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  • Lanzamiento: Septiembre 2012
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Información de la novela

  • Autor/a: Noe Casado
  • Título: Treinta noches con Olivia
  • Serie: Seductores Londinenses
  • Orden Serie: 6
  • Editorial: Esencia
  • Época: Actual
  • Principales: Thomas y Olivia
  • Secundarios: Julia, Juanjo, una jefa cotilla y la novia de Juanjo

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Sobre el autor/a

Quizás ésta es una de las preguntas más complicadas de responder. Por muchas razones, pero la principal es que, no sé si esto le pasa a mucha gente, me cuesta hablar de mí misma, o como dirían otros: no me sé «vender».

Vivo a diario con mi doble personalidad, la «Noe» que trabaja, lleva una casa y cien mil cosas más y la «Noe» que en cuanto tiene un hueco se planta delante del ordenador y da rienda suelta a su imaginación, plasmando sobre el papel lo que se le pasa por la cabeza (unas veces con más acierto que otras) hasta que poco a poco conforma lo que viene siendo una novela, que luego, si nadie los impide, será un libro publicado.

No soy de las que escriben todos los días a la misma hora (a las que envidio) ni de las que tienen sus rituales antes de meterse en faena. Procuro estar relajada, no tomármelo como una obligación, eso sí, como única condición para escribir, he de estar sola. Me resulta complicado, por no decir imposible, concentrarme si hay alguien pululando a mi alrededor, o si me mira por encima del hombro lo que estoy escribiendo, así que por las noches suele ser el momento más propicio, más tranquilo.

Ambientación y contexto

Ahora que se ha puesto de moda eso de pasar un veranito en un «pueblito bueno» podemos aprovechar la oportunidad de ir a uno, donde todos conocen la vida y milagros de los demás. Donde el día a día es sencillo, muy diferente a una gran ciudad.

Una zona geográfica que dispone de una riqueza cultural increíble. Gran parte de la trama se sitúa en Lerma, una villa preciosa, con encanto y desde donde uno se puede desplazar, sin darse una panzada de kilómetros, a otras localidades cercanas, como Covarrubias o Santo Domingo de Silos.

«Treinta noches con Olivia» es una novela actual, contemporánea. Ideada para que el protagonista, Thomas, sufriera, al estar fuera de su elemento, se quitara las cartolas y viese otro punto de vista (este personaje proviene de una historia anterior donde ya tocaba la moral).

Sus personajes principales

 
Thomas Lewis
 
 
Olivia de la Mora
 
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Él: Jonathan Rhys Meyers
Ella: Kasia Smutniak

Como en toda novela romántica, hay una pareja protagonista, a la que veremos de aquí para allá en diferentes situaciones. Aunque en este caso hay un trío protagonista.

Sin embargo aquí la pareja, que empieza con muy mal pie, tiene que convivir, aguantarse sin acabar tirándose los trastos a la cabeza, pues de hacerlo se va a pique toda la historia, ya que veremos dos personalidades que a priori son imposible de combinar.

Por un lado está él, Thomas. Podría ser el hombre perfecto, si no fuera porque es tan sumamente cuadriculado, que cansa. Es de esas personas que no pueden vivir sin un orden establecido, cree que el éxito se traduce en lo que puedes mostrar y que por lo tanto hacer ostentación de lo que tienes es una obligación.

Ha trabajado, luchado por llegar a donde está si no quiere que nadie le ponga palos en las ruedas. Su «perfecta» novia acaba de dejarle plantado (cosa que no entiende) pero sabe asumir las pérdidas, no lamentarse y mantenerse en pie.

Así que ¿cómo va a poder soportar a una mujer básicamente que vive al día, trabaja para vivir, disfruta comprando en el mercadillo y no se calla ni debajo del agua?

Pero ella, Olivia, es una digna oponente. No sabe dónde se ha metido este hombre. Cree que provocándola, descalificándola o molestándola va a conseguir que entre en razón (su razón) sin embargo se va a caer con todo el equipo. Olivia le va a dejar noqueado, pero no como él espera, no de una forma de la que pueda defenderse. Así que cuando ella le conteste y replique con su manera de hablar, su actitud de ¿quieres guerra?, pues la vas a tener, pero bajo mis reglas, consigue llevarle a su terreno y sacarle de sus casillas.

Thomas se daría de cabezazos una y otra vez por no saber cortar a tiempo, por entrar en su juego; de ahí que a veces reaccione de forma grosera, incluso despectiva cuando se ve acorralado, fuera de su elemento.

Aunque, a pesar de todo, reconoce (ni muerto en voz alta) que Olivia le está causando más problemas internos de los que debería.

Por primera vez, Thomas, reacciona bastante mal ante una negativa, no puede mantener su habitual indiferencia y responder como nunca antes lo había hecho. De tal forma que hasta él mismo se da cuenta de que esto es más serio de lo que parece.

Los días pasan, la convivencia une o separa (depende) y cómo ambos saben que esto no es para siempre, aprovechan la situación.

Secundarios a destacar

«Treinta noches con Olivia», es una novela en la que tras el trío protagonista, los secundarios cumplen su papel a la perfección.

La tercera en discordia, la que interfiere, la que molesta, la que confunde es Julia. Una adolescente que acaba de conocer a un hermano arrogante y mandón, al que no soporta por lo que une fuerzas a su querida tía, a la que se siente unida y a la que defiende a capa y espada.

Luego veremos a otro interesante coro de personajes:

Empezando por Juanjo, el señor «Pichurri», ex de Olivia. Un chico majete, cariñoso, pero predecible y algo anticuado. No entiende cómo es posible que le dejen, porque es un buen partido, y es que va a tardar en entender que Olivia es mucha mujer para él.

Tenemos a la jefa de Olivia, una cotilla, cincuentona, resabiada, que intenta «adoctrinar» a Olivia sobre cómo cazar un buen partido y que se lleva las manos a la cabeza cuando su empleada no hace mucho por conservar a su «hombre» y más aún cuando en este caso hay dos que la rondan.

Y por último, la aspirante a señora de Pichurri, gusta de pintarse como si fuera a una boda de payasos, quiere atrapar a su chico como sea, es celosa, tipo de donde va el asa va el caldero, así que le llevan los demonios cuando ve a su compañera de trabajo y rival, Olivia, en el punto de mira de su novio.

Alicientes para su lectura

Una novela romántico-erótica puede tratarse, desarrollarse desde infinitos puntos de vista. En este caso veremos una relación abocada al fracaso, sin espectativas, sólo treinta días y de casualidad. No hay dramas, ni innumerables reconciliaciones, ni muchos menos declaraciones de amor llenas de tópicos.

Una relación, en principio, incomprensible, llena de interrogantes, en la que no todo es lo que parece y al no hablar claro perduran ciertas opiniones que pueden estropearla.

Es una relación adulta, alejada de vaivenes emocionales. Son dos personas maduras, que aunque jorobe, asumen las consecuencias de sus actos sin grandes dramas.

Un pequeño aperitivo

Este es un fragmento que se inicia tras una noche juntos:

―Si tuvimos que hacerlo cinco veces fue por tu culpa.
―Eso es, echa balones fuera.
―¡¿Cómo?!
―Pues sí, lo que oyes.
Thomas parpadeó, algo se le estaba escapando.
―Argumenta esa afirmación, si eres tan amable.
No iba a desayunar, eso estaba claro, pero se moría de ganas por oír esa explicación. Si de algo podía presumir es de saber escuchar las historias que la gente cuenta con tal de justificarse y siendo experto en analizar el lengua corporal.
―No hiciste las cosas bien.
―¿Qué no hice bien las cosas? ―Casi se atraganta al aguantarse la risa. Oh, sí, iba a ser tremendamente divertido.

O un fragmento de lo que para ellos suelen ser los preliminares:

―Oye amigo, se supone que eres tú quien está interesado en repetir.
―¿Y tú no? ―Ella no respondió y él aprovechó la ventaja―. Lo que creo es que te acojonas cuando estás con un hombre de verdad, no unos de esos salidos que no duran ni un asalto. No estás acostumbrada a la calidad.
―¡Por Dios! Baja Modesto que sube San Thomas.
Eso le hizo reír.
―Puede que excitando a un hombre te quedes corta pero haciéndole reír... joder, vas sobrada.

Y por último... uno de esos diálogos de tira y afloja.

―¿Celosa? ―No lo parecía, pero en estas cosas las mujeres, como en muchas otras, dicen una cosa y piensan otra.
―Uf, no te haces idea de cuánto. Si no le tiro de los pelos es porque lleva tanta laca encima que me quedaría ahí pegada. Thomas se echó a reír.
―No sufras, he sido desagradable con ella.
―O sea, has sido tú mismo.

Y, el booktráiler...

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