspecto era tan desaliñado como el de Colette cuando se cruza por primera vez con Lucien: despeinada, con la camiseta blanca con señales de haber vivido mejores tiempos en cuanto a blancura se refiere y con tiznones negros a consecuencia de la polvareda que se formaba en ese almacén que incluso en pleno invierno hacía un calor agobiante.

Desde luego, su autora ha sabido llegar a mi sensible corazón. La escena donde escribe la angustia de la pérdida de la librería es conmovedora. Al menos, como ya he dicho, para mí.

Durante siete años de mi vida he trabajado en una. Cada mañana acudía al trabajo con una sonrisa en la boca, con cada pasada de cutter por las cintas adhesivas de las cajas de logista, cada vez que cortaba las tiras de embalaje de Random House era para mí como abrir un pequeño tesoros, pese a saber los títulos que contenían dichas cajas.

Esa sensación de papel recién impreso, de tinta fresca, era para mí como una fragancia del más caro de los perfumes, como el más delicioso de los aromas de los cafetales o de las plantaciones de cacao, como el olor afrutado de los vinos para un enólogo. Era simple y pura excitación encerrada en una caja de cartón. Esa sensación aún la echo de menos y por ello entiendo perfectamente a Colette cuando le informan de la pérdida de su librería.

A parte de todo esto, he de reconocer que Kaitlin, ha sabido crear personajes secundarios cuya influencia en la historia es notable. Tengo que destacar principalmente a dos de ellos: Jeffrey y Juliette, la segunda de las hermanas Hamilton.

Estos dos se merecen una historia propia. Si el primero es un dandi tachado de mujeriego al que, obviamente, ninguna chica de buena familia debería siquiera acercarse, la segunda es la voluntad encarnada en una mujer. Desinhibida,  chispeante, guapa a rabiar, ¿qué hombre no se fijaría en ella? Su independencia un poco impropia para la época la hace un personaje de lo más atrayente.

Y, en el otro lado de la balanza y, pese a aparecer poco en esta novela está la buena y sumisa señorita Faith con la que Lucien intenta establecer un vínculo matrimonial en detrimento de Colette.

¡Ay, Dios! Menudo carácter sumiso tiene lady Faith Bromleigh. Es para troncharse. La apocada chica sabe muy bien como pararle los pies al bueno de Lucien Sinclair. Esta chica, es capaz de plantarse ante uno de los solteros más codiciados y soltarle sin ni siquiera pestañear que quizás no sea lo bastante bueno para ella. Me hubiese gustado infinitamente haber podido observar cual mosquito pegajoso la cara que debía haber puesto el bueno del señor Sinclair ante tan inesperada reacción.

El contrapunto a todo esto son los personajes de Genevieve, la madre de las chicas y el hermano de su padre, a los que realmente les tengo un poco de ojeriza. A la madre por pusilánime y haber dejado un poco de lado a sus hijas mientras se revolcaba en su propia autocompasión y al tío de ellas por no poner el bienestar de sus sobrinas por delante de su propia ambición.

El personaje de Sinclair, no obstante es para echarle de comer a parte. Es algo así como el Perro del Hortelano que ni comía ni dejaba al amo. Él quiere a una mujer tranquila, Colette es todo lo contrario, sabe que con ella no tendrá un momento de paz en su vida pero es que en cuanto sospecha que Colette puede llegar a casarse con otro, sus celos no le dejan vivir.

Las reacciones de Lucien son increíbles. Cada vez me sorprenden más las novelas románticas. Sean cuales sean la época en las que estén ambientadas, los momentos de celos son mis preferidos.

Los hombres son imbéciles. Bueno, quizás no todos. Pero… desde luego, lord Waverly lo es sin remedio, en más de una ocasión te entran ganas de sacudirle y gritarle mientras lo zarandeas ¡Bobo estúpido, ¿no ves que tu futuro es ella?!

O’Riley me ha sorprendido, me ha sorprendido gratamente al ofrecer una novela donde los sentimientos están tan a flor de piel. El personaje de Colette se me ha hecho entrañable por muchas cosas pero sobre todo por la manera que tiene de afrontar todo lo que la vida le ha ido deparando. Me encantó la actitud que toma ante el chasco que supone para ella que Lucien no pretenda pedirla en matrimonio y me encantó la escena que Kaitlin describe cuando sus dos personajes se enfrentan. Las palabras que Colette le suelta a Lucien tras la grandiosa bofetada que le asesta creo que es de lo mejor del libro:

—Por lo que parece, soy lo bastante buena para ti en la cama, pero no lo suficiente como para que te cases conmigo. Me lo has dejado claro de sobra, Lucien, y lo he aceptado. [...] Pero no pienso aceptar que me pagues por los servicios prestado con la posibilidad de conservar mi tienda, como si fuese yo una fulana de los muelles y así poder largarte con la conciencia tranquila.

No digáis que no son palabras contundentes.

Es el primer libro que leo de esta autora, como he dicho al principio, no sé si soy todo lo objetiva que debiera pero es un libro que me ha gustado mucho por la sensibilidad de sus personajes, por la historia paralela que se puede leer entre líneas y que espero que la autora resuelva en un futuro pero sobre todo me ha gustado por ese aire de reminiscencia que Kaitlin O’Riley le ha dado y que me hace rememorar uno de mis libros favoritos de mi niñez y pre-adolescencia: Mujercitas.

Una autora que tendré en cuenta a partir de ahora y de la que espero tener la agradable noticia en un futuro no muy lejano de una nueva publicación en español. Con este libro he llorado, he reído y recordado partes de mi vida que espero no olvidar jamás.