Booket
Esencia
Última modificación: Domingo, 10 Junio 2012, Visitas en web: 1000
y entonces, el la beso

Y entonces, él la besó

Ficha Técnica

  • Título: Y entonces, él la besó
  • Autor/a: Laura Lee Guhrke
  • Serie: Las chicas de Little Russell 1
  • Reseña de: ELFLED

Puntuación

4.0/5 rating (2 votes)

Comparte esta reseña

Sinopsis

Desde que Emmaline Dove comenzó a trabajar como secretaria para el editor más importante de la ciudad, el vizconde de Marlowe,  ha intentado varias veces que éste publique sus artículos. Pero descubre que Marlowe jamás ha leído ni una sola línea de sus escritos, y decide renunciar a su puesto en la editorial sin previo aviso.

Con su marcha, Emma deja el negocio sumido en el caos y pone su reputación en entredicho. Se merece una lección, y Harry está dispuesto a dársela. Sin embargo, un solo beso de ella le desvela el fuego que arde tras la aparente frialdad de su secretaria.

Valoración personal

«Quiero mi primavera»

Esta simple frase, estas tres únicas palabras son, a mi parecer, tan rotundas y profundas como puede llegar a parecer. «Quiero mi primavera».

 

Si leemos estas palabras fuera de contexto podría parecer que es una frase más dicha, quizás, en un momento para luego ser olvidadas pero inmersas en la historia que nos ocupa dice mucho más.

 

Recuerdo un libro de Mary Balogh, «Momentos inolvidables», donde la protagonista le dice a su parteneur, «Dame un verano para recordar». Pues si en aquella ocasión la frase que daba sentido al libro era ésa… en éste es «Quiero mi primavera».

 

Veréis, la protagonista de nuestra historia, Emmaline Dove, es una mujer de treinta años que ha pasado toda su vida inmersa en las reglas de la sociedad. Ella no es noble, no pertenece a una familia acaudalada, su padre era un tirano y su madre falleció cuando ella era una niña. Toda su vida se ha regido por las normas inflexibles tanto de su progenitor primero como de su tía después, en una frase: no-ha-vivido. Era más como un autómata, guardando sus sentimientos, sin expresar su ira, su cólera, su amor por la vida, su ardiente deseo de ser amada, querida, conquistada. Los últimos años de su vida se los ha pasado al lado de un hombre que ni reparaba en su existencia, que la tenía a su lado porque le era útil pero sin saber la clase de joya que tenía a su lado… y no me estoy refiriendo a un marido, si no a un jefe, Harry Marlowe. El hombre que le dio la oportunidad de independizarse y poder vivir su vida pero que jamás la ha tomado en serio.

 

Harry es un mujeriego empedernido, solo vive para el trabajo y el placer. El segundo se lo proporcionan una cantidad ingente de amantes que ha tenido tras un divorcio sonado que le han puesto siempre en el punto de mira de la buena sociedad, el primero… se lo facilita esa chica anodina sin carácter que tiene como secretaria. La mujer perfecta, callada, sumisa y siempre con un sí en los labios ante todas sus necesidades laborales. La que mantiene el orden y el control en su ajetreada existencia.

 

Pues bien, con este panorama pudiésemos llegar a pensar que el libro podría ser un tostón, que no iba a ocurrir nada de interés en él; pero heme aquí que me descubrí imbuida en una historia en la que estaba deseando que llegara ese zapatazo de rebeldía de la protagonista. Y llegó, ¡ya lo creo que llegó! Y con él llegó el «despertar» de los sueños idílicos laborales de nuestro Harry, ¿y cómo lo hizo? En forma de huracán que removió todos los planos de su existencia.

 

El detonante: un manuscrito de Emma.

 

Harry es editor, Emma una escritora en busca de su primera oportunidad y la señora Bartleby el gran problema que origina el cisma entre esta pareja laboral, hasta la fecha, tan bien avenida.

 

A partir de ese punto de inflexión, de esa explosión de mal humor de Emma, la novela da un giro de ciento ochenta grados. Los personajes de Guhrke entran en una dinámica tan distinta, que no puedes menos que sorprenderte. ¡Y de qué manera!

 

Una excitación impensable, una lucha interna de nuestra Emma por deshacerse de todos los convencionalismos y dar rienda suelta a sus sentimientos. Un hombre que, en la búsqueda únicamente del placer sensual, va a topar con algo más que no quería… ni esperaba.

 

El personaje de Harry va descubriéndose a lo largo de las páginas como un hombre roto pese a esa fachada de viva-la-virgen y el de ella es simplemente candor encerrado en un cuerpo de fría disciplina.

 

Decir que la novela me ha gustado es decir que el agua hervida está simplemente tibia.  «Y entonces él la besó» me ha encantado.

 

Cierto es que algunas escenas están como un poco llevadas al extremo pero es que de otra forma… creo que su autora jamás hubiese conseguido esa carga de intensidad, de pasión y de pundonor que tanto me ha atraído a lo largo de sus páginas.

 

Emma quiere su primavera. Quiere sentirse una joven de dieciocho años en su primera temporada con las ilusiones intactas. Quiere sentir el irrefrenable deseo de la pasión en sus brazos. Quiere sentirse por una vez en la vida amada, deseada.

 

—Quiero recuperar el tiempo perdido, Harry. Quiero mi primavera.

 

—Dejemos las cosas claras. ¿Qué estás tratando de decirme exactamente?

 

—Quiero que me hagas el amor. ¿Es eso lo bastante claro?

 

Si no lo es, no sé yo que podría serlo más. Porque se puede decir más alto, pero más claro…

 

Y a partir de ese instante, a partir de ese momento, las acciones de uno y otra les van a llevar hacia un camino que ninguno de los dos esperaba seguir algún día.

 

La novela está llena de frases ingeniosas; de situaciones también divertidas como cuando ella le explica el por qué las señoritas solo deben comerse en una fiesta las alitas del pollo (buenísimo, lo que me pude reír con ese pasaje); de otras cargadas de tensión sexual como la ocurrida en la chocolatería… Hay espacio para todo. Para la reflexión, para la pasión, para la contención (que a veces me sacaba de quicio), para el respeto, para los deseos pero sobre todo para darse cuenta que la vida, se te escapa de las manos si no te aferras a tus sueños e ilusiones.

 

Hay un momento de la historia en el que él está un poco… digamos que desorientado. Las palabras que recibe de unos ancianos con los que hace tiempo que se tropiezan en la campiña son, sencillamente, sublimes. El tirón de orejas que le dan a nuestro protagonista con ellas es uno de los mejores momentos de la novela. Y si en algún momento se puede llegar a tener dudas de que la novela no te va a gustar, con esas simples palabras te conquista su autora.

 

—Disculpen mi impertinencia, pero ¿están ustedes casados?

 

La pareja se rió y se miraron el uno al otro, pero fue la mujer quien respondió.

 

—Por supuesto —dijo—. Y usted también, señor… Williams. —Lo miró con ojos llenos de sabiduría y le sonrió con cariño—. Sólo que aún no se ha dado cuenta.

 

[…]

 

—Se les ve siempre tan felices juntos… Espero que él no tarde en hacer de ella una mujer honesta.

 

Lo dicho, una novela donde los sentimientos, cuando llevan mucho tiempo reprimidos, no tienen mejor salida que ser lanzados a los cuatro vientos sin el más mínimo sentimiento de culpa.

 

Una novela sencilla, encantadora y unos personajes que te llegarán al corazón. Emma podría convertirse en el faro de seguimiento de muchas mujeres que no se han atrevido a dar ese zapatazo nunca en su vida y siguen viviendo esa vida carente de emoción por no querer arriesgarse a coger el toro por los cuernos y decir: Estoy aquí y quiero más, no quiero conformarme con lo que me ha venido sino que deseo que mis sueños se hagan realidad.